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Periódico / Mundo Obrero

Miércoles 16 de junio de 2010

GUAYANA

La farsa de “Control Obrero” de la Comisión Presidencial

Por Trabajadores de Sidor en la LTS


El pasado 15 de mayo, en el acto realizado en Guayana y transmitido en cadena nacional, Chávez lanzó la segunda fase del “Plan Socialista Guayana 2009-2019”. Luego de comunicar el paso a la órbita del Estado de la empresa procesadora de bauxita NorPro y la “nacionalización” del sector transporte de las materias primas de las industrias básicas, Chávez nombraba a los presidentes de SIDOR, CARBONORCA, ALCASA, VENALUM, BAUXILUM, FERROMINERA Y ALUNASA, y anunciaba el comienzo de un supuesto “control obrero” en las empresas de Guayana. Al juramentar a los nuevos presidentes de las empresas, los llamó a pelear “… a favor de la productividad, la sustentabilidad de cada una de las empresas… así como por la lealtad hacia el Gobierno Bolivariano” [1]. Pero ya Chávez había anunciado meses antes cómo sería este “control obrero”: “Así lo quiero y debe ser”, había sentenciado desde el teatro Teresa Carreño días antes de los actos oficialistas por el 1º de Mayo, y divulgaba su verdadero contenido: una “junta contralora de los obreros” que “trabajarán en conjunto con una comisión especial del Ministerio para la Planificación”. Así se instaló la “Comisión Presidencial para el Control Obrero”, créase o no.

Empresas en crisis e hipotecando la producción

Las actuales empresas básicas en Guayana se encuentran en crisis tal como es de reconocimiento oficial, cuestión que se vio agravada por la propia crisis energética. Con esta “nueva fase” del Plan Guayana, el gobierno intenta levantarlas en base a fondos extranjeros, comprometiendo la producción de las mismas con las llamadas ventas a futuro. El gobierno por todos lados ha preferido beneficiar a las transnacionales, como se observó con los pagos multimillonarios por cada una de las empresas que nacionalizó, cuando lo que se debía haber hecho era la confiscación directa, es decir su nacionalización sin indemnización alguna a los pulpos internacionales. Recordemos que existe un total estimado de dinero que se ha ido como “indemnización” a las trasnacionales de alrededor de 20 mil millones de dólares [2]. No se trata solamente del Fondo Chino-Venezolano, donde el país asiático aporta 8 mil millones de dólares con la garantía del suministro petrolero de PDVSA a China a través de CNPC (Compañía Nacional de Petróleo de China) a futuro, que completan 12 mil millones con el aporte por parte de Venezuela de 4 mil millones, un acuerdo que contiene una cláusula que permite la intervención directa de China en el manejo de los recursos –prácticamente igual a los esquemas de financiamiento internacional–.

En el caso de las industrias básicas de hecho se hipotecan las empresas, como lo reconoció recientemente Rodolfo Sanz, ex ministro de Industrias Básicas y Minería, con las ventas a futuro [3] tal como se hace en la industria del aluminio suscribiendo contratos con empresas transnacionales: la empresa CVG Venalum y la multinacional Glencore AG [4] firmaron un convenio a seis años para la "entrega controlada" de 360 mil toneladas de aluminio primario, contratos que alcanzan la cifra de alrededor de 405 millones de dólares. “Yo vendí aluminio a futuro y me pagaron por adelantado, más nada” cínicamente afirmó Rodolfo Sanz recientemente [5]. No es casualidad entonces que, en lugar de anunciar un aumento generalizado de salarios, que tanto necesitan los trabajadores del sector, o la incorporación a nómina de los miles de tercerizados para acabar con sus condiciones de precariedad laboral y superexplotación, empieza exigiendo más productividad, queriendo hacer recaer sobre los trabajadores las brutales hipotecas para garantizar las producciones a futuro con transnacionales, y mandara a callar a un trabajador del sector del aluminio, en plena cadena nacional, que planteaba públicamente los atrasos salariales.

