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Otros Artículos / Comunicados, volantes y declaraciones

Sábado 17 de diciembre de 2011

XII CONGRESO DEL PTS - DEBATE SOBRE SITUACIÓN INTERNACIONAL

Una crisis histórica



El informe de Christian Castillo partió de reafirmar el carácter histórico de la crisis capitalista, que ya está cursando su cuarto año si tomamos como referencia la caída de Lehman Brothers en septiembre de 2008.
Si bien el capitalismo tuvo muchas crisis a lo largo de su historia la única referencia que tenemos de una crisis de esta magnitud, en la que se agrava el conjunto de las contradicciones económicas, sociales y políticas del sistema capitalista, es la crisis de la década del ‘30 del siglo XX.

Esto no quiere decir que la crisis actual sea una repetición mecánica de la Gran Depresión, pero sí que estamos ante una crisis donde el capitalismo se choca permanente con sus propios límites y contradicciones, donde las medidas que se toman parece que pueden lograr un cierto respiro, pero enseguida se muestran completamente impotentes para revertir la situación. La crisis actual tuvo un primer episodio donde su epicentro estaba en EE. UU. Con la caída de Lehman Brothers se produjo un escenario de recesión generalizada entre el último trimestre del año 2008 y el primer semestre de 2009. La respuesta de los distintos estados a este primer momento fue endeudarse por la vía de emitir bonos y destinar fondos billonarios para salvar y evitar la quiebra de los bancos y con eso una bancarrota general del sistema capitalista internacional y una depresión ‘global’. Lo que estamos viendo ahora es la expresión de los límites que tuvo esa política de rescate de los bancos y sus consecuencias, con un salto cualitativo en el nivel de endeudamiento de los distintos Estados que en algunos casos tienen deudas que llegan al 80, al 100, al 150, o al 200 por ciento de los PBI de cada país.

El “episodio europeo” de la crisis

Si bien en EE.UU. la crisis continúa y posiblemente se agrave, hoy estamos viviendo el ‘episodio europeo’ de la crisis. Esto se vio en la cumbre de Bruselas de la Unión Europea en donde hay una serie de debates y discusiones, como la que enfrenta a Gran Bretaña con la salida propuesta por Alemania con el apoyo de Francia y la mayoría de los países del bloque. Si bien la razón de la oposición británica es preservar los intereses del capital financiero de su país, el acuerdo propuesto implica profundizar la línea recesiva y deflacionaria frente a la crisis. El acuerdo de la cumbre es salvar a los bancos (que son mayoritariamente alemanes y franceses) y apretar el torniquete sobre el conjunto de los Estados forzándolos a que hagan ataques aún mayores sobre el movimiento de masas.

Sin embargo, es muy difícil, prácticamente imposible, que esta resolución que han tomado, en la que todos los países tienen que hacer ajustes como los que se hacían en América Latina a fines de los ’90, les permita a algunos países bajar el déficit que en varios casos supera el 10% a solo 3% del PBI. Son metas dificilísimas de lograr. De hecho pueden llevar al default abierto y a que varios países salgan del euro, lo que implicaría el fracaso del proyecto más ambicioso del imperialismo mundial de la posguerra, que fue la construcción de la UE bajo la moneda única.

La ideología predominante hasta poco tiempo atrás, incluso adoptada por sectores mayoritarios de la izquierda mundial, afirmaba que la UE era una suerte de “supraestado” que expresaba un triunfo estratégico para el capitalismo. Nuestra corriente discutió que esas tendencias eran coyunturales, y que las contradicciones entre las diversas burguesías imperialistas, que en momentos de prosperidad algunos consideraban superadas, iban a estallar de manera explosiva en momentos de crisis. Hoy la discusión es la posibilidad de una implosión del euro y de la propia UE.

Los gobiernos “técnicos” y la tendencia al bonapartismo

Esta crisis ha tomado ya dimensiones políticas. En una misma semana, Italia y Grecia vivieron una suerte de “golpes de estado financieros”: Papandreu fue reemplazado por Papademus y Berlusconi por Monti. Estos supuestos gobiernos “técnicos” responden al Banco Central Europeo. Como venimos señalando, estos gobiernos de “unidad nacional”, que cuentan con el apoyo de las principales fuerzas políticas burguesas, expresan una tendencia bonapartista, es decir, de concentración del poder, donde el juego parlamentario entre oposición y gobierno se diluye y los principales partidos burgueses del país pasan a ser el apoyo y la garantía de que esos planes de ajuste se van a aplicar. Eso puede dar cierta fuerza en la coyuntura, porque el conjunto del régimen se hace responsable del ajuste, pero a mediano plazo representa muchas contradicciones. La más importante es que si se desarrolla la resistencia a estos planes de ajuste, el odio obrero y popular se dirigirá contra el conjunto del régimen burgués.

