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Otros Artículos / Comunicados, volantes y declaraciones

Jueves 31 de julio de 2014

ALTO A LA INVASIÓN SIONISTA

Apoyemos la resistencia palestina

Por Diego Dalai


La Franja de Gaza está devastada. Después de 23 días de bombardeos masivos y de la sangrienta incursión terrestre, hay más de 1.300 palestinos muertos, 75% de los cuales son civiles, entre ellos unos 250 niños. Los heridos superan los 7.000 y los hospitales no tienen recursos para atenderlos en medio de las bombas y por el inhumano bloqueo que mantienen Israel y Egipto en los accesos a la Franja. Las “treguas humanitarias” de algunas horas que otorgan los sionistas cuando se les antoja, son una asquerosa provocación luego de arrojar miles de toneladas de bombas sobre el territorio más densamente poblado del planeta donde se hacinan 1,8 millones de personas en un territorio de 350km cuadrados (60 veces más pequeño que la provincia de Tucumán).

No contentos con esto, tiran sobre escuelas, hospitales y mezquitas. El 29/7 fue el día más sangriento, mataron más de 100 personas y bombardearon una escuela de la ONU que funciona como refugio y albergaba (al momento del bombardeo) a 3.200 personas. También terminaron de destruir la única planta generadora de energía eléctrica que ya funcionaba al 20% de su capacidad por bombardeos anteriores. Del lado del invasor hay 56 soldados muertos en acción y 3 civiles. No es una “guerra”, es una masacre, una cobarde invasión de uno de los ejércitos más poderosos del mundo contra milicias irregulares y la población civil indefensa.

Un fuerte clima reaccionario interno

El gobierno sionista de Netanyahu, presionado además por la ultraderecha sionista que encabeza el canciller Avigdor Lieberman, insufló lo más posible el odio y el nacionalismo israelí entre la población judía, aprovechando el crimen de tres jóvenes secuestrados y asesinados en Cisjordania del que acusó a Hamas aunque esta organización lo negó. Esta campaña anti árabe amplificada por los medios masivos de comunicación, sigue hoy con toda su fuerza y fue reforzada con las falsas ideas de que están bajo una “lluvia de misiles” de Hamas o que este usa los “túneles del terror” para entrar y atacar territorio israelí.

Esta campaña para fomentar el odio entre árabes y judíos ha dado sus frutos. La población respalda masivamente la ofensiva militar contra la Franja y la popularidad de Netanyahu pasa por uno de sus mejores momentos a pesar de las sangrientas masacres y crímenes de guerra que a todas luces está cometiendo Israel contra los palestinos.

Sin embargo, aún bajo este clima fuertemente reaccionario, surgen nuevas contradicciones para el gobierno. Netanyahu apostaba a una ofensiva militar rápida que golpeara a Hamas limitando considerablemente su capacidad defensiva (cohetes rudimentarios y túneles hacia Israel). Pero con el correr de los días, y por fracaso hasta el momento de estos objetivos, está quedando cada vez más condicionado por la ultraderecha sionista que presiona por una profundización de la campaña militar, derrocar directamente a Hamas y volver a ocupar la Franja como era hasta 2005. De esta forma al primer ministro se le hace cada día más difícil conseguir un final más o menos rápido y favorable en la ofensiva militar y se abre la posibilidad de que la misma se extienda en el tiempo, agitando con eso el fantasma de un eventual fracaso como en Líbano en 2006.

Estas contradicciones se están expresando incluso en la propia relación con su incondicional aliado EEUU, con cuyo representante J. Kerry viene teniendo fricciones en cuanto a las condiciones para un alto el fuego y rechazando una tras otras las propuestas, a pesar de que todas implican la rendición incondicional de los palestinos que a lo sumo lograrían reabrir los pasos controlados por Egipto.

La sangrienta ofensiva fortaleció a Hamas

Otra de las contradicciones que ha abierto Netanyahu es que ha reforzado la popularidad de Hamas y la Yihad Islámica como únicas herramientas de defensa de la población asediada. Tras el cambio de gobierno en Egipto en junio de 2013, Hamas perdió a sus aliados de la Hermandad Musulmana. El gobierno del golpista Al Sisi cerró los pasos de Rafah llevando al límite la situación social en la Franja.

