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Jueves 7 de julio de 2011

INTERNACIONAL

¿Cuáles son las perspectivas de Grecia y la Unión Europea?

Por: Juan Chingo


El pasado miércoles 29 de junio, el parlamento griego aprobó el paquete quinquenal de recortes y aumentos de impuestos, condición que habían exigido la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional para liberar la entrega de 12 mil millones de euros correspondiente al paquete de rescate del año pasado. Con esta votación, Grecia ha escapado en lo inmediato (¿por el verano boreal?) al peligro de un default de su deuda soberana y la consiguiente debacle financiera y económica. Pero este costoso triunfo del gobierno del PASOK puede ser de corta duración: en los próximos meses deberá tomar una serie de decisiones y se verá sometido a fuertes tensiones que auguran la perspectiva de una fuerte crisis política y una creciente probabilidad de default.

Un avance semicolonial sin precedentes

El programa de ajuste para los próximos cuatro años -el segundo que el gobierno griego presenta desde mayo de 2010- prevé ingresos fiscales por 28.400 millones de euros y eventualmente otros 50.000 millones más por la privatización de empresas del Estado. Además, implica un drástico recorte en el sector público, con la desaparición de alrededor de 150.000 empleos de los 700.000 existentes, la supresión de diversas prestaciones sociales, la reducción del gasto en sanidad y en inversiones públicas. Con respecto a las medidas fiscales, se les exige a los griegos pagar este año 2.300 millones más en impuestos (en 2012 el mazazo será mayor, con un incremento de 3.380 millones), la imposición de un “impuesto solidario”, y la suba del IVA, entre otras medidas.

Este aumento viene entre otras medidas de un aumento del impuesto especial al gasoil para calefacción, la equiparación de esta tasa con la del gasoil para el autotransporte, la imposición de un "impuesto solidario", proporcional según tramo de ingresos, de entre el 1% y el 5%, y la reducción del mínimo exento de tasación de los 12.000 a 8.000 euros. También aumentará el IVA en restaurantes y bares, del 13% al 23%, así como se suben en 300 euros anuales los impuestos a profesionales que trabajan por cuenta propia, como abogados, plomeros o taxistas.

Pero de la mano de este ajuste inédito y draconiano, no visto en Europa Occidental desde la crisis de los años 1930, las medidas de la “troika” UE/FMI/BCE (Banco Central Europeo) implican una pérdida de atributos de la soberanía griega. Los inspectores del FMI y la Unión Europea visitan el país de forma regular, examinan los registros y dictan la política. De acuerdo con el nuevo plan, los emisarios extranjeros serán asignados a los ministerios principales y administrarán las empresas que privatizarán la riqueza pública. Es decir un salto en la semicolonización de una economía capitalista madura al interior de la UE. Esto es lo que dijo sin tapujos, el presidente del eurogrupo, Jean-Claude Juncker, luego de la aprobación del quinto tramo del plan de rescate a Grecia: “‘La soberanía de Grecia será enormemente limitada’ dijo a la revista alemana Focus en la entrevista publicada el domingo, añadiendo que equipos de expertos de alrededor de la zona euro se dirigían a Atenas. ‘Uno no se puede permitir insultar a los griegos. Pero uno tiene que ayudarlos. Ellos han dicho que están dispuestos a aceptar la experiencia de la zona euro’, dijo Juncker” [1]. Y para clarificar el plan de saqueo que se prepara, agregó “…que Grecia debe privatizar en una escala similar a la liquidación de las empresas de Alemania Oriental en la década de 1990. ‘Para la próxima ola de privatizaciones van a necesitar, por ejemplo, una solución basada en el modelo de la ‘agencia Treuhand’ de Alemania’ dijo Juncker, refiriéndose a la agencia de privatización que vendió 14.000 empresas de Alemania del Este entre 1990 y 1994” [2]. Digamos que ya en 2011 el gobierno pretende recaudar unos 5.000 millones con la venta del monopolio de apuestas y loterías OPAP, el Postbank, la empresa de gestión de aguas de Salónica, la segunda ciudad del país, y las empresas de gestión portuarias del Pireo y Salónica, muchas de ellas consideradas las “joyas de la abuela”. Entre 2012 y 2015 se pretenden recaudar otros 45.000 millones con la privatización completa o parcial de la empresa de gestión del agua de Atenas, refinerías, empresas eléctricas, el ATEbank, especializado en el sector agrícola, así como la gestión de 850 puertos, 39 aeropuertos, autopistas, derechos de explotación de minas, y propiedad inmobiliaria y terrenos estatales. Sin embargo, “investigaciones independientes sugieren que Grecia tendrá que luchar para lograr mucho más que una cuarta parte de los 50 mil millones de € que necesita de la venta de activos y privatizaciones a menos que agregue más tierra principal y el patrimonio cultural a su lista de ventas” [3] (Subrayado nuestro). No solo los inversores se preparan para quedarse con los activos griegos a precio de remate, sino que en el marco de perspectiva de quiebra, es poco probable que compren algo griego, por mas regalado que este, aventurándose a comprar si solo se le ofrecen activos bien jugosos. La venta de magníficas franjas de la célebre costa griega y sus islas como al comienzo de la crisis titulaban sarcásticamente los diarios sensacionalistas alemanes, podrían ser rematadas al mejor postor, como planteaban con sarcasmo diarios sensacionalistas alemanes, si esta política semicolonizadora, que cuenta con el aval del gobierno y la burguesía griega, sigue avanzando.