Polarización y resistencia

Lo que estamos viendo en Europa es una política de enorme disciplinamiento al plan del imperialismo alemán. Esto provoca tendencias a la polarización. Por un lado gobiernos más de derecha, que suben para imponer estos planes ya sea por elecciones o como “gobiernos técnicos”, y por el otro lado, una tendencia a las huelgas generales y acciones del movimiento de masas (Grecia, Portugal, Italia), aunque todavía sin la radicalidad suficiente para derrotar estos planes, en lo que tiene mucho que ver la política colaboracionista de la socialdemocracia, que dirige gran parte de los sindicatos. Como parte de esta resistencia emergieron movimientos como el de los indignados y tendencias a la radicalización en la juventud.

A la vez han surgido tendencias por derecha que podemos llamar “soberanistas”, donde hay desde grupos fascistas antiinmigrantes, hasta partidos burgueses tradicionales que se asumen como ‘eurófobos’ y plantean una variante utópica de salida “capitalista nacional”. Frente a estas tendencias, la tarea estratégica para la clase obrera es la lucha por los Estados Unidos Socialistas de Europa.

La crisis está llegando a China

China, que actuó como una cierta contratendencia a la crisis de las economías centrales, en el último tiempo está empezando a sufrir los golpes de la crisis. La dinámica exportadora está en franco retroceso. Hay una cierta reconversión hacia el mercado interno pero muy limitada con respecto a la necesidad de mantener tasas altas de crecimiento. Se está dando otro fenómeno que es la ‘deslocalización’ de empresas desde Shangai hacia el oeste, buscando bajar costos. Esta política de las multinacionales es el motor de la última oleada de huelgas.

Todos los pronósticos son que durante 2012 la situación de ‘desacople coyuntural’ tenderá a agotarse, lo que sacará a luz las contradicciones reales del ‘milagro chino’. Esta situación empieza a repercutir en América Latina. Una expresión de este cambio de tendencia es el freno de la economía de Brasil, lo que impacta directamente sobre la economía Argentina, en primer lugar en la industria automotriz, donde Brasil es el principal mercado de las exportaciones argentinas del sector. Ligado a esto, ha comenzado también una baja en el precio de las materias primas. Todavía no es completamente abrupto pero sí entre un 15 y un 20 por ciento en algunas de las principales materias primas exportables. De consolidarse este escenario en el que la economía china crezca solo un 7%, su impacto se sentirá en el conjunto de la economía mundial.

Egipto. Un punto de inflexión en la lucha de clases

2011 fue un año en el que la lucha de clases dio un salto no solo en los países centrales, sino con la llamada “primavera árabe”. Esta oleada de levantamientos tiene su punto más álgido en Egipto donde se ha abierto un proceso revolucionario que por su profundidad es muy difícil que pueda ser contenido con medidas de desvío, sin mediar derrotas contrarrevolucionarias de las masas.

Para compararlo con otros procesos históricos, podemos decir que en Egipto se ha abierto una etapa parecida a la que abrió el Cordobazo en Argentina en 1969.

Por su peso demográfico, por su clase obrera, por su importancia económica y geopolítica, Egipto es un país clave de la región. Desde la firma de los acuerdos de Camp David y el tratado de paz con el estado de Israel, Egipto viene siendo una pieza clave del dominio imperialista en la región, actuando como resguardo de la seguridad del estado sionista contra el pueblo palestino, por eso es el segundo receptor de ayuda financiera de Estados Unidos. El impacto de una revolución en Egipto puede compararse con lo que fue la revolución iraní de 1979, que terminó con el régimen de sha Reza Pahlevi, uno de los principales gendarmes de Estados Unidos en el Medio Oriente.

En un plano más coyuntural, la Hermandad Musulmana ha ganado las elecciones en las que participó el 62% de la población, que no es muy alto pero sí indica que fueron una relativa contención. Sin embargo, la gran contradicción es que estamos en medio de una crisis capitalista monumental que fue motor del proceso egipcio, debido al alza de los precios de alimentos. Egipto no es un país que no es petrolero, sino que depende de otras actividades como el turismo, y además es importador de materias primas. Por esto, y por la continuidad de varios aspectos dictatoriales del régimen, es difícil que puedan contener las demandas profundas de las masas.

