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Periódico / INTERNACIONAL

Lunes 25 de julio de 2011

ECONOMÍA MUNDIAL

Una crisis que no encuentra contención

Por Paula Bach


Por primera vez un ministro europeo declaró que la Eurozona no descarta un default griego. No se ha logrado hasta ahora el objetivo de los ministros de finanzas de la Eurozona, la Unión Europea y el Banco Central Europeo consistente en que el sector privado (bancos, aseguradoras y fondos de pensión) aporte voluntariamente entre 15 y 30.000 millones de euros al nuevo plan de “rescate” de 110.000 millones. La propuesta inicial del nuevo paquete de “rescate” de la Troika (Unión Europea, Banco Central Europeo y el FMI), fue cuestionada por Alemania, Holanda, Finlandia y Austria que exigen una reestructuración de la deuda con participación compulsiva del sector privado. Francia y sus principales bancos propusieron una recompra acordada de una parte de los títulos de deuda griega que fue vetada por las agencias calificadoras que anunciaron que cualquier medida similar sería considerada un default. El BCE se niega a otorgar un nuevo rescate si la deuda griega queda en situación de cesación de pagos. Como norma general algunos seguros contra impago (CDS) establecen que si al menos 4 diarios de prestigio internacional interpretan cualquier reescalonamiento de la deuda como default, la figura de cesación de pagos queda establecida y puede reclamarse el cobro de los seguros. En el curso de este proceso Moody´s rebajó la nota de la deuda de Portugal al nivel de “bonos basura”. Pero lo peor estaba por venir…La crisis se trasladó a Italia por el temor a que no pueda afrontar los pagos de una deuda que representa el 120% de su PBI (la segunda mayor en términos relativos de la eurozona). Con un 1% de crecimiento anual, Italia fue el país de menor dinamismo de la zona euro durante la última década y enfrenta una profunda crisis política expresada en el agotamiento del “reinado” Berlusconi. Italia representa el tercer mercado de bonos más grande del mundo. Los bancos extranjeros tienen mayor exposición en Italia que en Grecia, Irlanda, Portugal y España, juntas. Para no perder el ritmo, el martes, Moody’s rebajó el rating de la deuda irlandesa a la categoría de “bonos basura”. El mecanismo de contagio de una muy probable cesación de pagos de Grecia está en marcha y muchos consideran que de provocarse, su consecuencia sería una tormenta mucho más violenta de lo que fue la caída de Lehman Brothers. Pero no se trata sólo de Europa, Estados Unidos se encuentra en una situación crítica signada no sólo por el debilitamiento de su economía y el persistente incremento de la desocupación sino también por el (hasta ahora) fracasado acuerdo Demócrata-Republicano para aumentar el tope de la deuda pública. Una falta de acuerdo en tiempo y forma podría provocar un “default técnico” de la deuda norteamericana de consecuencias impredecibles. Aunque no es muy probable que esto suceda en lo inmediato, resulta un factor que agrega incertidumbre a la crítica situación general.

Límites de los mecanismos de contención

Tanto la situación de la Eurozona como la de Estados Unidos son expresión manifiesta de que los mecanismos de salvataje monetarios y fiscales están llegando a un límite. Las inyecciones monetarias y las nacionalizaciones bancarias parciales que a ambos lados del Atlántico contuvieron el derrotero abierto por la cesación de pagos de una deuda privada sideral, lograron evitar el curso de una depresión económica. Estas medidas que no resolvieron el problema de la deuda privada pero sí convirtieron gran parte de ella en deuda estatal, combinadas con la destrucción de fuerzas productivas que provocó la Gran Recesión, permitieron contener la depresión y una recuperación (sujeta a grandes desigualdades) de la economía mundial, que durante 2010 alcanzó un nivel de crecimiento del 4,9%. Muchos economistas (incluso provenientes del espectro marxista) consideraron que este factor daba por terminada la crisis económica mundial abierta a fines de 2008. Sin embargo, las medidas estatales de contención de la crisis, sólo trasladaban parte de la deuda del sector privado al público con lo cuál no sólo no resolvían el problema original sino que preparaban las condiciones para una crisis de las deudas públicas. Los mecanismos de contención a su vez actuaron limitando el nivel de destrucción de capitales que exigía la crisis más profunda desde los años ‘30. Estos factores son los que están emergiendo ahora bajo la forma de una crisis de deuda a ambos lados del Atlántico y amenazan con provocar una recaída en la recesión.

