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Periódico / ECONOMÍA

Viernes 28 de junio de 2013

APUNTES DE COYUNTURA ECONÓMICA

La supuesta “revolución” que no superó el rentismo petrolero y la dependencia… ahora descargará sobre el pueblo trabajador las contradicciones del capitalismo nacional

Por Juan Pablo Contreras


Dos hechos fundamentales han abierto una nueva situación nacional: si no era poco el hecho de que para el chavismo la ausencia de la figura fundamental socavaría las bases de su proyecto, ha estallado en la cara de los sucesores de Chávez la real situación económica, evidenciada en el inicio de los ajustes capitalistas para intentar solventarla, rediseñando el supuesto “desarrollo nacional”, la configuración que se gestó en los últimos 14 años. Nos encontramos ahora mismo en momento de duros ajustes, esto, ante la imposibilidad de seguir manteniendo el crecimiento económico sobre la base del endeudamiento para financiar el gasto público, que ha sido el motor de dicho crecimiento en los últimos casi tres años. La velocidad de crecimiento del gasto público necesaria para mantener la progresión del PIB superó la tasa de crecimiento de los ingresos petroleros, y la inercia tenderá a profundizar la brecha negativa entre ingresos y gastos.

Sobreendeudamiento, inflación y nuevos ajustes

Mantener el modelo implicó endeudarse durante varios años a un ritmo acelerado que incluso a futuro solo puede anunciar, si caen los precios del petróleo, una situación más que crítica. Se muestra claramente que sin afectar las ganancias de los capitalistas, no es sostenible en el tiempo incluso la tímida redistribución que llevó a cabo el gobierno de Chávez durante estos años, que solo le fue posible por los altos ingresos petroleros. La imposibilidad para el gobierno de Maduro de cubrir un déficit fiscal que asciende a casi 15 puntos del PIB, le exigió la devaluación de la moneda dos veces consecutivas develando lo crítico de la situación. Pero más grave aún, para cubrir parte del déficit restante ha recurrido a la impresión de dinero por parte del BCV, lo cual también ha contribuido en desatar más las presiones inflacionarias que para principios de junio marcan casi un 20%, siendo que la meta para el año estaba ubicada en 16%, y algunos analistas prevén que para finales de año puede rondar el 40% sino más. Para tener una idea más clara, solo en el rubro de alimentos y bebidas no alcohólicas, la inflación acumula en lo que va de año un 27%. Es evidente que también la inflación está sobrecargada por el desabastecimiento, que ligado a los problemas de producción, llevan a cabo los propios capitalistas, aumentando la especulación, y aumentando los precios, presionando con ello la “concesión” de más dólares. De conjunto, todo esto no es más que expresión del capitalismo semicolonial rentístico petrolero.

Si los techos salariales datan de hace unos cinco años en diversos lugares del sector público y en una parte importante del sector privado, más allá de los aumentos al salario mínimo que rápidamente es devorado por la inflación, el ajuste se plantea en una situación coincidente con el surgimiento de peleas y de descontento por abajo, traducido en luchas por recomposición salarial que se extiende en las distintas ramas económicas. Al mismo tiempo en las oficinas gubernamentales y en sus “centros de estudios políticos”, los ajustes estructurales del modelo ya se discuten abiertamente: un posible aumentos de la gasolina, el del transporte ya en curso, la energía eléctrica, y los servicios en general, del IVA, por supuesto manteniendo el dogma de apoyarse en el sector privado nacional y transnacional para hacerle frente a la situación (ver artículo en este mismo periódico). Se ve venir un año crítico para la “revolución bolivariana” y para la redefinición del equilibrio en las formas de dominio burgués establecido desde hace 14 años en Venezuela. Las tendencias que se vienen acumulando en el perfil de los ingresos, gastos y endeudamiento, han llegado a un punto en el que según la lógica del manejo de la economía capitalista, se hace imprescindible un profundo ajuste capitalista como ya se nos viene aplicando.

El rentismo petrolero que se fue acentuando y el crecimiento de la dependencia

No es ninguna novedad que bajo el proyecto de Chávez no se superó en lo más mínimo el capitalismo rentístico petrolero que ha venido preponderando en la historia del país. Como se ha visto, más allá de los discursos y papeles de Estado, sencillamente no existe un interés serio en trascender esta condición, sino por el contrario, tanto para el gobierno como para la burguesía en su conjunto se ha tratado de su “mejor” aprovechamiento. Las altas y bajas de la existencia del ciclo petrolero, característico del capitalismo semicolonial venezolano, son realidades que las determina el mercado mundial, sin que desde el propio país exista una fuerza que pueda incidir sustancialmente en dicho movimiento, más allá de las relativas iniciativas dentro de la OPEP.

