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Periódico / Cultura

Domingo 6 de julio de 2008

El cine y la mujer

4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS

Por Milton D’León


Por fin llegó a los cines de Caracas, la película "4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS", de Cristian Mungiu, que muestra de forma abrupta y chocante la realidad de las mujeres que se ven obligadas a hacer abortos clandestinos. Esta película es tan solo la primera entrega de una serie de films recopilados bajo el explicito titulo de Relatos de la Edad de Oro y que tratan de exponer el período stalinista de la época de Cauceascu a través de una visión externa y realista. El objetivo del proyecto, según sus realizadores, es hablar de aquel periodo sin hacer referencias directas al llamado "socialismo real", contando diferentes historias que enfoquen opciones personales en una era de infortunio en la que la gente tuvo que vivir en dicho período.

"4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS" se presenta como un drama bastante especial, tanto por su fondo como por su forma. Estéticamente, la película es sobria y desecha todo lo que pudiera parecer ensayado o convencional, recurre a planos secuencias y buenos planos fijos cuando el momento dramático lo permite, más allá de que hay diálogos fuera del encuadre o con actores con la cabeza fuera del plano. El ritmo es lento pero conciso, la ausencia de música contribuye sobremanera a generar esa sensación de ser un mero espectador. La película intenta capturar la emoción y la verdad, y lo logra.

Con la prohibición al derecho al aborto, decretado en 1966 por el régimen de Rumania, alegando problemas de explosión demográfica, las mujeres no tardaron en recurrir al aborto ilegal. En este contexto, el aborto perdió su connotación moral; se veía más como un acto de rebelión y resistencia contra el régimen. "4 MESES, 3 SEMANAS Y 2 DÍAS" está ambientada en la Rumania de 1987. Dos estudiantes viven no sólo los últimos años del régimen de Cauceascu como también sus consecuencias. Otilia (Anamaria Marinca) y Gabita (Laura Vasiliu) comparten habitación en una residencia de estudiantes. Ambas van a la universidad en una pequeña ciudad de Rumanía. Otilia alquila una habitación en un hotel barato. Gabita está embarazada, el aborto es ilegal y ninguna de las dos ha pasado por algo parecido antes. Consiguen, por indicación de otra amiga, el nombre de un supuesto médico que podría ayudarlas.

En ese movimiento, en un país donde todo parece difícil, del racionamiento de alimentos al alquiler de un cuarto de hotel, Otilia enfrenta todos los obstáculos para ayudar a su amiga. Los diálogos inacabables entre las jóvenes y el "médico" que hace abortos de más de 3 meses son un punto importante de angustias que sobresale en toda la película. El "médico" las oprime, y no porque quiere dinero a cambio de un servicio que costaría su libertad. "Seré bueno con ustedes, por tanto, quiere que sean buenas conmigo también", afirma. La clandestinidad del aborto no implica apenas en la falta de seguridad e en los riesgos de salud que las mujeres sufren, sino que también en las situaciones de humillación a las cuales son sometidas.

La película, bastante audaz frente al tema polémico, no lo trata como un tabú, haciendo así un retrato-denuncia de un régimen opresor donde las mujeres no pueden decidir lo que quieren hacer con su propio cuerpo. En ese tipo de situación, en un mundo clandestino, en medio del mercado negro, donde todos se benefician, de "médicos" a hoteles baratos, las mujeres, sobre todo las trabajadoras y pobres, son sometidas a cualquier tipo de vejación para hacer un aborto.

La película demuestra principalmente lo que significó el estalinismo en los aspectos de la vida cotidiana. Esos fueron aspectos bastante diferentes de las primeras medidas revolucionarias que tomó el régimen soviético en relación a la mujer trabajadora, entre ellos el reconocimiento del derecho al aborto y el divorcio. Por eso, no se pueden confundir las propuestas comunistas con las propuestas de los países del llamado "socialismo real", como fue Rumania. Esas situaciones precarias y una sociedad que no reconoce sus propias contradicciones y condena la práctica del aborto no pueden comenzar a comprender que, este es un triste derecho por el cual debemos luchar.

Sabemos que en el capitalismo medio millón de mujeres mueren cada año por complicaciones durante el embarazo y en la hora del parto y 500 mujeres mueren cada día por abortos clandestinos. Y así, existen sectores reaccionarios proponiendo "defender la vida" matando a esas mujeres. Frente a tamaña opresión que sufren las mujeres no sólo en el capitalismo, sino también como sufrieron bajo el régimen estalinista, debemos saber: la consigna por el derecho al aborto gratuito y seguro está en el orden del día.

Por eso es necesario es luchar para el Estado se responsabilice en garantizar el libre derecho al aborto en condiciones seguras y por métodos contraceptivos gratuitos. El Estado tiene la obligación de garantizar atendimiento a la salud de calidad y eso incluye la garantía de vida a las mujeres que hoy sólo pueden recurrir al aborto clandestino cuando no quieren o no pueden tener hijos.





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