Las crisis de la zona euro

La discusión entre el Banco Central Europeo por un lado y Alemania, Holanda, Finlandia y Austria por el otro, sobre quién carga con los costos de un nuevo “rescate” a Grecia, es sintomática. Desde mediados de 2010 cuando la zona euro fue sacudida por fuertes turbulencias y se produjo el primer “rescate” a Grecia, el BCE “prestaba con un interés ventajoso del 1 % a los bancos privados, que a su vez exigían a países como Grecia un interés netamente superior (…). Los bancos y los otros inversores institucionales justificaron tales exigencias por el riesgo de cesación de pagos que pesaba sobre los llamados países de riesgo. Una amenaza tan fuerte que los tipos de interés aumentaron considerablemente (…) En mayo de 2011, el tipo de interés para Grecia, para préstamos a 10 años, sobrepasaba el 16,5 (…). Desde entonces, el BCE debe garantizar las acreencias tenidas por los bancos privados comprándoles los títulos de los Estados”1 Mediante este último mecanismo, las bancas privadas francesa y alemana fueron disminuyendo su exposición a las títulos griegos que en gran parte pasaron a engrosar el pasivo del BCE que posee actualmente el 20% de la deuda pública griega adquirida a los bancos en el mercado secundario. La exigencia alemana de participación privada en una eventual reestructuración de la deuda griega revela la negativa de la canciller Ángela Merkel a seguir perdiendo popularidad como subproducto del creciente compromiso del Estado en los “salvatajes”. Alemania, Austria, Finlandia y Holanda prefieren un default anunciado (que consideran que podría ser relativamente controlado) a un nuevo plan de rescate con participación exclusiva de los estados. El BCE se niega (por ahora) a implementar cualquier tipo de “salvataje” en el contexto de un default que considera provocaría una situación incontenible y lo obligaría a hacerse cargo de una cantidad cada vez mayor de títulos incobrables.

Por otra parte el alto riesgo de default griego, lejos de poder considerarse como fenómeno aislado de un “pequeño país” (ver “El ‘modelo argentino’…”), ya está demostrando su potencialidad de contagio. Italia (y en menor medida España), miembro destacado del G-7 y con una economía mayor que el doble de la suma de las de Grecia, Irlanda y Portugal, está ahora en el ojo de la tormenta. Moody’s y S&P amenazaron con rebajar la calificación de su deuda al tiempo que el debilitado gobierno de Berlusconi prepara un nuevo paquete de reformas y ajuste en el marco de una convulsiva situación social. Si Italia (y/o España) tuviera que ser “rescatada”, cuestión que como ya se está viendo sería la consecuencia más probable de un default griego, daría a la crisis del euro una dimensión cualitativamente más profunda. Una situación tal, echaría por tierra las “dos velocidades” económicas intrazona, provocando una recaída en la recesión, situando al euro en una crisis probablemente terminal y afectando también a los bancos norteamericanos y a China que viene invirtiendo aceleradamente en activos de deuda de los países de la Eurozona.

Perspectivas

La combinación de la crisis de la deuda de la eurozona y norteamericana constituye un nuevo factor actuante de la situación económica internacional y resulta un emergente del carácter fútil de las políticas estatales de contención. No puede descartarse que ante una situación de emergencia la Reserva Federal norteamericana ponga en marcha un nuevo plan de facilidades cuantitativas. Su presidente Bernanke ya dejó entrever esa posibilidad. Tampoco puede descartarse que ante el riesgo de caída de países como Italia o España, la Troika, Alemania y Francia lleguen a algún acuerdo y acepten un nuevo plan de “rescate” similar al de mediados de 2010. Sin embargo estos nuevos parches, de implementarse, no harían más que prolongar la agonía. La economía mundial capitalista se encuentra en una trampa. Los déficits de los estados norteamericanos superan los 100.000 millones de dólares anuales y han sido financiados hasta ahora con la asistencia del Gobierno Federal. Esta ayuda se esfumaría con los ajustes fiscales que exigen los Republicanos para ampliar el límite de deuda. Decenas de miles de empleados públicos han sido despedidos en los Estados más endeudados como California, Illinois, Nueva Jersey, Texas y Nueva York. El Medicaid y Medicair se volverían imposibles de financiar, dejando sin servicios de salud a millones de pobres2. Sin embargo, un nuevo plan de facilidades cuantitativas y una continuidad ilimitada del endeudamiento estatal induciría casi con seguridad (al menos en el mediano plazo) a una desvalorización de los Bonos del Tesoro limitando la capacidad de Estados Unidos de seguir tomando deuda.

En la zona euro por su parte, en el marco de los terribles planes de ajuste que terminaron desatando el movimiento de los “indignados”, si se traslada el costo del default de los países periféricos a los bancos, es probable que se produzca una masiva quiebra bancaria y se desate una nueva recesión. Pero si siguen financiando los desequilibrios como hasta ahora, la situación fiscal se tornará explosiva en todo el continente3 más bien en el corto que en el mediano plazo. La crisis económica internacional está retomando un curso convulsivo en el que los mecanismos de contención se tornarán cada vez menos efectivos. Los ataques a los trabajadores y sectores populares continuarán alentando movimientos de resistencia y una profundización de la crisis política de los gobiernos y los Estados.

Notas

1 Damien Millet y Eric Toussaint, 12/7/11, www.vientosur.info

2 Horacio Lachman, Ámbito Financiero, 13/7/11.

3 Idem.





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