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Periódico / Historia CARACAZO

Jueves 5 de marzo de 2009

Dos décadas de impunidad y demandas incumplidas

20 AÑOS DE LA REBELIÓN POPULAR QUE DIO EL GOLPE DE MUERTE AL PUNTOFIJISMO



Las jornadas del 27 y 28 de febrero del ’89 constituyeron una verdadera rebelión popular contra el gobierno hambreador y proimperialista de Carlos Andrés Pérez, que asestó su herida de muerte al puntofijismo, el régimen bajo el cual venían manejando el país el imperialismo yanqui y la burguesía nacional desde 1958-59. El “caracazo”, “sacudón”, “el día que los cerros bajaron”, fue una gran irrupción del movimiento de masas en la escena nacional que marcó un punto de inflexión en la historia del país y en la lucha de clases nacional. Desde entonces se abre una verdadera crisis estructural nacional en la que la burguesía y el imperialismo no pueden ya seguir gobernando como antes, y que aún hoy no se ha cerrado, pues, tras dos décadas, el movimiento de masas aún tiene pendiente sus demandas y las lucha, sin haber recibido ninguna derrota de magnitudes históricas.

Hoy el mundo es recorrido por una crisis histórica de la economía capitalista que ya está siendo descargada con fuerza sobre la clase trabajadora, y comienza también a generar importantes fenómenos de resistencia obrera y popular, siendo apenas el comienzo. En nuestro país aún la crisis no golpea con fuerza y ya se ha cobrado miles de empleos y dos obreros muertos por resistirse a pagar la crisis… y es también apenas el comienzo. Por esto es más necesaria que nunca una reflexión alejada de la “leyenda” y de dudosas “alabanzas” mitificadoras que sólo sirven para dejar lo más radical y potencialmente revolucionario de esta rebelión como “historia para ser contada”, y no como experiencias imprescindibles para ser llevadas a la acción, y superadas, en el presente.

Las protestas y la rebelión

Las medidas anunciadas por Carlos Andrés el 16 de febrero se inscribían en las recetas comunes del FMI en pleno auge de la ofensiva neoliberal mundial: privatización de empresas, liberación de tasas de interés, aumento de los servicios públicos y la gasolina, “suavizado” todo con un aumento salarial del 30% para el sector público. El aumento del pasaje sobrevino automáticamente. Se trataba de un ataque indirecto al salario y al ya magro presupuesto de los hogares pobres, que venía a añadir más temperatura a un ambiente nacional ya caldeado hacía algunos años por importante luchas. La reacción fue explosiva.

Ya desde el año ’87 venía operándose un cambio hacia mayores enfrentamientos directos a los planes económicos gubernamentales y explosivas manifestaciones, la misma semana previa al 27, varias sectores de trabajadores estaban en lucha por mejoras salariales y pago de deudas, mientras en las principales universidades del país hay protestas por la muerte de un estudiante y un empleado universitario a manos de la policía (Mérida fue militarizada preventivamente), con el acaparamiento y alto costo de los alimentos en el tapete de las preocupaciones del pueblo trabajador y varios casos de saqueos populares en Mariara, Cagua y San Mateo. Así, lo que comenzó el lunes 27 como una protesta contra el alza del precio del transporte público se convirtió en una gran rebelión obrera y popular que condensó todas las rabias acumuladas.

