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Periódico / Cultura

Martes 9 de septiembre de 2008

EN EL II FESTIVAL LATINOAMERICANO DE CINE

“Tropa de Elite” una película por encomienda

por Guto Rivera


La película brasileña, dirigida por José Padilla, ganadora del Oso de Oro, el premio principal del Festival de Cine de Berlín, se presenta en el II Festival de Cine Latinoamericano de Venezuela como gran exponente del cine brasileño. Pero en verdad expresa, más que un simple film, cómo se continúa haciendo “películas por encomienda”. A continuación presentamos una crítica publicada en Palavra Operaria Nº34, de Brasil.

Es impresionante como se crean “héroes” en Brasil. La verdad, que pocos lugares hoy serían más fértiles que Brasil para el surgimiento de un “Salvador de la patria”, donde el país vive una situación marcada por la frustración creciente de las masas frente a los partidos y políticos dominantes. Nada más trágico que una farsa democrática revelada como un mar de barro de corrupción y caos capitalista, desde la tierra, subiendo por los morros, hasta el cielo.

Tropa de Elite es el “film del año” donde José Padilla surge como gran director y Vagner Moura, protagonizando a Capitão do Mato – es decir, “Capitán Nacimiento” – es aclamado como el nuevo noviecito de Brasil. La película que en su divulgación es la más realista de todas, hace en la práctica una propaganda cruda y desnuda de lo que los poderosos del país entienden como una salida “posible” para la situación de calamidad pública y guerra abierta en las favelas. Propone, en realidad, una salida proto fascista al mostrar “simplemente la visión de un policía”, como dice “inocentemente” el Sr. Padilla. Borra la vida de los jóvenes, negros y trabajadores que viven allá y que “por suerte” no encuentran una de esas balas “perdidas”.

La polarización parcial que muestra, entre policías y traficantes, el poblador auténtico del morro aparece en general como cómplice del tráfico, y en el “mejor” de los casos como un ciego en el medio de un tiroteo. Vale como ejemplo el personaje que es ayudado por un policía de “buen alma”, un niño con deficiencia visual que recibe unos anteojos de regalo. ¿Será esa una metáfora de que los agentes del Estado quieren ofrecer una “visión mejor” a los habitantes de las favelas? El hecho es que para Padilla y su película, los verdaderos héroes visten un uniforme oscuro con una calavera y adoptan la tortura de la “bolsa” para cualquier “vagabundo” que si no es del propio movimiento, es cómplice. En la guerra particular del Capitán Nacimiento no existen inocentes y el enemigo puede ser un trabajador, un negro o un pobre, cualquiera que sepa del paradero del jefe traficante. No se expresa en la película el verdadero contenido de la guerra porque no se muestra al verdadero jefe del tráfico, aquel de traje y corbata o de uniforme condecorado financiando directamente el contrabando de armas y drogas que deben cruzar regularmente las fronteras del país.

Mostrar que la policía “convencional” se corrompe vendiendo armas y drogas confiscadas a los traficantes no es mucha novedad. Difícil sería traer al conocimiento público la verdad del tráfico con la burguesía, sus representantes políticos y su policía, y aun así recibir millones y millones para hacer una película. Es oportunista y cómodo para la burguesía, su Estado, y para la policía –que salvaguarda sus intereses de clase– decir que el consumo es lo que hace que exista el tráfico, y no mostrar que éste responde a la sed de ganancia fácil y a cualquier costo, de los mismos capitalistas que hacen del narcotráfico una gran empresa, o lo utilizan como una macabra segunda caja.

Contradictoriamente, Capitán Nacimiento encarna un héroe para el país de la propia clase media que vive en los condominios cercados por los morros y las favelas y que temen que a sus hijos los encuentre una bala perdida en la esquina. La solución es quedarse con algo de la guita que chorrea del el tráfico y al paso intentar barrer con escobas de acero los desechos de esa industria ilegal. Utilizando a un personaje como André Matias, que además de policia “honesto encarna un joven negro, el director hace un llamado a los sectores más oprimidos para que “comprendan” la política represiva del Estado. No es en vano, ya que lo que se ve es que las pilas de cuerpos son cuerpos negros, y será difícil convencer a un solo negro que siente en la piel el racismo de la policía.

