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Miércoles 9 de marzo de 2016

NACIONAL

La derecha lanzó su plan destituyente

Por Milton D’León


No era inesperado. La derecha ya había anunciado a principios de enero que buscaría todas las maneras posibles para conseguir “la salida de Maduro”. En su envalentonamiento luego de su triunfo electoral de diciembre, los avances de la derecha continental -con Macri en Argentina, la derrota de Evo Morales en el referéndum y más recientemente con el acoso al PT y a Lula en Brasil- que se complementa con el aval del imperialismo renovando el decreto de Obama de que Venezuela es una amenaza para Estados Unidos, la derecha venezolana decidió salir de una vez por todas a aprovechar el momento político para forzar “la salida de Maduro”.

La “Hoja de Ruta” de la MUD

En horas de la mañana de este martes, la llamada Mesa de Unidad Democrática (MUD) llamó a aplicar todos los mecanismos para lo que llaman ejercer “un cambio de Gobierno”. "No solo vamos a cambiar al presidente, vamos a cambiar al Gobierno (...) La Unidad ha tomado la decisión unánime de aplicar todos los mecanismos de cambio”, sostuvo el Secretario Ejecutivo de la MUD, Jesús Torrealba, en una rueda de prensa en la que estaba presente todo el personal de la derecha del país.

Con un discurso y comunicado lleno de demagogia, el plan de la oposición es activar simultáneamente tres políticas, en lo que ha llamado “La Hoja de Ruta 2016” que establece la solicitud de la renuncia a través de movilizaciones y acciones de calle, la aprobación una enmienda constitucional para reducir el mandato y lograr celebrar unas elecciones en los próximos meses, y la activación del referendo revocatorio a través de la recolección de firmas. Todo esto mientras hablaba de “convocar a un Gobierno de Unidad Nacional”, e incluso de que "no dudarán en activar un proceso constituyente que estaría a salvo del sabotaje", señalando que la primera movilización se realizará el próximo sábado 12 de marzo en Caracas, en la que se exigirá la renuncia del Nicolás Maduro.

Ramos Allup ya había anunciado que procederán a utilizar cuanto recurso tuviesen en su poder para avanzar en su plan destituyente, donde la derecha busca la salida de Maduro lo antes posible: “un sistema para cambiar el gobierno por vía constitucional en un lapso de 6 meses”. Pero la demora devenía en las desavenencias internas entre las distintas fuerzas que conforman la MUD, que no terminaban de decantar un mecanismo específico en el plan destituyente, por lo que terminaron optando por los tres mecanismos que se discutían a lo interno. La derecha asevera que a través de la “Hoja de ruta 2016” es la continuación del triunfo electoral logrado el pasado seis de diciembre, cuando la oposición lograra ser mayoría en el parlamento.

La respuesta del gobierno no tardó en llegar por sus voceros políticos, aludiendo a planes golpistas. El gobernador del estado Aragua, Tareck El Aissami declaraba que “la MUD son los operadores que intentarán aplicar el decreto Obama en Venezuela, ellos han liberado la hoja de ruta para dar un golpe de Estado (...) Ellos anunciaron una ruta violenta para derrocar al gobierno legítimo y constitucional del presidente Nicolás Maduro". Aseverando también que: "Que ellos sigan su agenda al vacío, su agenda golpista. Nadie podrá sacarnos de nuestro propósito que es la paz nacional y la activación de la economía de Venezuela, que ellos sigan siendo serviles al imperialismo yanqui".

Lo que no dicen los representantes del PSUV y del Gobierno es que han sido justamente ellos los responsables que hoy exista una derecha envalentonada, que jamás dieron respuestas estructurales de fondo al pueblo mostrando el fracaso de un proyecto nacionalista burgués.

Mayores crisis se prefiguran pero cruzadas de incertidumbre

Es claro que las tensiones y enfrentamientos más agudos se ciernen cada vez más en Venezuela, en medio de una agobiante crisis económica que golpea con ferocidad al pueblo. El gobierno de Maduro, en medio de la pugna de poderes que se ha venido desarrollando luego que la derecha adquiriera la mayoría en la Asamblea Nacional, ha venido intentando disminuir el “poder de fuego” de la oposición de derecha que ahora controla el Poder Legislativo. Por su parte la derecha que no encuentra la forma de hacer valer su triunfo electoral de diciembre, recurre ahora a una serie de mecanismos para forzar la salida de Maduro.