Dificultades económicas y políticas para un plan Brady europeo

Pero a pesar de la entrega del patrimonio griego que el plan votado por el parlamento significa, la situación de Grecia y de la misma eurozona está lejos de resolverse.

Frente a esta realidad, crecientemente, sectores como el Financial Times, diario de la burguesía financiera de la City de Londres, abogan por una solución más radical. En la editorial del 4/7/2011se pronuncian categóricamente por “Un Plan Brady para finalizar la crisis europea” [4]. Allí plantea que: “No por primera vez, los líderes de Grecia y de la zona euro han dado un paso atrás desde el borde sólo después de haber tomado demasiado tiempo una mirada hacia el precipicio. Con el reloj en marcha hacia una moratoria griega, Europa encontró en la hoja de parra del sacrificio de los acreedores privados que necesitaba para comprometer más préstamos. El Gobierno griego aprobó un nuevo plan de austeridad, pero después de erosionar la poca confianza que aún disfruta en casa y en el extranjero.

La zona euro debe dejar de poner a sus pueblos, las economías y los mercados financieros a merced de arreglos de última hora. El ostracismo de los mercados de deuda de Grecia y otros dos países no será revertido ganando tiempo. La Unión Monetaria necesita ahora una solución ambiciosa y global: debe comprometerse con un plan Brady para Europa. Un canje de deuda con garantías, sobre la base de la política que puso fin a la crisis latinoamericana de la deuda, es la mejor opción”.

En la década de 1980, América Latina sufrió un grave problema de deuda soberana que puso en peligro al sistema financiero de Estados Unidos del que finalmente salió a fines de la década en términos burgueses a través del llamado Plan Brady, en referencia al nombre del secretario del tesoro norteamericano de aquel entonces. En este plan, la deuda bancaria se convirtió en bonos negociables, que contaban con el respaldo de títulos del Tesoro estadounidense (bonos Brady), lo que le daba seguridad a los inversores. Los países deudores se comprometieron a realizar una serie de reformas económicas conocidas como el “consenso de Washington”. Como resultado de la aplicación del plan, la carga de deuda siguió siendo formidable, pero se evitó la quiebra de la banca norteamericana. Los países de la región pudieron nuevamente financiarse en el mercado de capitales internacional, al precio de aplicar medidas conservadoras que caracterizaron la década de los ’90, con una oleada de privatizaciones sin precedentes y un ataque en regla a las conquistas de los trabajadores logradas en la época del llamado modelo de “sustitución de importaciones”.