Los fenómenos juveniles y la emergencia del movimiento estudiantil

Uno de los fenómenos juveniles más sintomáticos, por darse en el corazón del sistema capitalista mundial es Occupy Wall Street (OWS) en Estados Unidos. Aunque no es masivo, indudablemente expresa un inicio de polarización por izquierda frente a la aparición del Tea Party por derecha. Es un movimiento heterogéneo, pero que tiene importante significación política y si bien se da bajo un gobierno demócrata, aunque Obama trate de usar al movimiento, este lo critica.

A diferencia de los indignados en el Estado español que han tendido a agotarse, este es un fenómeno que persiste.

El otro elemento importante es la emergencia del movimiento estudiantil en distintos países. En América latina hubo dos movimientos muy fuertes contra los dos sistemas educativos más mercantilizados que hay en el continente, que son el de Colombia y el de Chile. En Colombia los estudiantes lograron un triunfo parcial y en Chile la situación todavía está abierta con respecto a las demandas del movimiento pero más allá de los resultados, fueron los dos más masivos, más importantes, con ocupaciones, con el desarrollo de huelgas estudiantiles de gran envergadura.

En San Pablo tuvimos una lucha más de vanguardia, aunque con asambleas bastante numerosas, por echar a la policía de la Universidad de San Pablo en la que han intervenido nuestros compañeros de LERQI. Perú es otro país donde hubo intervención del movimiento estudiantil.

En los países centrales, el movimiento estudiantil salió contra los planes de ajuste con distinto nivel de participación y protagonismo en el Estado español, Italia, Canadá, Estados Unidos, Alemania, donde participan nuestros compañeros del grupo RIO, y por supuesto en Grecia.

Esta tendencia a la intervención del movimiento estudiantil, que actúa como caja de resonancia de las contradicciones sociales, puede estar preanunciando nuevos fenómenos de radicalización política.

La crisis capitalista y las tareas de los revolucionarios

En la crisis capitalista estamos viendo el desbarranque, estancamiento y/o implosión de todas las variantes de “nuevas izquierdas” que impulsaron algunas organizaciones de origen trotskista con los que buscaron ocupar espacios electorales ante la crisis de la socialdemocracia. Estas iban desde hacer partidos comunes entre reformistas y revolucionarios, hasta alianzas electorales policlasistas, o partidos anticapitalistas sin delimitación estratégica. Algunos ejemplos de esta crisis son el estallido de la coalición RESPECT en Gran Bretaña, la crisis de Refundación Comunista en Italia, y la posible división del Nuevo Partido Anticapitalista en Francia, con su núcleo dirigente tradicional partido al medio.

Las alas más oportunistas del NPA plantean como salida la profundización de un curso que los lleva a confluir con variantes reformistas de izquierda. Por el contrario, nuestros compañeros que integran la Corriente Comunista Revolucionaria (como parte de la Plataforma 4 del NPA) vienen dando una pelea política por la necesidad de retomar la estrategia de la revolución socialista, en la que han confluido con sectores obreros del NPA.

La Fracción Trotskista – Cuarta Internacional viene combatiendo contra esta política de adaptación y a pesar de ser una tendencia minoritaria, allí donde la lucha de clases nos ofrece la oportunidad, hemos demostrado que es posible intervenir desde una perspectiva revolucionaria. Valga como ejemplo la acción de nuestros compañeros de Clase contra Clase en el movimiento del 15M español o la destacada intervención de los compañeros del PTR en la lucha estudiantil en Chile.

Desde la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional planteamos que la única posibilidad de que la izquierda revolucionaria pueda jugar un rol decisivo es construir fuertes partidos obreros revolucionarios y pelear por la reconstrucción de la IV Internacional. Para esto es muy importante no solo mantener un punto de vista internacional –es decir, tener un análisis lo más preciso posible de la situación internacional y de las tendencias de la lucha de clases-, sino sobre todo definir donde podemos avanzar cualitativamente en forjar una organización revolucionaria que pueda incidir en los acontecimientos. En esta tarea, el PTS tiene un gran desafío por delante.

Debate sobre el “equilibrio capitalista”

Uno de los debates más importantes sobre la caracterización de la situación internacional fue en torno a si ya podemos afirmar que se ha roto definitivamente el equilibrio capitalista que con crisis se ha establecido desde la segunda posguerra. Luego de una rica discusión, el Congreso votó la siguiente definición de síntesis: El equilibrio capitalista construido en la posguerra se recompuso luego del ascenso revolucionario de los ’70 mediante la llamada “ofensiva neoliberal” produciendo fuertes derrotas a la clase obrera mundial, incluyendo la restauración capitalista en la URSS, los países de Europa del Este y China. La crisis capitalista de carácter histórico que vivimos desde 2007-2008 (manifestada inicialmente con la debacle de las hipotecas subprime y la caída de Lehman Brothers) implica que entró en crisis dicho equilibrio actualizando y haciendo más inmediatas las tendencias de la época a las crisis, las guerras y las revoluciones, como ya expresa no solo la profundidad de los desequilibrios económicos que estamos viviendo sino también las tendencias a la dislocación de la Unión Europea y múltiples situaciones de crisis políticas y el proceso revolucionario iniciado en Egipto y otros acontecimientos de la lucha de clases.

