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Otros Artículos / Comunicados, volantes y declaraciones

Viernes 6 de febrero de 2009

MEDIO ORIENTE

Gaza: una tregua inestable

Por Cristhian Castillo


Con la infraestructura de la Franja destruida (13.000 viviendas fueron barridas según informan las Naciones Unidas), Gaza vive una tregua inestable, donde la continuidad del bloqueo económico -que Israel mantiene desde hace meses buscando quebrar la capacidad de resistencia de la población- se combina con el retorno intermitente de las bombas israelíes. El sábado 31 de enero, por ejemplo, los aviones israelíes volvieron a bombardear en seis incursiones la frontera con Egipto, acción justificada por Ehud Olmert, el primer ministro israelí, diciendo que “si había lanzamiento de proyectiles sobre los habitantes del sur, habría una dura respuesta israelí que será desproporcionada” (La Nación, 01-02-09).

Mientras en todo el mundo el sionismo ha intentado acallar las críticas a la masacre criminal denunciando supuestos “rebrotes antisemitas” (como vimos en nuestro país) en bambalinas, y no tanto, en estos días hemos visto la vuelta de distintas acciones diplomáticas, todas coincidentes en perpetuar las condiciones de sometimiento colonial del pueblo palestino.

Lo más novedoso han sido las presiones para incluir directamente a Hamas en nuevas negociaciones, algo planteado casi en simultáneo por Tony Blair, James Carter, Bernard Kouchner (ministro de relaciones exteriores de Francia) y el gobierno turco.

Blair, por ejemplo, afirmó que “La política seguida hasta ahora por el cuarteto (formado por la ONU, Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea) de aislar a Hamas para concentrar los esfuerzos de reconciliación en Cisjordania, no podía funcionar y no funcionará (…) Desde hace algún tiempo estuve diciendo que se necesita una estrategia completamente diferente (…) Si uno intenta simplemente apartar a un lado a Gaza (territorio controlado por Hamas), al final la situación se convierte en algo tan grave que termina por estallar” (Página 12, 01-02-09). Recordemos que estamos hablando de quien fue uno de los principales lugartenientes de Bush en la ofensiva sobre Irak y en apoyar la clasificación de Hamas como “organización terrorista” por parte de la Unión Europea.

¿GIRO EN LA POLÍTICA DE EE.UU.?

Hay distintos analistas que sostienen que estas declaraciones son el preludio de un cambio de política en la misma dirección por parte del gobierno de Obama. El analista argentino, Santiago O’Donnel, por ejemplo, señaló en su columna dominical del diario Página 12 que “La diplomacia francesa estaría dispuesta a soslayar la falta de reconocimiento que hace Hamas del Estado israelí para empezar a negociar –siempre y cuando el movimiento islamista renuncie a la violencia–. Y lo haría porque prevé que Obama camina en la misma dirección, señalan los periodistas. Por eso da la sensación de que, con el nuevo liderazgo estadounidense, un acuerdo de paz para Medio Oriente es posible en un tiempo no muy lejano. Porque Carter pudo, porque Obama podría y porque sí se puede” (Página 12, 01-02-09). Sin embargo, que la política de EE.UU. gire hacia incluir a Hamas en nuevas negociaciones del tipo de las que llevaron a los Acuerdos de Oslo en 1994 es todavía sólo una hipótesis. No olvidemos que Obama antes de asumir dejó correr los bombardeos israelíes y que luego de la visita a la región de su enviado especial, George Mitchell, la secretaria de Estado Hillary Clinton repitió el discurso que venía manteniendo la administración Bush. Mitchell, además, rechazó reunirse durante su gira con Hamas y sólo lo hizo con los dirigentes de la desacreditada Autoridad Nacional Palestina. Girar hacia una política de un “Oslo senil” que incluya a Hamas en las negociaciones depende de un conjunto de factores que difícilmente se conjuguen en medio de una galopante crisis capitalista internacional y de una tendencia al agudizamiento de los conflictos entre clases y Estados.

