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Periódico / NACIONAL

Lunes 25 de julio de 2011

REGIÓN

La política regional de Chávez y los intereses del imperialismo yanqui

Por Milton D’León


Lo que comenzó con una colaboración estrecha del gobierno de Chávez con el régimen colombiano tras la llegada de Santos a la presidencia, se ha extendido a un conjunto de pactos y acuerdos que han venido excediendo la política binacional, dando inicio a todo un giro político en el entramado de la política regional. Del restablecimiento de los acuerdos comerciales con el gobierno y la burguesía colombiana, incluyendo el pago de deudas e indemnizaciones a empresarios colombianos por la suspensión de las relaciones durante del gobierno de Uribe, se avanzó a la colaboración estrecha con el gobierno de Santos para establecer un cerco y persecución a combatientes y luchadores sociales para su captura y entrega al régimen genocida de Santos, y se ha completado con la cooperación directa para la legitimización del gobierno surgido del golpismo en Honduras tras los acuerdos de Cartagena, con el reconocimiento de Lobo, electo de manera fraudulenta bajo el cobijo del gobierno golpista de Micheletti, y cuando el partido de Zelaya estaba totalmente proscripto. Significa todo un salto político para un gobierno que se dice, no sólo progresista y “antiimperialista” sino que incluso que habla de “socialismo”, totalmente funcional a los intereses del imperialismo norteamericano en la región, dando inicio a una diplomacia contrarrevolucionaria que contribuye a aplastar a los movimientos de resistencia ante los planes de las burguesías locales y del imperialismo.

Un gobierno que se jacta de una política de “plena soberanía” ante los intereses norteamericanos, ha afianzado las alianzas con los servicios de inteligencia colombianos, que por interpuesta persona implica en los hechos también la cooperación con los del gobierno norteamericano, a sabiendas que quien tiene gran participación y controla los de Colombia son los propios Estados Unidos. En un país donde viven más de dos millones de trabajadores y campesinos colombianos, en su gran parte huyendo de la persecución del régimen genocida, desplazados de guerra y por expulsión de sus tierras por la guerra de la rancia burguesía, y en busca de un lugar de trabajo tranquilo sin el acosamiento político cotidiano y el asesinato de miles de sindicalistas, estos pactos con los servicios de inteligencia colombianos no son más que la extensión de la guerra sucia al territorio venezolano para liquidar la resistencia de un pueblo que en décadas ha venido enfrentando al régimen genocida colombiano. Es por eso que no se trata solamente de la entrega de algunos guerrilleros particulares, sino toda una extensión ofensiva al acoso, a la persecución y a vivir nuevamente con el miedo de millares de colombianos que sus movimientos políticos y sociales que activan en el país estén bajo la sospecha y la mira del régimen colombiano, y por cualquier decisión de la justicia burguesa y del gobierno de Santos, puedan ser enviados a que se los condene a vivir en las mazmorras donde ya se pudren miles de trabajadores, campesinos, estudiantes, de los movimientos populares e intelectuales. Como afirmamos cuando fue capturado Joaquín Becerra, “Santos ha dejado claro que la lucha contra los combatientes colombianos ‘va con todo y desde todas partes’, gracias a la colaboración del gobierno de Chávez que contribuye a su cerco y a su captura, ya que Venezuela se suma la ‘política de seguridad’ de Colombia”. Es por eso que el plan Cóndor ha venido a la mente de muchos luchadores de toda Latinoamérica con esta política colaboracionista.