Los trabajadores y estudiantes de Guarenas que viajan diariamente a Caracas, encendieron la mecha bien temprano, en pocas horas, eran miles en las calles de Caracas, en el transcurso del día se sumaron decenas de ciudades a la protesta . Barricadas, enfrentamientos con la policía y saqueos de supermercados, fábricas y depósitos de alimentos, electrodomésticos, ropa y calzado, fueron la manera como se expresó la protesta, el pueblo trabajador y pobre estaba arrebatando lo que le era negado por todos los medios posibles, estaba recuperando el fruto de su trabajo, objeto de robo y especulación por parte de los capitalistas, y comerciantes usureros. La masividad de la protestas llevó en los hechos a que el fina del día hubiese una huelga general tácita, no convocada por ninguna de las centrales. No se trató de una protesta cualquiera, fue una verdadera rebelión que llegó a adueñarse de las calles por varias horas, derrotando incluso la represión policial en varios lugares. Al día siguiente, el 28, la protesta fue mayor, con el ingrediente de indignación por los primeros muertos y heridos de la represión. Mientras ya había comenzado la intervención del ejército, Fedecámaras y la burocracia de la CTV anuncian que lograron el acuerdo de aumento salarial que habían conseguido en las semanas previas de negociación, más la inamovilidad laboral por tres meses, en un intento por apaciguar la situación.

Pero sería la cruenta represión con armas y tanques de guerra la que derrotara la rebelión, desde el mediodía del 28 y hasta la primera semana de marzo, con las garantías suspendidas, se desató una brutal represión masiva, y selectiva después. La represión dejó varios centenares de muertes, además de los miles y miles heridos. De todos modos, ya nada sería igual.

Una espontánea rebelión de fuerzas elementales

Esta fue una rebelión defensiva contra los ataques al salario y al bolsillo de las familias pobres, que demostró la gran fuerza de la rabia popular, la magnitud que puede tomar lo espontáneo, pero a su vez las grandes debilidades de este carácter. Al ser una reacción de fuerzas elementales, en ausencia de un objetivo político claro y de una dirección revolucionaria (partido revolucionario), no llegó a ser una insurrección en el propio sentido de la palabra, y aún con esa gran fuerza demostrada, estas debilidades y la feroz represión militar, la hicieron perder las calles.

El ascenso de las luchas y la resquebrajamiento del régimen

A estas jornadas le siguió un fuerte ascenso de las luchas obreras, populares y estudiantiles. A pesar de la fuerte derrota “militar”, se destapó un periodo muy convulsivo donde las luchas se sucedían una tras de otra y no pocas veces terminaban en enfrentamientos con la policía y la Guardia Nacional. Cacerolazos, marchas estudiantiles, paros, procesos antiburocráticos en algunos sectores de trabajadores e intentos incipientes de coordinación por la base, etc. ¿Dónde están los sindicatos que responsablemente deben luchar por los derechos de los trabajadores?, se preguntaba la prensa burguesa, y la burocracia de la CTV respondía, por primera vez en décadas, con un paro nacional de 24 horas, “para que la situación no se nos vaya de las manos”.

El resquebrajamiento del régimen llegó hasta las mismas FFAA, de donde sale toda una fracción de “militares patriotas” a intentar derrocar al gobierno, son los intentos de golpe del 4-F y el 27-N del ’92. Entre la intelectualidad burguesa y muchos sectores se discutía seriamente que había que hacer un cambio y salir de CAP, y así lo hicieron, lo “sacrificaron” por arriba antes de que fuera echado desde abajo por la acción obrera, estudiantil y popular.

La izquierda… y el surgimiento de los “militares patriotas”

Los principales partidos de la izquierda parlamentaria estuvieron completamente desligado de la rebelión, más aún ubicándose del otro lado de la acera, del lado del orden burgués, exigiendo al gobierno que se “restablezca el orden público sin suspender la garantías” (MAS), o “deplorando todos los sucesos ocurridos… y a quienes protagonizan hechos de vandalismo contra los pequeños comerciantes” (La Causa R). Y esto mientras el pueblo trabajador estaba aún bajo estado de sitio y llorando a sus muertos. Aún cuando mucho menor en importancia e influencia, el PCV tampoco tuvo ninguna conexión ni rol importante en los sucesos, y además vino luego a apoyar al copeyano Rafael Caldera en las elecciones siguientes.