La película provoca una polarización entre los negros y la clase media, lavándole la cara a la burguesía, históricamente racista, al no oponer a ambos sectores a los verdaderos “Señores del tráfico”. En su manipulación conciente la película crea una masa crítica que debe: 1) condenar a la “banda podrida” de la policía; 2) condenar moralmente el uso de drogas; 3) colaborar con la política de seguridad pública que “suba a la favela para dejar cuerpo en el piso”.

En tanto, si para sectores de la clase media es más fácil vender ese pescado, para la juventud, trabajadores y negros que habitan en la favela es casi como pedir que firmen su propia sentencia de muerte. Los que viven la experiencia cotidiana de las incursiones policiales –en especial la subida de Caveirão– a la puerta de sus casas, saben que el agujero está más abajo, saben que los hombres de uniforme hace tiempo se tornaron en los verdaderos verdugos de los favelados. Las palabras BOPE (Batallón de Operaciones Policiales Especiales), represión y ocupación causan mucho más terror que cualquier “jefe” o “movimiento”. En ese sentido, el Capitán Nacimiento puede transformarse en disfraz de carnaval para que vean los gringos, pero parafraseando el discurso de la película, los hombres de negro “nunca serán” héroes del pueblo.

Hay aún un debate que debemos hacer con los sectores de la clase obrera y de la juventud que han visto la película y discutido el tema. Es que para resolver la cuestión de la violencia urbana, como dar una salida verdadera a la podredumbre de esta democracia para ricos, solo es posible confiando en las propias fuerzas, en la organización y lucha de los propios trabajadores. Solamente organizando y movilizando a la clase trabajadora para que luche para terminar completamente con el desempleo y para que todos tengan trabajo, para que nuestros hijos tengan vivienda, escuelas y hospitales, podremos pensar realmente en terminar con la violencia. Y eso solo será posible con una lucha encarnizada contra la burguesía y sus “Tropas de Elite”.

Las tropas de elite de la burguesía, como por ejemplo de BOPE, son en realidad bandas de exterminio que actúan legalmente. Grupos que surgieron ya en la década del 50 y proliferaron enormemente durante la dictadura militar en la “caza a los comunistas”. Hoy esos grupos de operaciones especiales de la policía militar y civil tienen como blancos de gatillo fácil a los jóvenes y trabajadores que viven en las favelas, en su mayoría negros. Mañana servirán como órganos de represión que aplasten sistemáticamente las organizaciones de la clase obrera que luchen abiertamente contra las ganancias de los patrones y la propiedad privada. Es preciso que una vanguardia consciente de los trabajadores defienda y eduque a los más amplios sectores de la necesidad de disolver la policía y todos sus “grupos especiales”, que existen para defender la propiedad privada de los capitalistas y perseguir, reprimir y matar a los que luchan, la clase trabajadora y el pueblo pobre. Está en nuestras manos imponer con la movilización en las fábricas, en los barrios, en las calles, que la policía desocupe nuestros hogares, que paren inmediatamente de asesinar y torturar a nuestros jóvenes.

Para defender a nuestra juventud trabajadora y a los negros en particular, luchemos contra las matanzas y ejecuciones hechas por los policías oficiales o sus bandas armadas, sus milicias. Esta lucha debe ser combinada con la exigencia a los sindicalistas, centrales sindicales y partidos que dicen defender a la clase trabajadora, reivindiquen el legítimo derecho de autodefensa, comenzando por organizarla. Juicio y castigo a todos los responsables materiales e intelectuales de esos asesinatos. Prisión y confiscación de los bienes de todos los políticos, empresarios y policías involucrados en esas masacres.

La gran conclusión que debemos sacar es que, en desmedro del mea culpa que el director, actores y productores hagan, la película BOPE es hecha por encomienda de ciertos sectores burgueses archirreaccionarios que idealizan al Capitán Nacimiento como héroe de una nación dirigida por una clase dominante quebrada. Intenta crear modismos por medio del carisma y la personalidad destacada de su personaje principal, interpretado por Vagner Moura, para que la masa asimile, y de esta forma haga banal el genocidio, la tortura y los métodos usados por el Estado y el régimen burgués para resolver los problemas que él mismo crea como una máquina mortífera que no para nunca.





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