Sin embargo, una salida como esta encuentra aún en Europa muchos obstáculos políticos y económicos y es resistida por los países más poderosos de la UE, en especial Alemania. En el plano de la política interna de los estados afectados, como Grecia, es visto como una imposición al servicio de salvar a los banqueros europeos.

Tomando como ejemplo el caso más agudo de Grecia, la reacción de la ex comisaría europea y miembro del partido del gobierno, Vasso Papandreou y que no está relacionada con el primer ministro, es una muestra elocuente. Esta legisladora que votó el plan de austeridad dijo al Parlamento “…que votaría por las leyes como un deber patriótico, aunque temía que la economía se deteriore como resultado. ‘Alemania está preparando el terreno para nuestra bancarrota oficial apenas esto pueda ocurrir sin costo para los bancos alemanes’, declaró, expresando una opinión ampliamente compartida entre los griegos, que dicen pasar miserias para salvar a los banqueros de Europa” [5]. Todo lo contrario de las recomendaciones William Rhodes, quien se retiró de la presidencia del Citibank el año pasado y quien fue uno de los actores clave en la renegociación de la deuda latinoamericana de aquella década. Este en su libro “Banker to the World” plantea que: “Es imperativo que el gobierno sea capaz de presentar el programa de reforma como una de origen ‘nacional’ para evitar la percepción de que fue impuesto, en lugar de apoyado, por una fuente externa, sea el FMI u otra institución financiera o política internacional” [6].

En términos económicos, aunque durante los últimos meses especialmente los bancos alemanes vienen reduciendo su porción de bonos de la deuda griega, aun podría ser demasiado prematuro para que el sistema bancario europeo pueda absorber una salida de este tipo. Esto es lo que sugiere el editor para América Latina del Financial Times comparándolo con el momento de la aplicación del Plan Brady: “Algunos sostienen que este plan debería haberse aplicado antes. Si es así, América Latina no podría haber sufrido una "década perdida" de caída de ingresos en la década de 1980, como arriesgan algunos países de la eurozona hoy. Sin embargo, tanto entonces como ahora, salir del paso es una parte necesaria de la gestión de la crisis. Le da tiempo a las autoridades y los mercados para conseguir sus brazos alrededor de la magnitud del problema. Más importante aún, da a los prestamistas tiempo para incrementar las reservas para absorber las pérdidas que implica la reducción de la deuda. En 1982 los préstamos a países en desarrollo, en su mayoría latinoamericanos, representaban más de dos veces la base de capital de los bancos estadounidenses, según el FMI. Los pases a pérdida tempranos hubieran producido una crisis financiera sistémica en EE.UU.

Lo mismo es cierto hoy en la eurozona. Las acciones de los bancos europeos se están negociando en torno a su valor libro. Como la capitalización de mercado combinada de todas las entidades es de 903.000 millones de euros, eso sugiere que el capital bancario total es similar.

