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Periódico / Editorial

Martes 9 de septiembre de 2008

NACIONAL

Editorial

Comité de Redacción


Con el sobrecalentamiento de la
economía combinado con una inflación
difícil de controlar que ya se pronostica
oficialmente para arriba de un 27% para
este año, dentro de un panorama de
crisis de la economía internacional que
alcanza no sólo a EE.UU. sino también a
regiones como Europa y Japón, el panorama
político para el gobierno nacional
está signado por fuertes contradicciones
en un marco de debilidad estratégica
luego de la autoderrota que se infligiera
en diciembre del año pasado con el
referéndum. Luego de esa fecha Chávez
ya no gobierna como antes, y el decreto
de las Leyes Habilitantes se da en un
marco de carácter defensivo, rehuyendo
de su viejo mecanismo plebiscitario tal
como lo ha venido haciendo en sus diez
años de gobierno. Este es el fondo de los
movimientos subterráneos que se venían
generando y tienden a salir cada vez más
a flote, que expresan claramente que
el gobierno de Chávez ha llegado a su
techo dando inicio a un proceso donde
pierde influencia, lo que no significa que aún no goce de un importante prestigio
en el movimiento de masas, pero ya lo
no ejerce como antes.

Lo que estamos afirmando es que, a
pesar de la enorme renta petrolera y
de los márgenes de maniobra frente al
imperialismo que ha venido gozando
Chávez, su proyecto está comenzando
a mostrar agotamiento: diez años
de gobierno y no la no resolución de
ninguno de los problemas fundamentales
de los trabajadores y el pueblo no se pueden seguir sosteniendo apenas con
la retórica.

La abstención de los tres millones de
votantes que lo venían haciendo por el
gobierno durante el referéndum es solo
una expresión de la insatisfacción creciente
frente a una “revolución” sobre
la que habla Chávez pero en la cual los
pobres continúan pobres y los ricos lo
son cada vez más.

Las Misiones, como expresión
de los grandes programas
sociales del gobierno,
tocaron techo y no apuntaban a
resolver problemas estructurales
de fondo; la «revolución» agraria
de la que tanto se hablaba no
pasó de negociaciones con los terratenientes
indemnizándolos en
aquellos lugares donde se vieron
afectados pero que jamás atacó de
fondo el latifundio; el problema de
la vivienda continúa siendo uno
de los problemas estructurales
históricos del país sin resolverse
que afecta a millones de personas;
se habla de que la desocupación
baja pero lo que no se dice es que
cerca del 74% de los ocupados
del país no reciben ningún tipo
de prestación social, utilidades y
otra índole de derechos laborales,
al mismo tiempo que el salario
se deprime frente a una inflación
creciente mientras las ganancias
de los capitalistas aumentan.

El reciente control de las cementeras,
el gobierno lo ha querido presentar
nuevamente con un gran
acto de la soberanía nacional, tal
como lo hizo con los casos de las
petroleras de la Faja del Orinoco, la
Cantv, Sidor, Elecar, etc., y también
la amenaza en el caso del Banco
de Venezuela. Si bien el Estado
retoma el control sobre este conjunto
de empresas que habían sido
privatizadas, en realidad lo hace
sobre la base de una gran cantidad
de compra accionaria a las respectivas
transnacionales con miles de
millones de dólares que luego son
repatriados a los países sedes de
las empresas internacionales, pero
manteniéndolas en gran parte
como socias menores como es el
caso de las empresas mixtas. Más
de 20 mil millones de dólares (¡no
es poca cosa!) han salido del país
en concepto de pagos, cuando en
verdad no había que pagarles un
centavo, e invertir esos grandes
flujos de capital en beneficio de los
millones que viven en condiciones
de pobreza y resolver los problemas
estructurales del país. De esta
manera, lo que vemos en realidad
es una «recompra» de soberanía»
en base a la gran captación de la
renta petrolera.

Es claro que en un país de carácter
petrolero como el nuestro, donde
esta industria está fundamentalmente
en manos del Estado, y este
capta directamente una gran parte
de la renta mundial en función de
esta materia prima, aprovecha la
bonanza para afianzar la intervención estatal y el dirigismo económico,
actuando en los hechos
como un sector burgués más tanto
con relación al imperialismo como
también con respecto a la burguesía
local. Regatea con el primero
una mayor captación de esa renta
mundial para negociar mejores
condiciones con la burguesía local,
tal como cuando les «mostraba la
chequera» en el encuentro con los
grandes empresarios en el mes
de junio. Es en este marco que
hablamos de elementos de un
capitalismo de Estado que, retoma
parcialmente el conjunto de las
empresas que habían sido privatizadas
sobre la base de una mayor
sustentación económica y social
en función de un plan de cierto
«neodesarrollismo» del país.

El pago cumplidor de Chávez con
las transnacionales, y la gran cantidad
de gestos políticos, ha ido
girando hacia la búsqueda de un
compromiso con el imperialismo
(como mostraron el giro a una
actitud conciliadora en el conflicto
con Colombia, luego de las primeras
actitudes que lo mostraban
más a la izquierda, y el endurecimiento
de sus críticas a las FARC;
el tender puentes desde ahora a la
futura administración demócrata
en la Casa Blanca, y su reciente
encuentro con el Rey Juan Carlos
luego de que éste lo humillara en
la cumbre iberoamericana), pero
también, con la gran burguesía
local, como en el encuentro con
los empresarios. Es que Chávez ha
diluido el sometimiento político
directo a Estados Unidos aunque
no la dependencia económica.

