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Periódico / Nacional

Lunes 3 de agosto de 2009

DOSSIER: LAS NACIONALIZACIONES: ENTRE LA COMPRA DE “SOBERANÍA” NACIONAL Y EL FRAUDE DEL “DESARROLLO NACIONAL” Y EL “PAGO DE LA DEUDA SOCIAL”

¿CUÁL “SOCIALISMO”?

Por Mario López


Pero si no se puede hablar con seriedad de alguna “revolución antiimperialista” que avance en el “desarrollo” nacional, es más claro aún que el proyecto del gobierno no tiene nada que ver con alguna “transición” o “construcción” del “socialismo”, aún cuando intenta vender la descabellada idea de que allí donde hay economía estatal y que allí donde nacionaliza/compra hay “socialismo”: la renta petrolera y algunas empresas nacionalizadas en manos del Estado serían la base para el “socialismo”. Comencemos por aclarar que el PIB petrolero representa una minoría con relación al total nacional, así como lo es también el PIB estatal con relación al del sector privado: el año pasado, el PIB petrolero significó apenas un 13,6% del total, frente al 86,4% del sector no petrolero(1), al tiempo que, como se lamenta “autocríticamente” un alto funcionario del gobierno, en diez años la porción del PIB que corresponde a la economía privada no solo se ha mantenido sino que además ha aumentado de 65,2% en 1998 a 70,9% en 2008(2).

Pero no solo se trata del dominio abrumador del sector privado sobre la economía, sino que como vimos, la captación de la renta petrolera está pensada en función de la reproducción del capital nacional, sirve para garantizar los intereses de las trasnacionales nacionalizadas, y además, hay que decir con meridiana claridad que economía estatal o empresa nacionalizada no es sinónimo de socialismo. Han pasado más de 80 años desde que a mediados de los 20’s el líder revolucionario cubano Julio Antonio Mella aclarara las cosas en el debate con el naciente populismo de Víctor Raúl Haya de la Torre que pretendía asimilar estatización a socialización(3). La construcción del socialismo requiere la conquista del poder político y militar de la sociedad por los trabajadores para expulsar al imperialismo, expropiar a la burguesía, socializando así los medios de producción y cambio para planificar democráticamente la economía nacional, al tiempo que desde este bastión se impulsa la lucha por el triunfo de la revolución socialista a nivel internacional y mundial, único terreno donde puede ser derrotado definitivamente el capital.

No hace falta argumentar que esa no es la perspectiva del proyecto de Chávez, pero si no fuera porque el gobierno y sus más fieles burócratas sindicales insisten en que en las empresas nacionalizadas están construyendo el socialismo, no haría falta dedicar palabras al asunto. Por supuesto es un error de principiantes decir que una empresa puede ser “socialista” en medio de una economía nacional capitalista, pero resulta ya una desfachatez del chavismo decirlo de las empresas nacionalizadas donde no han cambiado en lo más mínimo las relaciones de producción y explotación, persiste la tercerización laboral, y donde el gobierno quiere colocar el rótulo de “propiedad social” a toda empresa estatizada o estatal para justificar el combate a los sindicatos y las luchas obreras por sus reivindicaciones pues, si “en la propiedad social todos somos dueños [y en consecuencia, patronos], ¿qué razón de existir tienen allí los sindicatos?”, razona el funcionariado chavista.

En realidad en las empresas nacionalizadas los trabajadores sólo están cambiando de amo, teniendo ahora uno que quiere hacer pasar la supervivencia de todos los males de la ofensiva neoliberal (tercerización, división entre fijos y contratados, superexplotación) y del propio capitalismo (explotación del trabajo asalariado, rentabilidad empresarial a costa de los salarios y beneficios de los trabajadores, persecución laboral, juicios y represión a los que luchan) como elementos constitutivos del “socialismo del siglo XXI”(!).

¿Y por qué no nacionalizar Sanitarios Maracay?

Podemos ir cerrando este breve examen de las “intenciones socialistas” del gobierno nacional con su política de nacionalizaciones recordando la experiencia de Sanitarios Maracay, donde este jugó un rol nefasto, abiertamente antiobrero y contrarrevolucionario.

Es sabido que Sanitarios Maracay, fábrica de salas de baño, estuvo durante nueve meses ocupada por sus trabajadores y produciendo bajo gestión obrera, exigiendo al gobierno que la expropiara para hacerla una empresa estatal y continuar su funcionamiento bajo la gestión de los trabajadores. Pero el gobierno no sólo no procedió en ese sentido, sino que conspiró firmemente con el empresario para que esta experiencia fuese derrotada, mediando incluso la represión abierta de la Guardia Nacional Bolivariana. ¿Por qué? Precisamente porque Sanitarios Maracay era una genuina lucha obrera contra el capital, que señalaba el camino de una producción libre de patronos y del yugo del capital, cosa que no entra de ninguna manera en el esquema del gobierno “obrerista” y “socialista”.