No es algo menor tampoco lo que activaron los gobiernos de Chávez y Santos en los acuerdos de Cartagena hacia Centroamérica, específicamente en Honduras. Los acuerdos que se tradujeran en el reconocimiento de Lobo, surgido del propio golpismo, pacto que sería aplaudido por el propio Estados Unidos, ratificado por los países centroamericanos posteriormente y legalizados en la reunión de la OEA por todos los países del continente –a excepción de Ecuador–, implicó la legitimización del primer golpe a nivel continental desde que cayeran las dictaduras genocidas en los años 70 y 80. Reconocen un gobierno que es odiado por el movimiento de masas, y justo cuando éste más reprimía a miles de trabajadores, pobladores pobres y campesinos, que aún se niegan a abandonar su resistencia contra el golpismo. Es como si luego del golpe de Carmona en el 2002 en nuestro país, éste se hubiese mantenido y al cabo de unos cuantos meses convocara a elecciones –fraudulentas como las que fueron las de Lobo– y asumiese un nuevo presidente, y todos los gobiernos, incluyendo los llamados progresistas salieran a ratificarlo. Justamente esto es lo que ha acontecido por primera vez en décadas en el continente, es esto lo que ha firmado Chávez.

De tanto discurso contra el imperialismo yanqui, Chávez ha pasado a desarrollar esta nefasta colaboración con la política imperialista en la región, que llevada hasta sus últimas consecuencias, la actual política de Chávez conduce a enredarse con el imperialismo y facilita que este asiente duros golpes al movimiento de masas en la región. No se trata ya de los negociados y asociaciones con las transnacionales que se siguen llevando buena parte de nuestras riquezas y pueden repatriar libremente lo que le extrae al pueblo trabajador de nuestro país, de los acuerdos con un sin número de países que en verdad no son más que testaferros de los intereses imperialistas, del pago religioso de la deuda externa donde el gobierno es felicitado por que “siempre paga sus compromisos de deuda a tiempo”, tal como lo expresa la banca internacional de la política de endeudamiento del gobierno, se trata de una colaboración contrarrevolucionaria con la burguesía regional proimperialista y con el propio imperialismo.

Con el fin de recalcar su buena voluntad, Chávez opera oficialmente, no ya para mantener lo que es todo el sistema capitalista semicolonial –cuestión que hemos insistido hasta la saciedad desde que asumiera por primera vez el gobierno–, sino que establece alianzas para perseguir a aquellos que en sus países se rebelan contra sus gobiernos y lo combaten abiertamente, colocándose del lado de los bandidos capitalistas que asesinan a obreros y campesinos. Y “la política exterior siempre ha sido continuación de la política interior, pues… persigue los mismos fines” sentenciaba Trotsky. Por eso se viene dando una total conjugación con las políticas del gobierno en el plano nacional, tal como constatamos en este periódico, donde se viene acentuando también un fuerte giro con las luchas del pueblo trabajador, que en lugar de dar respuesta a sus demandas insatisfechas les niega un salario digno frente al alto carestía de la vida y se les responde con represión, con el enjuiciamiento –y hasta encarcelamiento– a los luchadores obreros, y más recientemente, a través del PSUV, se vienen organizando en zonas como Guayana, bandas armadas y patotas de cabilleros al mejor estilo de los adecos cuando actuaban así dentro de los sindicatos.

Los trabajadores, los campesinos y la población pobre han venido luchando, expresando su odio de mil maneras al imperialismo y sus agentes nacionales, pero el nacionalismo burgués de Chávez, por más que todos los días se llene la boca hablando de antiimperialismo, no ha hecho más que algunos pocos cambios para regatear con el imperialismo mejores condiciones de subordinación y expoliación, manteniendo el sometimiento del país y de las masas a la dominación capitalista e imperialista, tal como lo ha demostrado en todos estos largos años y más vergonzosamente lo constata recientemente con sus pactos y acuerdos para la estabilización burguesa del orden regional. Se engañan aquellos que creen que aliándose con personajes al estilo de Chávez se podrá avanzar en algún camino de la liberación nacional. Lejos de cualquier colaboracionismo con el imperialismo y sus agentes, la clave por la liberación nacional es avanzar la más completa solidaridad internacionalista, en la ruptura con el imperialismo y la expropiación de sus intereses económicos avanzando al mismo tiempo en la expropiación de los expropiadores locales, las burguesía nacional, en la lucha por un gobierno propio de los trabajadores y los campesinos pobres.





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Sobre la entrega de militantes guerrilleros y la “ruptura” de sectores de izquierda con Chávez




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