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Periódico / Debate

Lunes 3 de agosto de 2009

El debate en el Centro Internacional Miranda

Los intelectuales a(críticos) del chavismo

Por Milton D’León


Causó cierto revuelo las críticas de los intelectuales más orgánicos del chavismo sobre el curso de la tan propagada “revolución” bolivariana. Por primera vez, intelectuales del riñón chavista hacían críticas a lo que ellos llamaban las “distorsiones del proceso” y hasta críticas de un “hiperliderazgo” de Chávez. Aunque ya pasaron varias semanas, y ha dejado de ser noticia, lo cierto es que estas críticas reflejaban algo más profundo, y no son solamente expresión de un debate “intelectual”, y es el fuerte descontento que se ha venido expresando entre los trabajadores, campesinos, sus luchas, y la insatisfacción de los sectores populares. Y este descontento no es un secreto para nadie, y se expresa tanto por la insatisfacción de las demandas incumplidas como también por un fuerte rechazo a la burocracia estatal –esencialmente ministros– y la burocracia sindical chavista, como se ve en sectores claves como los petroleros y los ferro-siderúrgicos, industrias decisivas de la economía nacional.

Chávez mismo salió a responderle a las “críticas”, y luego vino toda la corte, que pendiente de lo dijera el Comandante, salió a repetir, al mejor estilo “intelectual” de Nicolás Maduro, al que su vuelo “teórico” no le dio más que para responder que estos intelectuales era unos “habladores de paja” –hay que reconocer que el Canciller hizo todo un esfuerzo de “pensador” para llegar a este nivel de debate. Fue lo máximo a lo que pudieron llegar letradamente algunos de los miembros gubernamentales por las críticas rasantes de esta intelectualidad. Pero aún así, y frente las fuertes críticas de Chávez, todos salieron al unísono, infelizmente, a aclarar que el líder indiscutido era el Comandante, como si las críticas a esta “revolución” nada tuviera que ver con quien es el principal impulsor, ideólogo y ejecutor práctico. Si ya sus críticas eran no tan críticas, reflejando los límites de sus propias concepciones políticas y sobre las revoluciones, su disciplinamiento mostró más aún su resignación a lo que realmente está aconteciendo en el país y el derrotero del propio chavismo.

Una intelectualidad presa de la miseria de lo posible

La intelectualidad venezolana, tal como los diversos sectores sociales del país, sufrió la polarización política con el surgimiento del chavismo, y más agudamente después del golpe de Estado del 2002. Atrás quedaron las imposturas de los que con cierto pose de” izquierda”, durante el puntofijismo, pero orgánica del status quo dominante, decidieron mostrar su verdadero rostro encolumnándose tras una derecha tan retrógrada como reaccionaria, produciendo su propia decadencia de pensamiento. Se ha llegado a ver a intelectuales defendiendo proyectos de sumisión política, económica y cultural, tras una élite política que si por algo se caracteriza es por la ausencia de las ideas, o como mucho, seguidoras de las que se propagan en lo más bajo del norteamericanismo cultural como en los centros políticos de Miami. Estos no nos interesan, al menos, en este artículo.

Frente a esto, devino otro sector, que se enfiló tras el chavismo encantado con el canto de sirenas de un socialismo del siglo XXI. No escapó nadie de la vieja izquierda –a excepción del maoísmo- que no quedara presa de la revolución bolivariana, desde ex-guerrilleros e intelectuales académicos y literarios de los setenta hasta la generación de intelectuales de los ochenta zumbaron tras las viejas ideas –expuestas como novedosas– y que no han pasado más que de un “socialismo” con empresarios. Aunque es importante aclarar que la inmensa mayoría de este sector pertenece más bien a la generación ochentista, exceptuando las camadas de los años setenta, que hacían vida como académicos o en el movimiento estudiantil, centralmente proveniente de la Universidad Central de Venezuela, de la cual incluso continúan siendo profesores.

Sin tradición ni peso, y más bien de lo que podríamos denominar del bajo clero universitario, salvo importantes excepciones, este último sector se encuadró o se resignó en la miseria de lo posible sosteniendo un modelo caricaturizado del marxismo en base a lo que ha sido la “teoría” y la práctica de los partidos stalinistas, incorporando incluso a aquellos que sostienen una versión aggiornada de una impugnación del marxismo bajo un posmodernismo que se mantuvo tanto como la moda, en donde atacar los problemas por la raíz se había transformado en una frase hueca. Las reformas de lo posible se transformaron en su horizonte en la esperanza de que por allí podrían venir cambios de las clases subalternas.

