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Jueves 14 de junio de 2012

MOVIMIENTO OBRERO

11 de junio, “candidatura de la patria” y represión a los trabajadores de Petrocasa: ¿las “paradojas” del chavismo?

Por Ángel Arias


El pasado lunes 11 de junio la maquinaria estatal amanecía a tono para la presentación de la que el gobierno da en llamar “la candidatura de la patria”, la candidatura de Hugo Chávez a la reelección. Pero también ese día amanecieron bien aceitados otros engranajes de la misma maquinaria estatal, esta vez para continuar mediante represión (con la Guardia Nacional, ahora “Bolivariana”), un capítulo más en el ensañado ataque que llevan adelante Pequiven y el gobierno contra los trabajadores y trabajadoras de Petrocasa: a la 1 de la mañana, mucho antes de que sonara el acostumbrado “toque de diana” para iniciar la movilización por Chávez, los guardias nacionales del Comando Regional Nº 2 (CORE 2) estaban activados… en las instalaciones de la fábrica de Petrocasa –en la zona industrial El Nepe, en la carretera Los Guayos-Guacara-, golpeando y haciendo presos a trabajadores de la empresa, manteniéndolos incomunicados hasta que recién a las 5 de la mañana se supo que estaban detenidos ¡en la sede de Pequiven en Flor Amarillo (Valencia)!

Lo de este 11 de junio no es sino la continuación de una brutal arremetida que lleva tiempo, sin que el Sistema Nacional de Medios Públicos (SNMP) de cuenta de esto, ese SNMP que se autodenomima como un sistema “contra el cerco mediático”, ¡ha resultado ser quien ha impuesto el cerco mediático a los obreros y obreras de Petrocasa!

Los trabajadores y trabajadoras venían luchando contra la precarización laboral, los bajos salarios, las deterioradas condiciones de higiene y seguridad laboral, y la poca transparencia en la gestión de la empresa, teniendo como respuesta ataques de todo tipo. Amedrentamiento con motorizados y consejos comunales controlados por la gerencia de Pequiven, coacción para que renuncien o directamente despidos de los principales dirigentes o activistas sindicales o del comité de seguridad y salud en el trabajo (violentando el fuero sindical en algunos casos), acusaciones ante el CICPC por “saboteo”, impedimento a trabajadores de ingresar al lugar de trabajo, atentados a trabajadores en sus casas (niples, quema de carros), amenazas de atentar contra las familias, incorporación a la nómina de incondicionales a la gerencia o directamente rompehuelgas, etcétera. Según los testimonios obreros, desde marzo de 2011 se venían presentando estas situaciones.

La semana pasada, martes 05 de junio, los trabajadores decidieron iniciar una “protesta pacífica sin detener la producción”, exigiendo, entre otras cosas, el reenganche de 15 de sus compañeros/as despedidos/as (con decisión de la Inspectoría del Trabajo, pero que la gerencia se niega a acatar), aclaración sobre la situación de los trabajadores acusados de “saboteo” sobre quienes no se ha demostrado nada en más de un año pero permanecen impedidos de ingresar a laborar, el respeto por parte de la patronal a la organización sindical, el cese de los despidos en la plantas de Petrocasa y Palmichal, un plan de vivienda para los trabajadores (pues muchos de ellos no tienen casa propia), aumentos de los salarios, que en su mayoría no llegan ni a 2 mil bolívares, discusión del contrato colectivo, explicación sobre los lotes de kits de vivienda ya producidos pero que se quedan almacenados en la fábrica, participación en la conducción de la empresa, etc. La protesta inicia a las 7 a.m., hora en que sale el turno de la noche. El miércoles 06 en la noche la GNB arremete y desaloja la protesta pacífica que se desarrolla en las instalaciones de la planta. El viernes 08 en la mañana, personal de PCP (Prevención y Control de Pérdidas) y la Guardia, deciden, lista en mano, qué trabajadores pueden ingresar a laborar y quiénes no. Se desarrolla una concentración frente al portón de la fábrica, en repudio a la medida y en solidaridad con los trabajadores de dentro, y no se hace esperar la nueva arremetida represiva de la Guardia, bombas lacrimógenas afuera y al interior de la fábrica, una de las dirigentes sindicales despedidas que lucha por el reenganche es golpeada en el suelo por los “valientes” guardias nacionales bolivarianos…

Para el lunes 11 de junio estaba convocada por varias corrientes sindicales una concentración de solidaridad en las puertas de la fábrica… pero la acción comenzó bien de madrugada con la nueva represión de la GNB. En la tarde de ese mismo día se inscribía en Caracas la candidatura del máximo jefe del gobierno y del Estado, el mismo que se ha dado en llamar “obrerista”(!), y cuya imagen aparece en avisos y gigantografías en toda las sedes de la Guardia Nacional Bolivariana besando la bandera de esa institución –llamada también “la guardia del pueblo”.