Esto había empujado a la organización islamista a firmar en abril de este año el acuerdo de un gobierno de unidad con la OLP de Abbas que a su vez lo necesitaba para encubrir su política de colaboración abierta con Israel y el imperialismo. Fue un acuerdo que cedía el gobierno a la OLP, ya que en el mismo no había ningún miembro de Hamas, como forma de encontrar una salida a la situación crítica que atravesaba. Pero la ofensiva israelí por el momento está fortaleciendo a Hamas, aunque a un altísimo costo.

Ganar las calles hasta frenar la masacre

A pesar de los salvajes crímenes que está cometiendo, ni la ONU ni ningún gobierno ha tomado medidas concretas que afecten los intereses de Israel y lo obliguen a detenerse. Los gobiernos de Brasil, Chile, Perú y Ecuador son los que llegaron más lejos retirando a sus embajadores, lo que no pasa de medidas diplomáticas y mediáticas.

Pero el repudio popular a nivel internacional sigue creciendo. Las movilizaciones continúan y son de carácter masivo en los países árabes. En Europa se destaca el caso particular de Francia donde se siguen realizando a pesar de la represiva prohibición del gobierno de Hollande.

La indignación obrera y popular debe llenar las calles en todo el mundo para frenar al Estado guerrerista de Israel.

Viva la resistencia palestina. Alto a los bombardeos, fuera las tropas sionistas de la Franja de Gaza. Inmediato levantamiento del bloqueo. Por el pleno derecho de los palestinos a su autodeterminación nacional, que solo podrá conquistarse plenamente en una Palestina obrera y socialista en todo su territorio histórico donde puedan vivir en paz árabes y judíos.


¿Los árabes y los judíos son enemigos desde siempre?

Por Miguel Raider

El titulo remite a un sentido común instalado para justificar el eterno conflicto entre israelíes y palestinos y la actual ofensiva en Gaza. Pera esa presunta ontología del odio es falsa. árabes y judíos convivieron durante siglos bajo el dominio moro del Andaluz en el imperio español. Tras la Inquisición, los judíos sefaradíes fueron recibidos por el imperio otomano en Egipto, África del norte y el Levante y durante 500 años vivieron pacíficamente junto a árabes, turkomanos y cristianos. A principios del siglo XX, en Palestina los judíos constituían una pequeña minoría (5% de la población) integrada a una sociedad predominantemente árabe, con plena libertad de culto. Esa situación comenzó a cambiar tras la declinación del imperio otomano, cuando el imperialismo británico y francés firmaron el acuerdo de Sykes-Picot en 1915, repartiéndose entre si el Medio Oriente. En Palestina, los británicos impusieron un protectorado apoyado sobre un ejército de 500 mil soldados. Con la finalidad de mantener a raya los movimientos nacionalistas árabe palestinos, el gobierno británico lanzó en 1917 la Declaración Balfour, auspiciando la formación de “un hogar nacional judío en Palestina”, socio de los ingleses. Dicha declaración fue redactada por dirigentes sionistas demostrando así la unidad de propósitos entre la empresa colonialista y la potencia imperialista. A pesar de este curso, la historia del movimiento obrero palestino previa a la fundación del Estado de Israel demuestra los lazos reales de solidaridad entre los trabajadores árabes y judíos luchando por objetivos comunes.

Concentrados en puertos, comunicaciones, ferrocarriles, metalúrgicas, refinadoras de petróleo y grandes panaderías, cientos de miles de trabajadores árabes y judíos desempeñaban tareas en común. Esta clase obrera residía en los dos grandes centros urbanos: Jaffa (el barrio fundante de la futura Tel Aviv) y Haifa, el principal puerto y centro industrial. Las relaciones solidarias entre árabes y judíos se expresaban en el sindicato de panaderos, declarado de “carácter internacional” y “abierto a todos los trabajadores”.