El actual proyecto político en el manejo del Estado está muy lejos de haber revertido esta realidad, y sus políticas solo buscan adaptarse a los problemas que implica el propio ciclo petrolero a merced de los humores de la economía mundial, y más vulnerable aún por la crisis económica internacional en curso. Como vemos, lejos está Venezuela de cualquier estatuto de autonomía como desde el gobierno se nos quiere hacer creer, más aún la dependencia se ha acentuado, y el ciclo recesivo abierto entre el 2009-2010 está para demostrarlo, cuando apenas se operó una caída de por sí no muy pronunciada de los precios del petróleo. Para la burguesía en sus distintas variantes o sectores, su mejor aprovechamiento consiste en apropiar la mayor parte de dicha renta petrolera, incrementando su poder importador y acumulando la mayor cantidad de dólares para que cuando la acumulación de tendencias conlleve a la devaluación, estos sectores gocen de plena libertad para mantener e incluso “lanzar hacia arriba” sus márgenes de ganancias, ajustando al alza los precios para el consumidor final, golpeando a los sectores asalariados y que perciben rentas fijas. De esta manera, se merma abruptamente las condiciones de vida de quienes sufren no solo el estancamiento salarial sino la caída del salario real, mientras se reduce también el ingreso de los sectores populares. El presidente del Indepabis, Eduardo Samán, está para confirmarlo cuando recientemente afirmara que “los empresarios están ganando más que nunca”, mientras la caída de los ingresos de los hogares obreros y populares sigue en la baja y cayendo su poder adquisitivo.

Supuestos especialistas en “economía” nos dan una presentación muy tradicional del problema de la crisis abierta, pero claro, muy favorable a los grupos dominantes, en tanto ocultan que en la crisis económica que se abre hay ganadores, la propia burguesía que ve aumentada sus ganancias junto a los intereses propios que se gestan en la burocracia estatal que administra las grandes empresas; y hay perdedores, los trabajadores y el pueblo. Se nos dice: "se acaba la ´fiesta´ de los altos ingresos, del incremento del gasto público y se hace aún más inviable seguir financiando la demanda nacional con nueva deuda. Ha llegado el momento de pagar la que ya existe y que se ha incrementado de modo muy importante en los últimos años". Con lo que nos quieren hacer creer que el tal endeudamiento del Estado solo ha sido para financiar el gasto público y con este, el llamado gasto social, y no realmente las ganancias de los capitalistas que es donde están los verdaderos excesos de la "fiesta". Se termina por dar así un salto (al vacío) profundizando y exacerbando la dependencia al mercado mundial al no superar la monoproducción, la monoexportación y el rentismo, también presentado como que a todos nos afecta por igual.

El fracaso de un proyecto de “desarrollo nacional” y el surgimiento de nuevos grupos económicos

Dentro del proyecto de Chávez, se anidó la idea de un “desarrollo nacional” que él debía llevar a cabo con burgueses nacionalistas y con unas Fuerzas Armadas incorporadas a esa política, dentro de un esquema en el que para lograr los equilibrios políticos en las instituciones y en especial en las Fuerzas Armadas, justificó una “corrupción necesaria”, estando su gobierno siempre ligado a nuevos sectores burgueses surgidos al calor de un Estado así como también del asentamiento de una burocracia que administra las principales empresas estatales que fue generando intereses propios y por tanto antiobreros. Estos nuevos sectores económicos en los que drena ahora la renta petrolera, comparten la condición de clase de los sectores tradicionales que surgieron de los gobiernos anteriores. Hoy, al igual que hace 30 años, los ajustes necesarios para cerrar las brechas de los periodos de caída del ingreso petrolero, se siguen saldando del mismo modo, recayendo sobre las grandes mayorías un importante deterioro en sus condiciones de vida, directamente proporcional al enriquecimiento de los sectores burgueses en general y de los mejor ubicados en la competencia por el manejo del estado rentista petrolero, en particular. De manera que hoy al igual que en los gobiernos anteriores, se hará necesario, enfrentar en las fábricas, lugares de trabajo, en las calles a unas políticas que los de las viejas generaciones podrán equiparar a las de esos gobiernos, porque la lógica siempre es meter mano en los salarios y bolsillos del pueblo trabajador, en lugar de atacar las ganancias de los banqueros y empresarios, nacionales y extranjeros, que es donde están los recursos para satisfacer las necesidades nacionales, obreras y populares.





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