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Miércoles 18 de junio de 2008

¿Porque triunfó Stalin?

Andrea Robles y Victoria Bosch

Tras cinco años de intensa lucha política, y luego de los acontecimientos que vimos en la entrega anterior, se cerró una etapa y era el momento de hacer un balance y comprender las causas profundas del triunfo de Stalin. Para Trotsky había dos formas de explicarlo, describiendo la lucha interna entre los grupos dominantes y la característica de sus personalidades o analizando los cambios profundos que se habían operado en las fuerzas sociales que subyacían a esa lucha política. Ambos enfoques se complementaban pero el primero tenía una importancia secundaria con respecto al segundo.




Las causas del triunfo de Stalin

Para Trotsky las causas profundas que habían permitido este triunfo, no estaban determinadas por los argumentos, sino por las fuerzas vivas, internas y externas, que actuaron. Es decir, los reveses de la clase obrera mundial, que no había llegado a tiempo como esperaban Lenin y Trotsky para auxiliar a la revolución de Octubre, la génesis de la revolución y los reacomodamientos de las fuerzas sociales en la URSS y en el capitalismo mundial, el retroceso de las masas y el avance de las fuerzas conservadoras, que signaron esta segunda etapa de la revolución.

Mientras que en la primer etapa, la revolución movilizó como nunca antes en la historia, a los grandes batallones de las masas oprimidas encabezadas por el proletariado, éstas habían entregado toda su energía para instaurar el nuevo poder, y sólo gracias a su predisposición se logró improvisar un aparato de Estado y un ejército que triunfó en la guerra civil. Una segunda etapa, cuya línea divisoria puede considerarse a partir de la enfermedad de Lenin y el comienzo de la campaña contra el “trotskismo”, estuvo caracterizada por el cansancio y la pasividad de las masas, que luego de años de guerras ven agotadas sus fuerzas[1].

El atraso económico ruso, el analfabetismo, la falta de una herencia cultural, la desaparición de lo más granado de la vanguardia proletaria en la guerra civil dieron como resultado la creación de un aparato administrativo de Estado que tendió a elevarse cada vez más, separándose progresivamente del control de las masas. Dentro del aparato del Estado y del Partido, se fue diferenciando una burocracia independiente. Si en un principio esa diferencia estuvo asociada a una mera función administrativa, fue tornándose más una diferencia social, en la medida que fue expresando la presión de los intereses de los sectores más acomodados, fortalecidos por las derrotas del proletariado internacional y la estabilización de la burguesía mundial.

Implicancias de la derrota de Alemania de 1923

Si los obreros alemanes, hubieran triunfado en 1923, hubieran podido socorrer a los obreros fatigados de la URSS, les hubieran imbuido un influjo nuevo de confianza en sus fuerzas. El triunfo de la revolución alemana se hubiera transformado en el apoyo económico y social, en una fuerza de resistencia enorme contra la presión de las clases burguesas al interior y al exterior de Rusia, y de este modo hubiera revertido el poder de una burocracia, cada vez más correa de transmisión de dichos sectores. En cambio, luego de la derrota alemana, la Nueva Política Económica en manos de Stalin -en bloque con la derecha bujarinista- se convirtió en una alianza con el kulak[2]. Fue la expresión más clara de la victoria de las tendencias más moderadas, conservadoras, burocráticas y estrechamente nacionalistas sobre las tendencias que apoyan la revolución proletaria internacional y en consecuencia, el primer gran revés que sufrió la Oposición de Izquierda.

Frente a cada derrota del proletariado internacional, la situación de la URSS se hacía más débil, la burocracia soviética adquiría más seguridad y le permitía afianzar la “teoría” del socialismo en un solo país. “Dos fechas son decisivas de esta serie de fracasos, la primera fue a mediados de 1923 en Alemania, donde estaban puestas todas las esperanzas, la segunda fue el drama de la revolución china, donde la Oposición logró acercar a nuevos simpatizantes a partir de esta discusión, pero a fines de 1927, el desencanto luego de la derrota, posibilitó asestar un duro golpe a la Oposición, arrestar y deportar a sus dirigentes.” [3]

Un cambio en la relación de fuerzas

Todo esto produjo una modificación profunda de las fuerzas actuantes, en detrimento de la clase obrera.“Decenas de millares de militantes revolucionarios se habían agrupado bajo la bandera de los bolcheviques-leninistas. Los obreros miraban a la Oposición con una simpatía evidente. Pero era una simpatía pasiva, pues ya no creían poder modificar la situación por medio de la lucha. En cambio, la burocracia afirmaba que ‘la Oposición se prepara a arrojarnos en una guerra revolucionaria por la revolución internacional. ¡Basta de trastornos! Hemos ganado un descanso. Construiremos en nuestro país la sociedad socialista. Contad con nosotros, que somos vuestros jefes’. Esta propaganda del reposo, cimentando el bloque de los funcionarios y de los militares, encontraba indudablemente un eco en los obreros fatigados y, más aún, en las masas campesinas que se preguntaban si la Oposición no estaría realmente dispuesta a sacrificar los intereses de la URSS por la ‘revolución permanente’”[4] La Oposición se encontró aislada, la burocracia aprovechó el cambio de relación de fuerzas, apoyándose en los sectores más atrasados contra los avanzados, afirmándose sobre el kulak y en general en la pequeña burguesía, para triunfar.