Todo esto no excluye a priori
oscilaciones a izquierda, para defenderse
de la presión burguesa o
contener a su base social, como
ciertas «nacionalizaciones» o
concesiones de otra índole, sobre
todo en el marco de un año
electoral bastante decisivo. Si lo
que pretende es una futura reforma
constitucional –utilizando la
Asamblea Nacional, que le permita
reelegirse para un tercer período
–un resultado muy adverso en noviembre le cerrará las puertas, lo
que lo obligaría a la búsqueda de
un sucesor fiel, leal y manejable.

En verdad, como lo hemos venido
repitiendo, el proyecto de Chávez
no se trata más que de un tibio
nacionalismo burgués, que se
entiende con los grandes sectores
empresariales, mientras avanza
también en ampliar su base de
sustentación económica para intentar
seguir articulándose como
árbitro y mediador del conflicto
social, un gobierno con rasgos de
bonapartismo sui generis. Pero
mientras entrega grandes millonadas
de dinero en las compras
accionarias, el gobierno es austero
con los trabajadores y bondadoso
con los capitalistas tal como se ve
en Sidor. El gobierno anunció su
gran Misión 13 de Abril de supuesta
distribución para los pobres,
pero en todos estos meses lo que
se ha visto es un salario cada vez
más deprimido por la inflación,
el empleo precario continúa galopante
y la tercerización en las
propias empresas «nacionalizadas
» continúan como si nada, y
en su contracara se ve la entrega
de capitales a las transnacionales
y los grandes negociados con los
Cisneros y los Mendoza para mencionar
solo a los más simbólicos
golpistas empresariales.

La cuestión de los tiempos sobre
los ritmos de la pérdida de hegemonía
de Chávez, y qué situación
decanta, aún está por verse. Pero
lo que interesa es que en esta
situación ya en curso abonan mejores
condiciones para una mayor
intervención de sectores obreros
y populares que puedan avanzar
en su experiencia política con los
límites que impone Chávez. Todo
esto aunado a que el crecimiento
económico ha permitido un importante fortalecimiento objetivo
de las fuerzas obreras, aunque
en su mayoría en condiciones
precarias, transformándose en el
ser el sector más dinámico en las
luchas en el último año y medio
con respecto al resto de los sectores
sociales.
Lo importante de esta dinámica
de pérdida de hegemonía de
Chávez, es que del lado del movimiento
obrero se tienden a soltar
las amarras: esa camisa de fuerza
que le imponía el chavismo y le
impedía salir más decididamente
a luchar por sus propios intereses.
El movimiento de masas ha venido
luchando con todas sus fuerzas
contra la oposición burguesa frente
a los ataques de esta al gobierno
de Chávez, pero se limitaba cuando
se trataba de sus necesidades
más fundamentales, pues temía
ser acusado de «hacerle el juego
a la derecha». Este miedo se ha
perdido. El movimiento obrero
viene desarrollando un importante
proceso de luchas que tuvo su
pico en la lucha de los trabajadores
de Sidor, pero que se ha mantenido
con una dinámica creciente,
donde incluso en sectores donde
el chavismo es más fuerte salen
a pelear, como es el caso de los
trabajadores de la Misión Barrio
Adentro, tal como desarrollamos
en este periódico (ver artículo en
este periódico).

En este marco resalta la importancia
de pequeños procesos
avanzados que se han venido desarrollando.
Estas han mostrado
acciones de vanguardia que van
retomando métodos de lucha y
elementos programáticos avanzados
que, como lo observamos
en Sanitarios Maracay, que a pesar
de la derrota parcial y retroceso,
tiende a quedar como ejemplo,
que pueden ser tomadas como
referencia por la vanguardia en
momentos de mayor alza, así
como también de luchas como
la de los obreros en Sidor, donde
un sector incorpora demandas
como el control obrero y la organización
por la base que pueden
servir de base para futuras luchas
avanzadas.

Pero en su contracara el gobierno
viene endureciendo y enfrenta a los trabajadores tal como lo vimos
en el caso de Baxilum donde la
Guardia Nacional reprime abiertamente,
los jueces actúan con
sus leyes para desfavorecer a los
trabajadores y criminalizar las
luchas obreras tal como ocurre en
Fundimeca, pero donde también
lo hace junto al Ejército cuando
impide la caravana humanitaria
de ayuda a la lucha de los pueblos
originarios de los Yukpa. Frente
a esto no podemos quedarnos
de brazos cruzados, pues si esta
dinámica continúa se podrán
afianzar los elementos represivos
hacia los trabajadores. En este periódico
analizamos cómo algunas
de las leyes habilitantes avanzan
en este sentido criminalizando la
protesta y el derecho legítimo a
la huelga.

Pero los trabajadores nos encontramos
en buenas condiciones,
y tal como lo hemos venido afirmando,
se abren nuevas perspectivas
para el movimiento
obrero y para una política obrera
independiente, por el proceso
en curso de experiencia con el
chavismo. En este sentido es que
llamamos a la lucha más férrea
por la independencia de clase,
que los trabajadores y trabajadoras
solamente podemos confiar
en nuestras propias fuerzas, y la
necesidad de la construcción de
un poderoso partido obrero revolucionario
que se prepare para
los futuros acontecimientos que
vendrán.





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