En cuanto a la exposición, el Banco Internacional de Pagos puede ofrecer una cifra aproximada. El total de deuda griega, irlandesa, portuguesa, española e italiana con bancos europeos es de casi 1,8 billones de euros. Con lo que la exposición de estas entidades a deuda de la eurozona potencialmente con problemas de recupero podría ser de alrededor del doble de su capital, lo que es comparable a lo que ocurría con los bancos de EE.UU. en la crisis latinoamericana” [7]. Por eso, frente a esta situación los sucesivos planes aprobados tratan de ir socializando las acreencias de los tenedores de bonos, comprando tiempo para los bancos. Es así que en 2009 el grueso de la deuda griega estaba en manos privadas. Hoy el 37% está en posesión de instituciones públicas, como el BCE y el FMI. Con cada tramo del rescate europeo va disminuyendo el peso de la deuda de bancos, cajas y fondos privados, y aumenta la parte sostenida por instituciones públicas europeas. Algunos analistas calculan que para 2015 esa parte habrá aumentado a un 56%, mientras que los bancos sólo tendrán un 8% y las aseguradoras privadas un 11%. Lo mismo podemos decir de las dos propuestas en danza para la deuda griega: el plan alemán de involucrar al sector financiero en la factura del rescate ideado por el Deutsche Bank, el principal banco privado del país, contra un ERE de 400 despidos contra un ERE de 400 despidos que no implica ningún desembolso; y la propuesta de la Federación Bancaria Francesa, que pone el eje en que los bancos se comprometan a mantener la deuda hasta el vencimiento (julio 2011 - julio 2014), cuando recibirán el 100% en efectivo. A cambio, deben reinvertir el 70% de lo cobrado en deuda griega, que independientemente de los títulos anteriores será a 30 años. A su vez, se le exige a Grecia que utilice parte de lo recibido (un 30%) como garantía del principal de la deuda a 30 años. De esta manera los acreedores, verían su patrimonio protegido por el 30% que se reembolsan y es de uso libre y por el colateral que comprará el estado griego mediante un instrumento financiero (el SPV), que puede generar eventualmente una ganancia y en el peor de los casos una leve pérdida. Ninguna de las propuestas discute una reestructuración de la carga de la deuda [8] ni menos aún cierto relajamiento de la austeridad para los países deudores que les permita cierto crecimiento para volver a ser solventes.

Por último, a diferencia de EE.UU. y su patio trasero latinoamericano en aquel entonces, Alemania por el momento no se muestra favorable a una salida de este tipo.

Fisuras en las bases políticas y geopolíticas del euro y de la UE

A pesar de que Europa de conjunto no sufre los desequilibrios agudos y estructurales de la economía norteamericana, el principal epicentro de la actual crisis histórica del capitalismo mundial, la capacidad de la Unión Europea de actuar y reaccionar frente a circunstancias de crisis como las actuales es mucho menor. Como ya hemos explicado en otros artículos esto se debe a las contradicciones inherentes al proceso de construcción europea de la mano de la burguesía imperialista, exacerbadas por el lanzamiento del euro que amplió las bases de la integración económica sin avanzar a la vez en la integración política o hacia un estado supranacional, lo que la crisis actual ha puesto en evidencia.

Este proceso de integración está empezando a mostrar fisuras que, de ampliarse, podrían llevar a un quiebre del logro más avanzado de la burguesía europea. Es que junto a las contradicciones económicas -en particular entre los países de la periferia de la eurozona y el núcleo duro, de Alemania, Holanda con Francia jugando una posición intermediaria-, las bases políticas y geopolíticas que dieron sustento al lanzamiento del euro y el desarrollo de la UE están cambiando.

La reunificación imperialista alemana de 1990 dio lugar a un periodo dinámico de cambio geopolítico en el terreno europeo, comparable quizá con lo que significó, en su momento, la unificación alemana bajo Bismark en 1871. Conjuntamente con esto, se dan otros fenómenos, como una serie de procesos se viene desarrollando en Europa, como el debilitamiento de la OTAN luego de la desaparición de la URSS, que era lo que mantenía su cohesión. Esto se vio en el desinterés europeo en la fracasada estabilización de Afganistán o en las diferencias surgidas en torno a la operación en Libia, impulsada fundamentalmente por Francia e Inglaterra. Otra tendencia es hacia la regionalización de las alianzas de seguridad, definidas en torno de la relación con Rusia, propiciada por Alemania y Francia, pero resistida por países como Polonia y los países Bálticos.