Un “control obrero” que no controlan los trabajadores

Ya hemos escrito diversos artículos discutiendo sobre este “control obrero” en las empresas básicas cuando se lanzara inicialmente la primera fase del Plan, hace exactamente un año. En su momento afirmábamos que “en lugar de un ‘control obrero de la producción’ en verdad de lo que se trata es de un ‘control sobre los obreros’”, para convertirlo en una correa de transmisión de su política laboral y de control social. Y sosteníamos que “todo este discurso del ‘control de la producción’ por parte de los trabajadores como se plantea en el Plan Guayana, no tiene nada en común con el verdadero contenido del control obrero sobre la industria, pues, la esencia de la cuestión en esta administración que pretende Chávez no es otra cosa que realizarla por medio de la burocracia sindical que es independiente de los obreros, pero que al contrario, depende completamente del Estado burgués” [6].

Es por eso que Chávez, en su discurso de juramentación, empieza exigiendo “lealtad” al gobierno por parte de los nuevos presidentes que dicho sea de paso todos son integrantes del PSUV. Ninguno fue electo por la base de los trabajadores, como miente el gobierno, sino salidos de acuerdos entre las gerencias y unas “mesas de trabajo” que montaron con las corrientes y activistas del PSUV en cada empresa, convirtiéndose de esta manera en funcionarios administrativos directos del gobierno, lejos de cualquier “control obrero”.

Si tomamos el ejemplo de Sidor, de los más de 13 mil trabajadores que componen la empresa, la elección de los participantes se hizo en noviembre de 2009, con 600 empleados que nombraron como voceros a 200. Por eso, como relataron algunos periodistas que cubren las cuestiones sindicales de la región, “la promoción del control obrero en la Siderúrgica del Orinoco (Sidor) ha desatado todo tipo de confrontaciones. Los trabajadores sienten que las grandes decisiones de la acería han sido tomadas por un grupo que no representa a la mayoría”. Así recogían de una asamblea en el portón 3 de la empresa voces de obreros que afirmaban: “… aquí hay cosas que hay que decir porque hay una sensación en el movimiento de que su postulación [la del presidente] la hizo el control obrero -que no lo controlan los trabajadores. Yo quiero hacer una pregunta: levanten la mano los trabajadores que fueron consultados por nuestro control obrero para que el camarada sea hoy el presidente de Sidor” [7]. Obviamente prácticamente nadie levantó la mano.

Contra el “control sobre los obreros” del gobierno hay que luchar por un verdadero control obrero de la producción

Sólo un control obrero ejercido realmente por las organizaciones de los trabajadores y que surja de la más completa democracia obrera, puede significar una continuidad de las experiencias concretas de los trabajadores de los últimos años con respecto al control de los trabajadores de la producción, como fueron los casos en las refinerías de Puerto La Cruz y El Palito durante el paro saboteo, o más recientemente en Sanitarios Maracay. El “control obrero” del gobierno y su Comisión Presidencial no es ni una medida para controlar la empresa por parte de los trabajadores, mucho menos para liberar a la clase obrera de la explotación, por lo que transforma a las burocracias sindicales en sus funcionarios administradores. Por eso es clave luchar por la completa independencia del movimiento obrero y la democracia obrera en las empresas. La independencia de los sindicatos para que estos no se conviertan en la correa de transmisión de las directrices gubernamentales y patronales, la democracia obrera para luchar por una composición revolucionaria de los mismos y así puedan estos convertirse en organizaciones de combate que respondan a las necesidades de los trabajadores, o confluir con el surgimiento de organismos superiores para esta tarea, como los comités de control y gestión obrera.

Llamamos a los trabajadores a imponer con su movilización el verdadero control obrero de la producción, pues no se trata ya de gestionar en conjunto con los capitalistas o gerentes nombrados por el Estado, sino de hacerlo de acuerdo a las necesidades e intereses de las y los asalariados, de quienes hacen andar las ruedas de la economía nacional. Es por eso que todos los trabajadores y trabajadoras, sindicalizados o no, tanto fijos como contratados y tercerizados, sin discriminación, tienen el derecho democrático a ejercer el control de la fábrica, mediante sus representantes directos electos por la base. Por ejemplo, se pueden elegir por cada departamento un delegado cada 20 trabajadores, es decir uno por cuadrilla, y estos delegados son los que ejercen el control en el departamento, a su vez escogen de entre ellos a los que ejercen a nivel de gerencias y los de las gerencias eligen de entre ellos a los que ejercerán a nivel de toda la empresa.