Los trabajadores de Sanitarios Maracay ocuparon la empresa ante la decisión de del patrón cerrarla ante la negativa de estos a trabajar en condiciones de superexplotación, se dotaron de un Comité de Fábrica electo en asamblea y revocable ante la misma, constituyendo a su vez comisiones para la gestión obrera de la empresa, soportando todo el boicot de la economía capitalista y sin ningún auxilio del Estado (sin créditos ni materia prima que reponer), y con la empresa andando a un tercio de su capacidad, pudieron garantizar durante varios meses un ingreso cercano al salario mínimo con una jornada de trabajo diaria de cuatro horas, e incluso habían iniciado acuerdos con consejos comunales para proveer a precios populares salas de baño para las comunidades.

Pero la heroica lucha de los obreros insubordinados al capital fue combatida por el gobierno, que no sólo no nacionalizó la empresa sino que se organizó para conseguirle dinero al empresario para que pagara unas míseras “prestaciones sociales” a los trabajadores desgastados por el cerco capitalista, a cambio de la desocupación de la fábrica para que fuera devuelta a “su” dueño. ¡Raro “socialismo” este!

LA EXPULSIÓN DEL IMPERIALISMO Y LA CONSTRUCCIÓN DEL SOCIALISMO ESTÁN EN MANOS DE LOS TRABAJADORES

Para el marxismo revolucionario ha estado claro, desde principios del siglo XX, que la liberación nacional del yugo imperialista no es una tarea que iría a cumplir alguna burguesía “nacionalistas” o alguna fracción de la clase media “desarrollista”, sino una tarea histórica que pasa por completo a manos del proletariado: solo los trabajadores y trabajadoras, encabezando la alianza revolucionaria de la las clases explotadas y pobres de la nación oprimida, puede concretar la expulsión del imperialismo. Pero como la lucha contra el imperialismo no es sino la lucha contra el capitalismo de nuestros días, implica necesariamente romper con las bases del capitalismo, la propiedad privada de los medios de producción, por lo que la lucha antiimperialista deviene también en lucha por la revolución socialista.

Julio Antonio Mella y José Carlos Mariátegui, fueron de los marxistas latinoamericanos que fijaron con claridad estas cuestiones en los años 20’s, siguiendo las orientaciones de la Internacional Comunista de antes de la contrarrevolución burocrática en la URSS. A principios de los 30’s, Trotsky, con su teoría-programa de la revolución permanente, que brinda la más acabada perspectiva de la revolución socialista mundial, condensa con precisión esta cuestión. La historia de la lucha de clases de América Latina durante todo el siglo pasado, y la de hoy, no da espacio para refutar tal perspectiva.

Por eso, la liberación de la opresión y miserias causadas por el imperialismo y la liberación social de la explotación capitalista en nuestro país, no vendrá de la mano de las compras de alguna que otra empresa transnacional que haga el gobierno y su control burocrático-burgués sobre las mismas, sino de la mano de la lucha decidida y hasta el final de los millones de asalariados y asalariadas que soportan la explotación capitalista e imperialista, encabezando una gran alianza revolucionaria con los campesinos pobres y los pobres de la ciudad, contra todo aquel que se proponga mantener la condición semi-colonial del país y la sociedad de explotación. La expropiación sin pago de las transnacionales y su administración de cara a los intereses obreros y populares (gestión obrera), el monopolio estatal del comercio exterior, el desconocimiento de la deuda externa y la ruptura de todos los acuerdos comerciales, económicos y militares que nos atan al imperialismo son tareas del momento, así como la expropiación bajo gestión obrera de la banca y principales monopolios capitalistas del país, y la expulsión de los terratenientes para concretar una verdadera revolución agraria que ponga la tierra en manos de quien la trabaja.

Para esto es necesario desembarazarse de toda confianza y expectativa en el liderazgo de Chávez y asumir una estrategia y política obrera propias, con plena independencia de clase. Es la pelea que damos los revolucionarios de la Liga de Trabajadores por el Socialismo en las fábricas y centros de estudio donde intervenimos.

Notas

1 Datos del Banco Central de Venezuela (BCV): www.bcv.org.ve.

2 “La economía venezolana se ha hecho más capitalista”, afirmación de Víctor Álvarez, ex ministro de Industrias Básicas y Minería, ex presidente de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), ex director de PDVSA y ex presidente del Banco de Comercio Exterior, en su exposición en el encuentro de intelectuales afines al gobierno, “Intelectuales, democracia y socialismo: callejones sin salida y caminos de apertura”, realizado en el Centro Internacional Miranda (CIM). El Mundo. Economía&Negocios, 17-06-09. Con relación a este encuentro, ver artículo en este periódico.

3 Afirmaba Mella: "Nacionalizar puede ser sinónimo de socializar, pero a condición de que sea el proletariado el que ocupe el poder por medio de una revolución. Cuando se dicen ambas cosas: nacionalización y en manos del proletariado, se está hablando marxistamente. Pero cuando se dice a secas nacionalización, se está hablando con el lenguaje de todos los reformistas y embaucadores de la clase obrera". Julio Antonio Mella, "¿Qué es el ARPA [APRA]?", en León Trotsky, Escritos Latinoamericanos, CEIP "León Trotsky", Tercera Edición, Buenos Aires, 2007, p. 329.





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