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Otros Artículos / Comunicados, volantes y declaraciones

Jueves 2 de febrero de 2012

CONFLICTO DIPLOMÁTICO POR MALVINAS

Fricciones y fuegos de artificio

Por Miguel Raider


La nueva escalada de fricciones abierta entre Inglaterra y Argentina vuelve a poner sobre el ruedo la legítima demanda nacional de recuperar las islas Malvinas, ocupadas por el imperialismo británico desde 1833. El reciente envío del destructor HMS Dauntless, el buque de guerra más importante de la Royal Navy, a aguas del Atlántico sur, resulta una nueva provocación, acompañada por el desembarco del príncipe William, heredero de la parasitaria monarquía pirata.

En el capítulo anterior Cristina criticó las declaraciones del premier británico David Cameron quien acusó de “colonialista” a la Argentina seguido del canciller William Hague quien defendió la ocupación de las islas haciendo alarde del “derecho a la autodeterminación de los pueblos”. ¡Qué ironía, los piratas que saquearon el mundo y arrasaron civilizaciones enteras acusan de colonialista a un país oprimido! Encima bregan por una presunta libre autodeterminación de una población británica transplantada, asociada a los negocios del Reino Unido en la explotación de la industria de hidrocarburos, pesca y minas. En 2010 la explotación de hidrocarburos pegó un salto con la instalación de la plataforma Ocean Guardian. Se estima que los recursos alrededor de las islas superan en diez veces a los existentes en el Mar del Norte.

Cristina descartó la suspensión de vuelos a las islas, dejando sin efecto las amenazas lanzadas en septiembre, incluso los rumores de un acuerdo con el gobierno de Piñera para congelar los viajes desde Punta Arenas. Con este bálsamo explora la posibilidad de algún tipo de negociación, apoyada sobre el pronunciamiento de 34 países latinoamericanos que ratificaron su posición a favor de la soberanía argentina sobre las islas, así como sobre la decisión de los países del Mercosur que resolvieron prohibir el ingreso a sus puertos de los barcos que porten la bandera de las “Falklands”. El “nacionalismo” del gobierno es perfectamente compatible con los negocios de las grandes multinacionales británicas que operan “libremente en el país” (con subsidios e infinidad de exenciones impositivas), como especificó Cristina en su discurso de reasunción. En realidad, detrás del discurso de “soberanía nacional” el gobierno encubre la entrega de los recursos naturales al capital extranjero (varias firmas británicas participan de la minería a cielo abierto), mientras intenta asociarse a los británicos en la explotación de hidrocarburos.

Hay fricciones, pero los fuegos son de artificio.

Ilusiones en EE.UU.

El canciller Héctor Timerman saludó efusivamente las declaraciones del gobierno de Obama, el que admitió que reconoce “de facto” la administración británica sobre las islas, aunque llama a establecer “negociaciones bilaterales por la soberanía” “mediante el diálogo en los canales diplomáticos normales” (La Nación, 21/01). Las alabanzas de Timerman a EE.UU. constituyen todo un despropósito con una gran causa nacional. No había terminado la celebración, que la petrolera norteamericana Andarko informó su intensión de invertir U$1.554 millones para asociarse con la petrolera británica Rockhoper en la explotación de hidrocarburos sobre la plataforma submarina de las Islas Malvinas. “Anadarko tiene la aprobación desde los más altos niveles (políticos) en los Estados Unidos” (La Nación, 23/01). Esta multinacional norteamericana está directamente vinculada con el Pentágono, donde hicieron escuela sus gerentes, Kevin Chilton, un ex comandante del Comando Estratégico de Estados Unidos, y Preston M. “Pete” Geren III, quien se desempeñó durante una década en el Departamento de Defensa norteamericano. También se anotaron otras petroleras norteamericanas como Hess, Noble y Murphy. ¿Acaso no significa un reconocimiento tácito de la soberanía británica sobre las islas? Asimismo, el auspicio de negociaciones entre las partes no es más que un engaño basado en palabras huecas del “derecho internacional” que elaboran las mismas potencias opresoras que lo burlan. Cuando la Autoridad Palestina impulsó el reconocimiento de Palestina como Estado independiente, EE.UU. y su aliado, el Estado de Israel, promovían el reestablecimiento de “negociaciones bilaterales” entre palestinos e israelíes, una maniobra para inmovilizar a las masas palestinas y garantizar la continuidad de la ocupación colonial del Estado sionista.