Y la verdad, es que lo de Petrocasa es apenas un botón de muestra. Para quienes están familiarizados con la vida diaria de la clase trabajadora y sus luchas –que no “ven” o “viven” la realidad solo desde las oficinas gubernamentales o a través del Sistema Nacional de Medios Públicos- , es cada vez más común saber de estos casos.

¿Pero es posible que “el candidato de la patria” tenga responsabilidad, y de primer orden, en estas políticas? La respuesta es positiva. Hugo Chávez ha sido el principal y más importante vocero público de una política de coacción y represión contra la organización y luchas obreras en las empresas estatales y la administración pública: fue él quien en septiembre de 2009, desde Ciudad Piar, amenazó por televisión a los trabajadores de las empresas básicas si hacían huelga y giró instrucciones públicas a los órganos de represión e “inteligencia” para actuar contra los dirigentes obreros; fue él quien amenazó con tomar el metro de Caracas con el ejército si los trabajadores insistían en exigir el cumplimiento de su contrato colectivo; fue él quien dijo en SIDOR en 2008, tras la renacionalización a la que se vio forzado por la gran lucha obrera, que si alguien exigía la incorporación plena de los tercerizados era un “contrarrevolucionario”; fue él quien dijo en cadena de televisión, en diciembre de 2011, que eso de trabajadores tomando instalaciones para exigir pago de deudas “no iba” con él, porque él no había llegado a la presidencia “para ser pelele de nadie ni dejarse presionar por nadie”; fue él quien encaró en pleno “Aló Presidente” a un trabajador de VTV por cobrar horas extras los fines de semana y fustigó al sindicato que exigía el contrato y emplazó en vivo –en una posición de gran ventajismo y cobardía- al camarógrafo a decir si estaba dispuesto a trabajar “por el país” de gratis, “voluntariamente”; fue Chávez quien en el 2010 emplazó al secretario general del sindicato eléctrico de no tener “conciencia social” cuando los trabajadores se proponían ir a la huelga como medida extrema de lucha por su contrato colectivo de trabajo; fue Chávez quien en el 2009, ante movilizaciones de varios sectores de trabajadores del sector público declaró, “yo no le voy a quitar dinero a las misiones para dárselo a los sindicatos”, instalando una idea burguesa muy reaccionaria, y cuasi fascista, como lo es mostrar que el enemigo de los más pobres son los salarios de los trabajadores del sector estatal y no las ganancias del gran capital nacional y transnacional que su gobierno ha mantenido religiosa y complacientemente en estos 13 años de “revolución”-; es Chávez quien ha promovido los peligrosos y reaccionarios “cuerpos combatientes”, como grupos de trabajadores fieles al gobierno y la patronal en las empresas estatales, entrenados por el ejército burgués para espiar a los trabajadores que se organicen con fines de lucha, y para ¡“garantizar la continuidad operativa de la unidad productiva” ante cualquier paralización! (espías, traidores y rompehuelgas institucionalizados); ha sido la amplia y absoluta mayoría chavista en la Asamblea Nacional la que aprobó en el curso de varios años las reformas y creación de leyes que conforman un entramado legal para criminalizar las luchas –incluyendo la reciente reforma a la “ley antiterrorista”-, gracias a lo cual actualmente en la Venezuela “revolucionaria” tenemos más de un centenar de trabajadores y trabajadoras que cargan a cuestas con distintos juicios, regímenes de presentación o prohibiciones de actividad sindical o política, como represalia de la “justicia” por hacer participado de alguna medida de lucha.

Esto no será parte de la gran propaganda oficial, pero resulta que también es parte de la obra política del candidato “de la patria” que se inscribió este 11 de junio. ¿Y tiene lógica? ¿Estamos ante una especie de doble personalidad política de Chávez y su gobierno? Porque es el político que según el gobierno “más ha ayudado al pueblo”, regatea a las transnacionales del petróleo parte de la renta (aumenta algunos impuestos, les compra las acciones para garantizar al Estado mayoría accionaria, etc.) -aunque también les da grandes facilidades como exoneración de impuestos en el área del gas y concesiones a 30 años, las hace propietarias del recurso, etc.-, y resulta ser que también está en primera fila cuando de atacar las luchas de los trabajadores estatales se trata. ¿Es el mismo líder el que aprobó una ley del trabajo “a favor de los trabajadores” y también avala la coacción y represión a las luchas obreras que no aceptan pasivamente los parámetros de la explotación?