Pero para ello, el estalinismo llevó a cabo un proceso profundo de degeneración al interior del partido bolchevique. Desde la “Promoción Lenin” en 1924 y las afiliaciones masivas en el partido, Stalin logró que sólo el 1 % de sus miembros contara con la experiencia de la revolución de Octubre. Así la destrucción del núcleo revolucionario fue la premisa para el triunfo del aparato sobre el partido.

Por todo esto sería ingenuo creer que Stalin, desconocido para la mayoría, un hombre del aparato que hasta ese momento había tomado tareas secundarias, surgió con un plan urdido maquiavélicamente de la noche a la mañana. La misma burocracia allanó su camino. Su prestigio de viejo bolchevique, su carácter duroy sentido práctico, una fuerte voluntad, su perspectiva politica estrecha y su bajo nivel teórico, su relación con las oficinas que eran la base de su influencia, se volvieron indispensables para convertirse en el jefe natural de la burocracia. De este modo su rol dirigente “refleja más las características del actual período de transición, de equilibrio inestable, que su propia personalidad. Como dijo una vez Helvecio: ‘Toda época tiene sus grandes hombres y, si éstos faltan, los inventa’”.[5]

Perspectivas para la URSS

Frente a los rasgos dictatoriales del régimen estalinista, la socialdemocracia volvía a contraponerle la democracia parlamentaria para superar los males rusos pero así “obviaban” una cuestión, la más importante: “que la Revolución de Octubre allanó el camino para la revolución democrática más grande de la historia humana (…) Fue precisamente la bancarrota de la coalición liberal-socialista, su incapacidad para realizar esta obra, lo que hizo posible la dictadura soviética, basada en la alianza de obreros, campesinos y nacionalidades oprimidas.”[6]

Trotsky argumentaba que no era posible contraponer en abstracto los soviets al sistema parlamentario y dejar de lado la expropiación de todas las grandes propiedades, la destrucción del aparato militar burocrático del régimen totalitario zarista, la igualdad entre naciones, es decir, el carácter del Estado que: “Es, sobre todo, un nuevo modo de relación con la propiedad (…) Es indudable que entre ellas existe una gran insatisfacción, muy legítima, por la situación actual del estado soviético. Pero las ma­sas no quieren que vuelvan el terrateniente, el funcio­nario o el patrón”. Pero además, si de lo que se trataba era de volver a la senda capitalista, luego de los cambios producidos en el mundo con la guerra mundial y la lucha por su dominación, Rusia “sería hoy un capi­talismo dependiente, semicolonial, carente de perspectivas (…) El sistema soviético, con su industria nacionalizada y su monopolio del comercio exterior implica, a pesar de todas sus contradicciones y problemas, una protec­ción a la independencia económica y cultural del país”.[7]

En síntesis, el triunfo de Stalin que no significó el triunfo de la contrarrevolución, es decir, la restauración burguesa, tampoco significó, el cierre definitivo de la perspectiva revolucionaria. Era la expresión de deformaciones en el curso transicional del Estado obrero hacia el socialismo. Desde la misma concepción materialista histórica con que analizó las causas, Trotsky derivaba sus perspectivas, “Sería un error tremendo considerar que todos estos procesos son algo acabado. Afortuna­damente para algunos y desgraciadamente para otros, esa situación todavía está muy lejana. El curso de cualquier revolución está determinado por la combina­ción específica de las fuerzas nacionales, en el marco del conjunto de la situación internacional.”[8]

Notas

[1] Ver primera entrega, La situación de Rusia antes de la guerra.

[2] Ver La Oposición y las "Lecciones de Octubre".

[3] León Trotsky La Revolución Traicionada, Ediciones Crux, La Paz, p. 90.

[4] León Trotsky , op cit, p. 90.[5] Escritos de León Trotsky (1929-40), versión digitalizada, ¿Cómo pudo suceder?.
[6] Op. cit., ¿Puede remplazar la democracia parlamentaria a los soviets?.

[7] Ibídem.

[8] Op. cit., ¿Adónde va la República Soviética?.





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