El debilitamiento de los lazos políticos y geopolíticos que llevaron a la creación de la UE, pueden conducir a su disolución. Como dice la agencia Stratfor: “La regionalización de la seguridad de Europa no es una buena señal para el futuro de la zona euro. Una unión monetaria no puede ser injertada en una desunión en términos de seguridad, sobre todo si la solución a la crisis de la eurozona se convierte en una mayor integración. Varsovia no se va a dar poder de veto a Berlín sobre su gasto en el presupuesto si los dos no están de acuerdo sobre qué constituye una amenaza a la seguridad” [9]. El hecho de que para Alemania sea más importante mantener sus relaciones con el centro de la UE y Europa central que con países periféricos como España [10], la puede llevar a optar por una salida regional. Todas estas contradicciones de largo alcance se están expresando en la actual crisis, especialmente en la indecisión de Alemania de avanzar en resolver los desequilibrios entre el norte y el sur de Europa. Aunque ningún gobierno europeo tiene interés en un descalabro de la UE en el medio de la crisis (como muestra los acuerdos de último momento a que se llegan y la flexibilidad del BCE, que incluso podría llegar a imprimir moneda frente a un posible default y contagio continental y mundial), las reticencias alemanas son una muestra de que sus dudas a más largo plazo sobre su rol en la actual UE.

La alternativa a la regionalización podría ser una UE bajo la férula alemana. Pero esta variante es costosa teniendo en cuenta que el continente estuvo atravesado históricamente por nacionalismos que se han exacerbado frente a la actual crisis. Además, Alemania también tendría un precio a pagar. Como dice la agencia de seguridad citada más arriba: “La alternativa a la regionalización en Europa es un claro liderazgo alemán que asegura - económica y políticamente - una mayor integración europea. Si Berlín puede superar el populismo anti-euro, que se alimenta de la fatiga de rescate en el núcleo de la zona euro, podría seguir apoyando a la periferia y demostrar su compromiso con la zona euro y la Unión Europea…La pregunta es si Alemania se toma en serio ser un líder de Europa y pagar el precio de ser la potencia hegemónica de una Europa unida, que no solo significaría rescates financieros, sino también enfrentarse a Rusia” [11]. Esto es la condición sine qua non que exigirían los países de Europa central. Por eso, la resolución de la cuestión alemana tiene una importancia fundamental para el destino de la UE.

Hacia acontecimientos y enfrentamientos de clase mayores

El otro gran test que debe pasar la UE es la creciente resistencia obrera y popular a sus planes de austeridad, que augura enfrentamientos de clase mayores y que complicarán, como ya muestra Grecia, todo plan burgués de salida a la crisis. Cuando hace unos años cuando empezó la crisis y vaticinamos la posibilidad de que se abrieran situaciones prerrevolucionarias en varios países imperialistas centrales la mayor parte nos miraba como locos, incluso las corrientes de izquierda trotskista. Hoy después de los constantes enfrentamientos y violencia en Grecia, el surgimiento de los indignados en el Estado español, el otoño francés de 2010 que estuvo al borde de la huelga general y los vientos de cambios revolucionarios que llegan del norte de África, la posibilidad de que se abran situaciones prerrevolucionarias en países imperialistas empieza a cobrar cuerpo. Es lo que comienzan a predecir periodistas lúcidos como Rafael Poch de Feliu. En “El saqueo de Grecia, preludio de grandes acontecimientos” afirma que: “El saqueo de Grecia es una empresa puramente destructiva y cortoplacista. Más allá de una defensa inercial de intereses egoístas, lo más probable es que el politburó [Se refiere a la UE, Berlín y el FMI] no tenga ni idea de adonde nos lleva. De lo que se trata ahora es de organizar una “quiebra suave” para Grecia, lo menos traumática posible para el conjunto del sistema europeo y seguir tirando. Después ya se verá. El horizonte es un colapso social en Grecia. La actual política europea apunta a desmantelar las conquistas y logros de medio siglo. Ya ocurrió en América Latina, ya ocurrió en Rusia. Ahora lo están imponiendo en Grecia, pero después de Grecia vienen los demás, primero Irlanda y Portugal, luego España, Italia. Detrás aparece Francia. Hasta en la supuestamente exitosa Alemania es patente la degradación laboral y social. Estamos en los primeros compases de una reacción, conservadora y catastrófica, de ámbito europeo. No creo que los europeos sean tan mansos como los rusos de los años noventa. Con su próximo gobierno postfranquista de mayoría absoluta y sus indignados, que han venido para quedarse, España podría ser un escenario central… Nos esperan grandes acontecimientos” [12]. Pero a no engañarse que esta será la perspectiva solo en los países más expuestos hoy en día a la crisis. Una situación difícil también les espera a países como Francia después de las presidenciales de 2012. Esto es lo que dice el editorialista del diario del capital financiero Les Echos, Eric Le Boucher. Plantea que el nuevo presidente mas allá de la demagogia u ocultamiento deliberado actual “no podrá proponer otra cosa a su pueblo que sangre y lágrimas”, especificando que “…para reducir el déficit inevitablemente debe recortar las pensiones, los reembolsos por enfermedad, las asignaciones familiares, las prestaciones por desempleo, los mínimos sociales. También debe decidir sobre el personal de las instituciones estatales y territoriales. También, deberá inevitablemente, aumentar los impuestos” [13].Y citando los comentarios de un diputado socialista, presidente de la Comisión de Finanzas agrega: “Con alrededor de un 30% de votos en el primer turno, yo veo mal al candidato que ganara la elección conseguir, solo, reducir la deuda en Francia”, planteando la necesidad de un acuerdo nacional. Cualquier ataque de magnitud como los que se preparan puede despertar de nuevo al proletariado y la juventud francesa, quien ha seguido luchando pero de forma invisible después de octubre y noviembre pasados [14], desmintiendo el escepticismo de la izquierda y extrema izquierda que han hecho lo posible para evitar toda continuidad con la grandiosa lucha contra la contrarreforma de las jubilaciones.