Tras la guerra de 1982, cuando EE.UU. prestó todo su apoyo a las tropas británicas, quedó en evidencia la relación de solidaridad entre los imperialismos a la hora de someter a un país oprimido. Los acuerdos regionales como el TIAR quedaron supeditados a los acuerdos entre potencias imperialistas.

Fuera el imperialismo

Es inconcebible luchar por la causa de Malvinas sin romper todas las ataduras con el imperialismo. La promulgación de la Ley Antiterrorista demuestra la sumisión y entrega del gobierno “nacional y popular” ante las imposiciones del GAFI y el G20. En el mismo sentido, el gobierno colaboró activamente con la demonización de Irán mediante la manipulación de la causa AMIA, un gran favor para el imperialismo que actualmente amenaza asfixiar su economía imponiéndole un embargo petrolero en el estrecho de Ormuz mediante una flota de buques de guerra norteamericanos, británicos y franceses. La misma política con la cual se disponen a indemnizar con millones de dólares a Azurix y Blue Ridge, las ex concesionarias de agua y gas que no invirtieron un centavo, gracias al fallo del CIADI, el tribunal arbitral que responde al Banco Mundial y el FMI. La supuesta jugada “antiimperialista” de Hermes Binner y Ricardo Alfonsín no fue más que un fraude: ambos presentaron una moción a favor de la soberanía de Malvinas en el Consejo de la Internacional Socialista, donde tanto el laborismo británico como la socialdemocracia europea apoyan a Inglaterra y sus territorios de ultramar, tal como figura en los protocolos de constitución de la Unión Europea.

Hace pocos días, Cameron y el Consejo de Seguridad aprobaron un “plan de contingencia” a fin de incrementar el número de efectivos militares en las islas. Es que Gran Bretaña sigue siendo una potencia colonial que amenaza a nuestro país con la base militar de la OTAN instalada en las islas, la más importante de Latinoamérica, que cuenta hasta con una flota de helicópteros y aviones de combate, una estación de radar, una batería de misiles y más de 2000 soldados de la Royal Navy. Es más, ante posibles bloqueos Cameron anunció la construcción de un aeropuerto en la isla de Santa Elena como un punto de conexión en mitad del océano Atlántico con las islas.

Para expulsar al imperialismo es necesario apelar a la movilización en las calles de los trabajadores y los pueblos oprimidos de toda Latinoamérica, llamando incluso a los trabajadores ingleses a enfrentar a su propio gobierno que mantiene esa infraestructura militar con cientos de millones de dólares mientras procura descargar sobre sus espaldas los costos de la crisis económica internacional. Cabe recordar que tras la derrota de la guerra de Malvinas, la ex premier Margaret Thatcher, fortalecida por la ola chauvinista, atacó duramente a los trabajadores ingleses, derrotando la gran huelga minera de más de un año que provocó miles de despidos, un jalón decisivo para implementar la ofensiva neoliberal.

Para enfrentar efectivamente al imperialismo es necesario tomar medidas que afecten decididamente sus intereses, todo lo contrario de lo que hicieron el genocida Galtieri y una dictadura militar muy audaz para torturar pero completamente cobarde para luchar contra las tropas inglesas.

Es necesario romper todos los acuerdos políticos, económicos y militares y expropiar todas las empresas y capitales británicos. A problemas drásticos medidas drásticas. Fuera el imperialismo de Argentina y de toda America Latina.


Informe Ratenbach

Cristina anunció la desclasificación del secreto de Estado sobre el informe Ratenbach, la investigación elaborada por el Ejército sobre la guerra de Malvinas. En realidad, la parte más sustancial del texto ya fue difundido a mediados de los ’80. El general Ratenbach calificó el operativo de guerra como una “aventura” y sugirió la “pena de muerte” para los responsables. Formado en la tradición del viejo Ejército prusiano, Ratenbach se proponía preservar a las FF.AA. asesinas en tanto pilar del Estado de los capitalistas, desplazando el oprobio de militares como Astiz, un cobarde que rindió sus tropas sin disparar un solo tiro.

La medida recibió el elogio de la intelectual liberal Beatriz Sarlo, quien reduce la guerra de Malvinas al espantajo de la dictadura militar en pos de enterrar el “patriotismo despótico” y el “nacionalismo malvinero” de las grandes masas en ese entonces (La Nación, 27/01).

Evidentemente, el gobierno de Cristina se propone legitimar una política de negociación, desacreditando el derecho soberano de la nación oprimida a romper las cadenas con el imperialismo.





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