Pero otro de los dilemas de la derecha, no sólo es que el gobierno de Maduro busca disminuirle “el poder de fuego”, ya sea vía el control del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y otras instituciones de Estado, sino que hasta el momento, si bien la derecha ha mostrado fuerza electoral, esto no lo ha demostrado como fuerza de movilización de calle. Es lo que un analista vinculado a la derecha como Luis Vicente León reconoce cuando se pregunta si la oposición “¿podría presionar por sus derechos con el pueblo en la calle, en protesta y presión?”, para terminar respondiéndose que “mi impresión sobre este punto es que la oposición no tiene la capacidad para capitalizar un evento de ese tipo. Su soporte actual es una mayoría de tipo electoral, pero no necesariamente se traduce en fuerza de calle o de choque”.

En medio de toda su demagogia política, recurriendo incluso a un arsenal de frases que algunas parecen copiadas del propio chavismo, buscan incidir con esta su “Hoja de ruta” intentando generar fisuras públicas en el chavismo, pero no sólo en el de las bases sino en el alto escalón o poderes de mando, aprovechándose del mismo agotamiento que agobia al gobierno y la alta cúpula del chavismo. Pero también buscando incidir por la vía de mostrar “poder de fuego”, sobre todo en las Fuerzas Armadas (FFAA), ya que no es un secreto para nadie la actividad febril de la derecha dentro del estamento militar.

Es que si bien el escenario es incierto en el país, el gran dilema de fondo en toda esta crisis abierta es el papel que podrían jugar las FFAA. En un artículo de hace un par de semanas escribíamos que “Para un régimen de gobierno como el del chavismo, donde las Fuerzas Armadas han tenido a lo largo de década y media una ubicación clave en la vida política del país, además de una importante incursión en actividades económicas y comerciales, desarrollando intereses materiales y beneficios "del modelo", las FF.AA vienen a ser una variante fundamental a la hora de cualquier transición, y más aún de una situación más caótica”. En función de todo esto es que el Gobierno de Maduro le ha venido haciendo cada vez mayores concesiones a las FFAA, no solo en el campo político, sino también “material” a punta de concederle grandes negociados para su enriquecimiento e influencia.

Es que el futuro del chavismo en el actual gobierno, con una oposición cada vez más amenazante por destituirlo, depende fundamentalmente del comportamiento de las FFAA. Y es que ha sido ha sido el agotamiento económico y político del chavismo, que consta de una muy precaria estabilidad política, augurando posibles convulsiones sociales y donde persiste la incertidumbre por la duración del gobierno de Maduro, el motivo por el cual le garantiza los intereses a la alta burocracia militar para mantenerla de su lado.

Y la crisis económica se acelera

Mientras todo esto acontece el gobierno de Maduro cada vez se muestra incapaz de lidiar con la crisis económica que cada vez más se profundiza. La llamada Agenda Económica Bolivariana no pasa de planes rimbombantes preñados de deseos que no tienen ningún asidero en un país que cada vez más se ve cercado por la fuerte caída de los precios del petróleo, una acuciante caída de las reservas internacionales y la sangría vía los fuertes pagos de la deuda externa. Se llega al extremo incluso de hacer recaer sacrificios sobre el pueblo para honrar compromisos con acreedores internacionales e incluso de llegar a acuerdos con transnacional que implican mayor subordinación y dependencia nacional como el realizado recientemente con Gold Reserve que implica incluso destrucción ambiental como ya lo hemos denunciado.

Por eso, mientras los de arriba se pelean (Gobierno PSUV y oposición de la MUD), los de abajo seguimos pagando la crisis, para lo que se hace imprescindible luchar por la mayor unidad posible entre los trabajadores y la mayor independencia frente a las distintas fracciones de la clase dominante y de la casta política gobernante, sin caer en la demagogia de derecha ni en las ilusiones del gobierno.


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