Este gran vacío de una oposición siquiera medianamente consecuente contra el régimen, mostrado resueltamente hambreador y asesino, dejaba las situación política servida para que fueran lo militares “patriotas” y “anticorrupción” los que se erigieran como representantes de las aspiraciones obreras y populares, canalizando para sí la debacle puntofijista.

1999-2009: largo gobierno de puros parches

Es de esta manera como surge con fuerza el chavismo en el país, con la promesa de “refundar el país” y dar solución a los problemas del pueblo trabajador. Pero el programa de Hugo Chávez y quienes le acompañan es el de reformar el capitalismo dependiente nacional, no de destruirlo y superarlo, por eso las demandas del 27-F siguen sin cumplirse. A pesar de haber contado con un enorme respaldo popular, no solo en los votos sino también en las calles y fábricas, que hizo posible la derrota de los intentos más violentos de la burguesía proimperialista, y durante varios años de altísimos ingresos petroleros, el gobierno que habla de “revolución” y de “socialismo” no ha hecho más que rasguñar los grandes problemas de los trabajadores y el pueblo, manteniendo intacta la estructura económica del país que al igual que hace 20 años, hace que una ínfima minoría de capitalistas, nacionales y extranjeros, se quede con lo mejor de las riquezas producidas por los trabajadores y trabajadoras, mientras el pueblo debe conformarse con las misiones y “ayudas” que da el gobierno con el ingreso petrolero.

Después de 10 años de gobierno de Chávez, los empresarios, terratenientes y ricos de ayer, lo siguen siendo hoy, y los trabajadores explotados y con salarios precarios, hogares pobres y sin vivienda, campesinos sin tierra, los siguen siendo hoy, con apenas pocas modificaciones.

¡Por una alternativa propia de las clases explotadas! ¡Por un gobierno de los trabajadores y del pueblo pobre!

El gobierno se presenta con el continuador de la lucha de esta rebelión popular, pero no es más que una expresión de los aspectos débiles de la misma. Es decir, esa ausencia de objetivo y estrategia política propia de los sectores explotados, que no hubo en el ’89, es lo que permitió que la rabia fuera encauzada fácilmente por Chávez en los límites de las reformas políticas en el Estado (cambio de régimen) y algunas modificaciones en la distribución de la renta nacional, mientras las razones de fondo de la explotación, la pobreza y las carencias del pueblo siguen intactas. Por eso es un gran error, como hace tanto propagandista del gobierno, hacer una identificación automática entre este gobierno y la rebelión del febrero, porque las demandas de aquella gesta solo podrán ser cumplidas mediante un gobierno propio de los trabajadores y el pueblo, que empiece por arrancar de manos de los imperialistas y grandes empresarios, banqueros y terratenientes del país las empresas, fábricas, tierras y bancos y riquezas que se embolsillan a costa de nuestro sudor. Eso es, todo lo contrario a lo que se propone Chávez.

Y es que aquí no solo hubo un 27-F sino que también ha habido un 13 de abril y unas jornadas de dura lucha contra un paro-sabotaje patronal, que fue derrotad por la movilización obrera y popular. Pero nada de eso implicó grandes transformaciones revolucionarias en la economía nacional y en su control. Y es que así como el 27-F, el 13-A de 2002 los trabajadores y el pueblo pobre fueron dueños de las calles, pero nuevamente perdieron las calles gracias a la autoridad de Chávez, la falta de una estrategia propia de las clases explotadas y la ausencia de un partido revolucionario con influencia de masas.

Por eso la lección de todos estos largos 20 años de intensa lucha de clases, es que es fundamental para las clases explotadas dotarse de un programa y una política propios, así como de un fuerte partido revolucionario de los trabajadores, para ganar nuevamente las calles y enfrentar con fuerza la explotación y las miserias a que nos condena el capitalismo, ya sea “nacional y popular” o “proimperialista”, y esta vez no volver a las casas sino tras la instauración de nuestro propio gobierno, un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre, como parte de la lucha internacional por la revolución socialista.





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