Las tendencias unitarias preocuparon de tal modo a los sionistas que dieron lugar a la intervención de su máximo estratega. David Ben Gurión, líder de la Histadrut (la central obrera sionista) y futuro jefe del Estado de Israel, sostenía que los trabajadores judíos debían estar organizados en sindicatos “vinculados” aunque “separados” de los árabes, según “secciones nacionales”. Jaim Arlozoroff desarrollo esta orientación asimilando la experiencia de Sudáfrica, donde las tareas mas calificadas eran reservadas a los blancos, organizados en sindicatos separados de los negros. Así, la Histadrut terminó expulsando a los militantes comunistas de origen judío que bregaban por sindicatos comunes. La central obrera sionista puso todos sus esfuerzos en romper las huelgas protagonizadas conjuntamente por árabes y judíos, como el conflicto de abril y mayo de 1933 en la cantera Nesher. Bajo la consigna de kibush haavoda (conquista del trabajo), la Histadrut celebraba acuerdos con los empresarios para sustituir la fuerza de trabajo árabe, a cambio de disciplina laboral. Producto de esta política racista y propatronal, surgió el PAWS, el primer sindicato de trabajadores palestinos asentado en Haifa, Jaffa y Jerusalén, que se pronunció por la unidad, contra el sionismo y la independencia de Palestina.

1948 quebró los lazos solidarios

Alarmados, tanto los sionistas como los efendis (terratenientes palestinos) trazaron un rumbo para sabotear esa potencial unidad obrera. En 1929 el mufti de Jerusalén, Aj Amin al Husayni junto la elite nacionalista palestina más reaccionaria lanzaron un pogrom durante cuatro días. Cientos de trabajadores judíos indefensos salvaron su pellejo gracias a la colaboración de sus compañeros árabes, que expusieron sus propias vidas escondiéndolos en sus domicilios. Asimismo, durante la gran huelga general de 1936 que cuestionó el régimen, las tropas británicas instruyeron como unidades militares a las milicias sionistas de la Haganá (la “autodefensa judía” creada en 1920) para reprimir a los piquetes de trabajadores árabes, asistidos en varias ocasiones por sus compañeros judíos. Mientras, los esquiroles de la Histadrut ocupaban los puestos de trabajo con asalariados judíos en los puertos de Haifa, la gran cantera Majdal Yaba, las plantaciones de cítricos y las refinerías de la transnacional Irak Petroleum, quebrando el conflicto obrero mas largo en la historia de Medio Oriente.

A pesar de este curso divisionista, en abril de 1946 decenas de miles trabajadores árabes y judíos volvieron al ruedo organizados en el PAWS y el Sindicato Internacional Ferroviario, Postal y Telefónico lanzando una huelga que paralizó los servicios públicos y puso en jaque el funcionamiento de las bases militares británicas.

Sin embargo esos lazos solidarios ya habían comenzado a quebrarse después del asesinato del dirigente sindical Sami Taha y la resolución arbitraria de la ONU en noviembre de 1947 por la partición de Palestina a favor de la minoría judía, opuesta a la voluntad unitaria de las grandes masas, que desencadenó movilizaciones populares en disconformidad. Pero la gota que colmó el vaso fueron los atentados terroristas de diciembre de 1947, donde el Etzel (el desprendimiento mas derechista de la Haganá) hizo estallar un coche bomba entre cientos de trabajadores árabes de una refinería de Haifa, mientras el Palmaj (la brigada de elite de la izquierda sionista) tomó por asalto el pueblo de Balad al Shayk, asesinando decenas de mujeres y niños. La fundación del Estado de Israel en mayo de 1948 basado en la limpieza étnica de un millón de palestinos expulsados de sus tierras originarias cerro definitivamente este proceso, dando lugar a un Estado racista y colonialista, fuente de todas las penurias del pueblo palestino hasta nuestros días.

El general Itzjak Rabin solía comparar el Estado de Israel con el Reino Cruzado de Jerusalén del año 1099, asentado sobre la inmigración continua de combatientes que masacraron árabes y judíos durante 192 años. Por eso mismo los palestinos recuerdan a Saladino, el gran general kurdo que derrotó a los cruzados y restableció la paz entre árabes, judíos y cristianos, una perspectiva que hoy sólo puede ser encabezada por los trabajadores y los campesinos de Medio Oriente contra ese estado segregacionista, socio estratégico del imperialismo norteamericano.


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