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Periódico / Universidad

Jueves 25 de noviembre de 2010

Universidad

El presupuesto universitario, el gobierno y las autoridades rectorales

Por Ángel Arias, egresado de la UCV


El presupuesto para las universidades públicas está nuevamente en el centro del debate universitario y, hasta cierto punto, trasciende las paredes de estas. Las autoridades de las universidades públicas autónomas (UCV, UC, ULA, UDO, LUZ y USB) encabezan el reclamo por un mayor presupuesto, en tanto que el gobierno nacional desestima la necesidad presupuestaria, argumentando que es un asunto de mala o inadecuada administración, poniendo como ejemplo que las universidades controladas por el gobierno albergan más estudiantes con menos recursos que las autónomas.

Las desigualdades y corruptelas en las universidades son un hecho… el déficit presupuestario también

Es cierto que en las universidades autónomas la administración de los recursos no es democrática ni transparente, sino que en manos de las autoridades rectorales se presta para todo tipo de desigualdades y, por supuesto, negocios turbios. Cuando se trata de hacer “sacrificios”, son siempre el bienestar estudiantil, las condiciones laborales y la seguridad social de los trabajadores (tanto empleados como obreros y docentes) los que pagan los platos ratos. Mención especial merece la política de “ahorro” implementada a través de la tercerización y precarización laboral, mediante la cual las universidades van desplazando la contratación directa de trabajadores por la contratación de empresas privadas de vigilancia y servicios que traen “sus” trabajadores/as, a quienes mantienen en condiciones salariales miserables, sin ninguno de los derechos del contrato colectivo de los empleados y obreros universitarios, ni derecho a sindicalizarse. Es común también que en esos negocios de la universidad con contratistas privadas esté relacionado el interés de algún profesor enchufado en los hilos del poder universitario.

Pero esto no niega en modo alguno la gran necesidad de recursos en estas universidades, así como también en las experimentales y en las que controla el gobierno. En las universidades autónomas la permanencia es difícil para los pocos estudiantes provenientes de la clase obrera y el pueblo pobre, dadas las deficiencias en el bienestar estudiantil y en el acceso a los materiales y espacios de formación, por lo limitado o costoso de los mismos. Estas universidades son también las de los bajos salarios de los empleados y obreros de nómina (algunos cobran menos del salario mínimo), las del deterioro de las conquistas obreras (como los centros educativos para ellos o sus hijos), las de cientos de obreros sin vivienda propia. Es allí donde miles de trabajadores laboran en condiciones de precariedad (salarios miserables, sin estabilidad ni derechos contractuales) por esa política de “ahorro” mediante la tercerización laboral. Son también el lugar donde miles de profesores trabajan en condiciones de vulnerabilidad y precariedad laboral como eternos contratados, por la falta de recursos para la reposición de cargos.

Para dar solución de fondo a estos problemas no basta con quitar un poco de corrupción aquí y otro allá, sino que se requieren más recursos económicos. El gobierno sencillamente elude el asunto, desviando la atención hacia la administración interna. Por su parte las autoridades rectorales y los sectores que las respaldan (las direcciones sindicales de los profesores y la mayoría de los centros y federaciones estudiantiles), sólo toman el hecho del déficit presupuestario, mientras esconden las desigualdades y la corrupción de las universidades.

Una masificación a medias y asfixiada por la falta de recursos adecuados

Pero si es una realidad que los recursos de las universidades públicas autónomas resultan insuficientes para atender las demandas de sus trabajadores y estudiantes de las clases populares, lo es más aún cuando de la masificación se trata.

Las universidades autónomas son elitistas, sólo una pequeña minoría de sus estudiantes proviene de familias obreras y populares; pensar en que abran sus puertas al pueblo trabajador, evidentemente implica pensar en redoblar los recursos públicos para estas. Incluso en las propias universidades controladas por el gobierno, donde ha habido una importante ampliación del acceso, las deficiencias del bienestar estudiantil, los bajos salarios, la precarización laboral y las deficiencias de infraestructura educativa son también una realidad.

Es que la cuestión no es tan simple como aumentar el número de estudiantes. La masificación de la educación requiere de un gran desarrollo de la infraestructura educativa, del bienestar estudiantil y las condiciones laborales de sus trabajadores (empleados, obreros y docentes). Sino es así, la calidad de la educación y producción de conocimientos se ve fuertemente amenazada, por lo menos en ese aspecto. Es lo que ocurre hoy en las universidades controladas por el gobierno, donde además el discurso oficial pretende invisibilizar que la precarización laboral de sectores de trabajadores/as es un hecho que acompaña esta relativa masificación.

Mención aparte merece la cuestión de las libertades democráticas (de expresión, organización y movilización), que son condiciones claves para que la masificación no sea a costa de exprimir a un sector de la clase obrera: los trabajadores universitarios. En estas universidades estas libertades se encuentran a menudo bastante limitadas, gracias al control directo ejercido por el gobierno, que incluye designación a dedo de sus autoridades. Del mismo modo, el manejo de los recursos en estas universidades también es autoritario y antidemocrático.

¿Dejar la lucha por el presupuesto en manos de la derecha universitaria?

Por su subordinación al gobierno nacional, las corrientes estudiantiles y sindicales del chavismo en las universidades han abandonado la lucha histórica por el presupuesto, dejando esta bandera a la derecha universitaria. Es cierto que en las autónomas, las autoridades universitarias, las direcciones sindicales profesorales y la mayoría de los centros de estudiantes están alineados con la oposición burguesa y pretenden aprovechar el hecho cierto del déficit presupuestario como parte de su agenda política, pero eso en ningún momento cambia la naturaleza justa, y la necesidad, de la lucha por el presupuesto para la educación pública universitaria. Negarse a dar esta lucha ubica al chavismo en una posición reaccionaria, convalidando las precariedades que impone la economía capitalista y dependiente a la educación pública universitaria.

Por más presupuesto para las universidades públicas y su administración con democracia directa

Las grandes limitaciones en los recursos para la educación pública en general tienen que ver con el carácter explotador de la economía capitalista y con la expoliación imperialista en el país, que lleva a una gran concentración de riquezas en una minoría de propietarios y empresarios, tanto nacionales como extranjeros. Es por eso que los recursos públicos siempre resultan pocos para las dimensiones de las necesidades obreras y populares.

En este sentido, es necesario asumir una perspectiva anticapitalista y antiimperialista, que parta de arrancarle al Estado y a los capitalistas el dinero para garantizar el cumplimiento de las demandas sociales de los trabajadores y estudiantes universitarios, así como para garantizar las condiciones del ingreso libre, y la permanencia, del pueblo trabajador a las universidades.

Al tiempo que se pelea por más presupuesto debe darse también una pelea por una administración del presupuesto basado en la democracia directa, tanto en las autónomas como en las controladas por el gobierno, que ponga los recursos en manos de comités paritarios de delegados de los/as estudiantes, los/as trabajadores/as y los/as profesores/as, electos democráticamente en asambleas, responsables ante ellas y revocables por las mismas.

Esto como parte de la lucha por hacer de las universidades instancias al servicio de la clase obrera y el pueblo pobre.

¡Dinero para la educación, no para la deuda! ¡Abajo el pago de la deuda externa y fuertes impuestos a las ganancias capitalistas para financiar la educación universitaria masiva, gratuita y de calidad!

¡Comités tripartitos para administrar los recursos de las universidades!

¡Por una universidad al servicio de luchas de los trabajadores y el pueblo!





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