Sí, es el mismo Hugo Chávez, y es el mismo proyecto “patrio”. La cosa es que en boca de los militares y políticos burgueses, la “patria” nunca fue la patria de los obreros, de los explotados y explotadas, porque la patria burguesa se construye sobre el despojo y la opresión de la clase trabajadora. Y “ahí está el detalle”. Para ese “interés de la patria” o “desarrollo nacional” no cuentan la emancipación social de la clase obrera y el pueblo pobre: el tibio nacionalismo del presidente Chávez (más palabra que realidad) implica que los trabajadores concurran al “desarrollo” del país “haciendo lo suyo”, es decir, continuando en su ubicación de clase social explotada y subordinada políticamente, por eso es un nacionalismo burgués y por eso, aunque debe contar y maniobrar con el apoyo de masas, es harto irritable cuando los trabajadores no se calan sin chistar las condiciones de explotación bajo las cuales se pretende “hacer grande la patria” y “pagar la deuda social”.

Esta brutal coincidencia de fecha y hechos es muy oportuna, y pedagógica por demás, para ilustrar esto. El capitalismo semicolonial de nuestro país –el del presente, igual que el del “pasado”- condena a grandes franjas de asalariados y semiproletarios a no tener siquiera un lugar propio y con infraestructura decente donde vivir, cualquier gobierno tiene que abocarse a atender eso (lo hicieron los adeco-copeyanos y lo hace ahora el de Chávez), en el caso del gobierno de Chávez el discurso político dice que eso sería “pagar la deuda social” y “cumplirle al pueblo”… ¿pero a costas de la explotación de la clase obrera? ¿Por qué el “pago de la deuda social” no lo sufren los banqueros y empresarios, tanto nacionales como imperialistas, y tienen que sufrirlo los trabajadores? ¿Por qué “cumplirle al pueblo” implica que cualquier lucha obrera en el sector vivienda contra la explotación –más aún en tiempo de elecciones- es considerada simplemente “saboteo”?

El asunto es que nadie dijo que “pagar la deuda social” sería modificando las bases económicas de la sociedad capitalista venezolana. Por eso todo esto “tiene lógica”. El asunto también es que en el esquema de desarrollo patrio de Chávez el Estado (burgués) se reserva el papel der ser quien “da” o quita a los trabajadores y pobres, cuándo “dar”, cuánto y en qué condiciones, es que el que decide cuándo aprobar una ley “beneficiosa” y cuándo dar palos, porque si los trabajadores desarrollan su gran fuerza social de clase, si dan pasos en vencer las imposiciones patronales mediante sus métodos de lucha y su organización, si hacen costumbre hacer torcer el brazo a los explotadores, si van descubriendo que su fuerza social es enorme y su organización y luchas les pueden permitir salir de la condición de explotados y subordinados socialmente, si su fuerza social se tornase en fuerza política de clase… ahí sí que estaríamos en vísperas de un proceso revolucionario real y el orden social actual peligraría. Por eso también “tiene lógica” que el “candidato de la patria” sea el mismo que encabece un gobierno que cuando ve la necesidad reprime con saña a la clase obrera, aunque por ahora la realidad económica no le exige hacerlo más extendido y “visible” sino más bien focalizado… y precisamente esas represiones focalizadas a sectores de vanguardia sirven para “escarmentar” y “disciplinar” ante posibles auges de lucha, cumplen la tarea de diezmar las fuerzas y energías combativas de los explotados (como hicieron en la Mitsubishi, incluyendo el asesinato de dos obreros por la represión brutal de la policía de Anzoátegui y la autorización del ministerio del Trabajo para el despido de toda la directiva sindical).

Por eso, este pasado 11 de junio no asistimos a una lamentable “paradoja” del gobierno, o a una muestra de esa palabra mágica que parece ser la explicación de todo, pero no pasa de una abstracción/muletilla que no puede explicar nada y sin embargo lo justifica todo: las “contradicciones” del proceso. La verdad es que quienes tienen casi 14 años gobernando el país, que hablan hasta por los codos de “revolución” y de “socialismo” al tiempo que se encargaron de encauzar el descontento obrero y popular post ’89 en los marcos de la democracia burguesa y recomponer la autoridad y legitimidad del Estado burgués, enarbolan un “patriotismo” que implica la convivencia con el capital transnacional y nacional mientras la clase trabajadora de la “patria” se suda y padece los rigores del “desarrollo” o el “interés nacional”. El discurso “obrerista” ora, el discurso agresivo y descalificador hacia las luchas obreras después, ora la firma de un decreto o ley con “derechos” para los trabajadores, ora palos hacia las organizaciones combativas de los trabajadores, son partes perfectamente lógicas y armónicas, complementarias, en el esquema del “patriotismo” militar burgués.





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