En primer lugar, hay que ver cómo queda definido el mapa político israelí luego de las elecciones del 10 de febrero. Ahora está muy derechizado, al punto que no sólo el Likud, liderado por Benjamín Netanyahu, encabeza las encuestas, sino también el partido liderado por el xenófobo antiárabe Avigdor Lieberman, Yisrael Beiteninu (“Israel es nuestra casa”), se está transformando en una de las estrellas de la campaña electoral y podría ser el que defina quién encabezará el nuevo gobierno (que en Israel se elige parlamentariamente, en general a partir de la conformación de diversas coaliciones como la que gobierna actualmente entre el Kadima de Ehud Olmert y Tzipi Livni y el laborismo encabezado por Ehud Barak). Si bien la prensa ha filtrado trascendidos respecto a que de ganar las elecciones el bloque Kadima-laborismo podría flexibilizar la posición actual y aceptar una especie de “Oslo senil”, los dirigentes israelíes no dejan de recordar que la firma de dichos acuerdos le costaron la vida a Isaac Rabin a manos de un fanático religioso israelí, Igal Amil, en momentos en que la derechización y la xenofobia de la población israelí era menor a la actual. A su vez, en el campo palestino no existe un liderazgo más o menos unificado –el mismo Hamas se encontraría tensionado entre el sector que está en Damasco, comandado por Jaled Mechal y quienes están en Gaza, encabezados por Ismail Haniya– como el que en los momentos de aquellas negociaciones ejercía Yasser Arafat, quien pese a su prestigio debió enfrentar el rechazo de Hamas y de disidentes dentro de la OLP como la del célebre escritor palestino Edward Said, quien consideraba a los acuerdos de la conferencia de Madrid y de Oslo una renuncia a la lucha por los derechos nacionales del pueblo palestino. Desde entonces, la situación del pueblo palestino no ha hecho más que empeorar.

OBAMA Y LA POLÍTICA HACIA IRÁN

Por último, pero no menos importante, es difícil que una capitulación de Hamas aceptando una ficción de Estado palestino pueda darse sin mediar una negociación respecto a un nuevo modus vivendi con Irán –donde en junio hay elecciones presidenciales– en todo el Medio Oriente. Este estado es quien más se ha beneficiado con el fracaso de la política de Bush en la región y, junto con Turquía –cuyo gobierno hace demagogia con la defensa de la causa palestina mientras es uno de los principales socios políticos y militares de Israel-, está disputando el liderazgo en el mundo islámico, ante el fuerte desprestigio sufrido por los gobiernos más colaboracionistas con Estados Unidos, como Egipto, Jordania y Arabia Saudita. Pero si Obama modificará los ejes centrales de la política bushista hacia Irán es algo que todavía está por verse, más allá de las declaraciones del nuevo presidente respecto a que si Irán “abre el puño” encontrarían “una mano tendida” en su gobierno, y de las del vicepresidente Joe Biden respecto a que EE.UU. no persigue “cambio de régimen” en la nación persa. Un artículo reciente de The New York Times señala que lo más probable es una combinación de “diálogo con más dureza”. En él se cita a Gary Samore, un ex negociador de la administración Clinton para el control de armas (que se espera sea el “zar” de Obama para la no proliferación de armas nucleares), diciendo que “cualquier zanahoria ofrecida a Irán debe ir acompañada de un garrote más grande”. En particular para convencer a los países de la Unión Europea, Rusia y China de ser más duros en las sanciones comerciales contra el régimen islámico si no desiste de continuar con su programa de enriquecimiento de uranio.

En todo caso, cualquiera de las variantes que se manejan implica querer forzar a los palestinos a aceptar un destino colonial. Lo más que les ofrecerían sería una ficción de Estado, una suerte de “bantustanes” sin conexión entre sí, sin el derecho al retorno para los palestinos expulsados de sus tierras, con el control israelí de los recursos estratégicos, como el agua y la energía eléctrica, y sin derecho a contar con un ejército propio.

Pese al cese de los bombardeos permanentes, la opresión a los palestinos continúa. El movimiento internacional que se desarrolló a partir de la masacre a Gaza debe continuar actuando: alto a toda agresión militar a Gaza; fin del bloqueo impuesto por Israel y Egipto a Gaza y por la liquidación del “muro del apartheid” en Cisjordania; juicio y castigo a los responsables de la masacre; retiro inmediato de Israel de todos los territorios ocupados; por la inmediata liberación de todos los presos políticos palestinos; por el derecho de los palestinos al retorno a sus tierras; ruptura de relaciones con Israel y no ratificación del Tratado de Libre Comercio entre el Estado sionista y el Mercosur. Son estas las consignas que hoy deben servir de base para continuar la movilización unitaria en apoyo a la lucha del pueblo palestino.





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