La crisis capitalista y la declinación de Estados Unidos

El compañero Emilio Albamonte agregó al informe de Castillo que desde el punto de vista geopolítico, el hecho más importante y que tendrá consecuencias en la próxima etapa es la aceleración de la declinación de Estados Unidos como potencia imperialista hegemónica. Esta declinación, que viene desde hace varios años pero dio un salto con el fracaso de la política guerrerista de Bush en Afganistán e Irak, no implica de ninguna manera una retirada pacífica de Norteamérica del centro de la escena mundial.

Un síntoma de esto es la instalación de 2.500 soldados norteamericanos en Darwin, Australia, anunciada por Obama en su reciente gira por diversos países del Asia-Pacífico. Esto es un indicio de que Estados Unidos ha definido una política para contener el avance de China, señalando que estratégicamente la política exterior y militar del imperialismo yanqui está orientada a evitar que surjan potencias competidoras que le disputen su dominio en regiones clave para sus intereses nacionales, o peor aún a nivel mundial.

Desde nuestro punto de vista vemos muy difícil que China pueda transformarse en un país imperialista, más allá de que su Producto Bruto Interno la ubique hoy como la segunda economía del mundo. Además de que todavía no está claro qué consecuencias tendrá la crisis capitalista, los marxistas sabemos que la medida del PBI puede llevar a distorsiones. China está muy por detrás de Estados Unidos o de Europa cuando se mide el PBI per capita, además tiene una estructura social profundamente desigual, una profunda división entre las ciudades y el campo (donde aun viven unos 900 millones de campesinos) y ya está sintiendo los efectos de la crisis internacional en sus exportaciones y los conflictos obreros crecientes.

Partiendo de estas consideraciones, y de que hasta el momento Estados Unidos cuenta con aliados tradicionales como Japón y Corea del Sur, es probable que en Asia, relacionado con la emergencia de China, surjan nuevos agrupamientos y alianzas que perfilarán nuevas rivalidades y conflictos interestatales, como indicarían las declaraciones de Indonesia y otros aliados norteamericanos que se oponen a un aumento de la presencia militar norteamericana y vienen haciendo acuerdos y negocios con China.

Redoblar los esfuerzos por la reconstrucción de la IV Internacional

Albamonte también planteó que hoy las corrientes más importantes de la izquierda mundial que se reivindican o tienen sus orígenes en el movimiento trotskista están en crisis, a pesar de que las condiciones se están haciendo más favorables para la extrema izquierda. Creemos que esto es así porque han buscado hacer partidos amplios construidos en espacios electorales y con figuras mediáticas, sin hacer un trabajo orgánico en los sindicatos ni en el movimiento estudiantil.

A diferencia de estos partidos, el PTS pudo desarrollarse porque, a pesar de su debilidad, intervino en la crisis de 2001 desde un sector orgánico de la vanguardia obrera lo que nos permitió hacer la experiencia de Zanon, que hoy aun se mantiene como ejemplo para la vanguardia obrera internacional. Creemos que este trabajo estructural en un sector del movimiento de masas, en el caso del PTS en la clase obrera (el PO a su manera lo hizo desde el movimiento piquetero, más allá de nuestras diferencias), es lo que explica, por ejemplo, que el PTS tenga un rol destacado en el fenómeno del sindicalismo de base, y que como mostró el FIT en las elecciones, la extrema izquierda después de muchos años haya entrado en la escena política nacional.

Aunque a distinta escala, esta la realidad de todos los grupos hermanos que integran la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional, como muestra la intervención de los compañeros de Clase contra Clase del Estado español, de los compañeros de LERQI en el conflicto de la USP y sobre todo los compañeros del PTR de Chile que vienen siendo parte de la enorme lucha del movimiento estudiantil, que han lanzado una agrupación y que tienen planteado desarrollar el trotskismo en un país con una larga tradición del PC. Pero el principal problema que enfrentamos no es el del desarrollo de nuestra tendencia internacional. La clave es apostar a que en estas nuevas condiciones surjan alas radicalizadas de los grupos trotskistas, del movimiento obrero y la juventud con las que podamos confluir en el objetivo estratégico de la reconstrucción de la IV Internacional.





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