Esta fue una de las experiencias que impulsó la Tendencia Clasista Revolucionaria (TCR) al principio de la nacionalización en toda la gerencia de Productos Planos, pero que la directiva de la empresa llamó a desmontar. En este sentido, todos los delegados son revocables en cualquier momento por la base que lo eligió. Ninguna decisión trascendental se toma sin consulta y aprobación de las respectivas asambleas, que son la máxima instancia de decisión, así la base obrera es realmente soberana y lleva realmente las riendas de la fábrica y sus conducción; es decir, así controlan los obreros la empresa y su gestión.
En esta elección de los trabajadores, es inaceptable ninguna discriminación de compañeros o corrientes de acuerdo a su posición política. Es completamente contrario a la democracia obrera, y un gran absurdo, pretender un "control obrero" si solo pueden participar del mismo quienes comulguen con el patrón o con el partido del gobierno. ¡Es la base obrera la que eleva o no a determinados compañeros/as y corrientes políticas a los puestos de responsabilidad del control en la empresa! La democracia obrera debe permitir la expresión de todas las corrientes de opinión que existen en el seno de los trabajadores, su lucha democrática y su posibilidad de postularse ante el conjunto de los trabajadores. Los trabajadores se ganan el derecho a controlar la empresa porque ¡trabajan allí y son los que producen las riquezas!, no porque estén o no con el gobierno o la gerencia de la empresa.

El objetivo es controlar la gestión de todo el proceso de la empresa en función de las necesidades y exigencias obreras: su objetivo es evitar la explotación, la vejación, los despidos que echan a la calle a compañeros, los accidentes laborales que traen la muerte de los obreros. Por eso se debe tener libre acceso a toda la información financiera y económica de la empresa, se debe poder revisar y rediscutir el plan de contrataciones, de inversión, de compras, se deben revisar las condiciones de trabajo y decidir contra la superexplotación que implica la tercerización. Las instancias de control obrero pueden y deben tener sus órganos divulgativos propios dentro de la empresa, sus boletines para informar a los trabajadores, órganos que expresen genuinamente la posición de los trabajadores, con plena independencia de la gerencia. Su objetivo debe ser también dirigirse a los demás trabajadores de la industria y del país, a los sectores pobres, a los desempleados, para mostrar la realidad de la empresa y la industria, y buscar sellar una alianza, mostrando una alternativa propia de los trabajadores a los problemas específicos que afectan a la clase obrera y al pueblo pobre. Y debe dar las garantías democráticas dentro de la fábrica para la actividad de los trabajadores, es decir, oponerse a cualquier acción de los órganos del Estado, como la Guardia Nacional o "Cuerpos Combatientes" que vulneren el libre ejercicio de la democracia de los trabajadores y su legítima lucha.

El control obrero no es un asunto de decisiones administrativas de gobiernos o gerencias de empresa, sino que es un mecanismo de lucha de los trabajadores para alcanzar sus objetivos, pues en una sociedad de explotación y en unas fábricas donde los trabajadores no son más que objeto de explotación de su trabajo, una de las maneras más avanzadas para luchar contra esos males es precisamente arrancar de los explotadores el control del trabajo y ponerlo bajo el control de los propios productores de las riquezas. Esto puede transformarse en verdaderas escuelas de economía planificada y en la experiencia que demuestre la necesidad de avanzar sobre el control de los trabajadores a toda la rama de la industria, la banca y el conjunto de la economía nacional, en la perspectiva de avanzar hacia un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre, pues es la única manera realista de dar al traste con la explotación capitalista. De eso se trata, y por eso para que sea verdadero debe ser un poder obrero real, plenamente independiente de el de los patrones, un poder propio de los explotados para evitar seguir siendo pisoteados, explotados y humillados.

[1VTV / Aporrea.org, 15/05/2010

[2Ver Dossier sobre Nacionalizaciones, En Clave Obrera Nro. 23.

[3El Universal, 06/06/2010. Entrevista a Rodolfo Sanz.

[4Propiedad del millonario judío-americano March Rich (nacionalizado español), quien en varias oportunidades se ha visto envuelto en escándalos por supuesta evasión de impuestos, y quien es asociado a negocios con armas rusas y petróleo.

[5El Universal, 06/06/2010. Entrevista a Rodolfo Sanz

[6“Control burocrático sobre los obreros, y no control obrero de la producción”. En Clave Obrera Nro. 23.

[7Correo del Caroní, 18/05/2010.






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De cómo se juntan una transnacional japonesa y del gobierno de Chávez para aplastar con saña la resistencia obrera




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