Dicho de otra manera, todos los elementos constitutivos de la primera fase de la década de 1930 están hoy presentes: la crisis económica, el desastre social, el crecimiento del populismo y la extrema derecha, la respuesta de masas aun más retrasadas con respecto a la magnitud de los ataques, el espectro de la xenofobia, el nacionalismo, el proteccionismo. Tiempos de actualización creciente de la revolución y la contrarrevolución. Los revolucionarios nos preparamos para esos acontecimientos.

Notas

[1] Agencia Reuters, 3/7/2011.

[2] El ejemplo usado por Juncker es ya todo un programa: esta agencia fue profundamente antipopular habiendo dejado en la calle 2,5 millones de trabajadores.

[3] “Greece faces ‘fire sale’ shortfall”, Financial Times, 28/6/2011.

[4] “A Brady plan to end Europe’s crisis”, Financial Times, 3/7/2011.

[5] Agencia Reuter, 30/6/2011.

[6] “Europhiles have made the hard decisions on Greece far harder”, John Dizard, Financial Times, 3/7/2011.

[7] “Eurozone can learn grim Latin lessons”, John Paul Rathbone, Financial Times, 21/12/2010.

[8] Según estimaciones del FMI, Grecia pagará 131.000 millones de euros en pagos de refinanciación e intereses entre 2009 y 2014, mucho más de lo que supone el préstamo de rescate inicial de 110.000 millones de euros

[9] “The Divided States of Europe”, Marko Papic, Stratfor, 28/6/2011.

[10] Por ejemplo, el comercio alemán con Polonia y la Republica Checa solo es más grande que el comercio con España, Grecia, Irlanda y Portugal combinados, en gran parte por la integración de estos dos países como base de relocalización de las firmas alemanas.

[11] Idem 10.

[12] La Vanguardia, 1/7/2011.

[13] “Du sang et des larmes », Les Echos, 1/7/2011.

[14] Entre febrero y mediados de junio hubo 777 huelgas, según informaciones aparecidas en la prensa, método que es obviamente parcial. Se puede ver este informe en “France : un vaste mouvement de grèves invisibles”, de Jacques Chastaing. Publicado en http://www.ccr4.org/France-un-vaste...





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