Una intelectualidad casi pre Caracazo, y para la cual el sujeto social de la revolución no era más la clase obrera, manteniendo una hostilidad permanente hacia dicha clase, tras la figura del Comandante en donde los pobres de las ciudades empujarían al militar hacia medidas más radicales. Hablaban desde lugares comunes, pero centralmente desde frases que se asentaban en la pérdida del horizonte de la revolución en la década de los noventa. Envueltos en una fraseología de izquierda, que consideran agotada toda idea de revolución social pero consideraron muy actual la perspectiva reformista desde la gestión estatal como la de Chávez y poner en marcha un socialismo del siglo XXI, pero en donde los ricos continuaban más ricos y los pobres apenas salían un poco de su pobreza con las políticas redistribucionistas.
De repente, a los once años, le surge la “disconformidad intelectual” frente a la realpolitik gubernamental y de los vaivenes de los rumores del Comandante en Jefe. Estos son los que, a casi once años del chavismo, tomaron aliento en su desesperanza de la pérdida del norte de la “revolución bonita”, del hiperliderazgo del líder carismático, y lo que más bien ha dado es el surgimiento de un nuevo sector económico naciente del bolivarianismo. Son los que a la vez que ensayan una crítica al chavismo “por dentro” se ubican como consejeros discursivos y culturales del gobierno de Chávez. El posibilismo los deja siempre en situaciones “incómodas”, y es lo que se ha manifestado tras su famoso seminario en el Centro Internacional Miranda, de donde no salieron más que consejos a Chávez para que “enderezca el rumbo”.

Pero frente a la “disconformidad” vertidas en críticas las respuestas del Comandante tuvieron eco. Todos salieron a aclarar la conducción única del liderazgo de Chávez, rindiendo pleitesía en donde “con el Comandante todo sin el Comandante nada”. Desde el seminario hasta entonces se sintió el silencio, tal cual como en los llamados a capítulo en una escuela básica. Sin un norte claro, barajará sus críticas yéndose al mazo, presos de la miseria de lo posible, descubriendo que no hay nada fuera de este horizonte.

La necesidad de una intelectualidad crítica: de “las armas de la crítica” a “la toma del cielo por asalto”

Hace muchos años se escribió en El Manifiesto Comunista, que "la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días, es la historia de la lucha de clases". Y luego de los años noventa donde el capitalismo se propuso cantar victoria, la lucha de clases volvió a colarse por la ventana, sin permiso, lo hemos visto en las últimas luchas de nuestro continente. Y la lucha de clases también se expresa en las luchas de las ideas. En este sentido, nos parece un paso importante que la intelectualidad intervenga en la escena política, lamentamos solamente que haya quedado presa de la retórica del “socialismo” del siglo XXI, y que no se proponga trascender hacia un nuevo horizonte. Es que de lo que se trata es forjar una nueva intelectualidad que sepa poner en circulación ideas capaces de aportar al combate contra las ideas dominantes, que se proponga barrer con las injusticias del orden existente y con el orden mismo. Justo en el momento en que el debate de ideas y la crítica constante son más necesarios que nunca.

Ceder al “socialismo” de Hugo Chávez, e incluso disciplinarse rápidamente frente a las posturas del Comandante ante las críticas que se les hizo, no ayuda en nada en superar revolucionariamente la sociedad de clases existente. Y sobre todo, con Chávez que a lo sumo ha conseguido mayores grados de autonomía política nacional y un mayor control de la renta petrolera nacional pero que no han logrado siquiera terminar con el dominio de las oligarquías locales ni del capital imperialista en nuestro país, ni mucho menos ha avanzado hacia una transformación radical de las relaciones de propiedad. Más aún, que se ha dedicado en los últimos años a permanentes intentos de regimentación del accionar del movimiento obrero que en los últimos años viene luchando por sus reivindicaciones fundamentales.
Las críticas a(críticas) de la intelectualidad chavista que debatió en el Centro Internacional Miranda muestran su impotencia y ceden a los proyectos del nacionalismo burgués de Chávez, que se ha mostrado incapaz de enfrentar seriamente a los grandes empresarios y terratenientes, quienes hoy bajo una gran impunidad recurren al sicariato para fulminar sindicatos y dirigentes obreros. Es necesario apostar por una salida de transformación revolucionaria. De nuestra parte apostamos a esta transformación, y para ello la recreación del marxismo revolucionario en el terreno de los debates teóricos y políticos reivindicando la necesidad de construir una intelectualidad marxista revolucionaria orgánica de la clase obrera.





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