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Periódico / EDITORIAL

Martes 28 de abril de 2015

EDITORAL

Entre el agravamiento de la economía y la crisis del chavismo

Por Milton D’León


Este abril se cumplieron dos años de gobierno de Maduro, y una fuerte crisis económica corroe al país frente a la cual no se avizoran salidas, aumentando el nivel de incertidumbre e insatisfacción de las masas. Existe una fuerte recesión económica, los precios son arreciados por una alta inflación que ya para el primer trimestre analistas calculan que lleva un 30% acumulada, mientras la escasez aumenta. Pero el Gobierno se empeña en no publicar los indicadores económicos, como si, con la no publicación, el pueblo no va a percibir lo grave de la situación, pues en verdad es quien más lo sufre.

Una crisis económica que se agudiza

Los últimos datos que se disponen ya son viejos, que para finales de diciembre indicaban que la inflación había cerrado en 68,5%, y del PBI sobre el cierre del año nunca se dio a conocer, pero se calcula, según el FMI, que fue de un 4% negativo. Para este año el mismo organismo pronostica que la caída del PBI será del 7%, y la inflación mantendrá su ascenso imparable: hasta un 96,8%. El desabastecimiento va en aumento, obligando a miles de personas a hacer colas en busca de bienes básicos y la cesta básica se fue por las nubes mientras los salarios e ingresos de los hogares populares se devalúan permanentemente. La contracción económica es grande, cuando la caída abrupta del petróleo, impacta fuertemente, mientras continúa la caída de las reservas internacionales, escasez de dólares –la reducción del cupo para viajes no es más que expresión de la caída de las divisas–, sobreendeudamiento, y aumentan los compromisos millonarios de pago por concepto de deuda externa.

En este marco, el imperialismo busca también fortalecer a sus aliados, la oposición de derecha, que hace demagogia con los padecimientos del pueblo, pero cuyo programa no solo es abiertamente proempresarial, sino también de subordinación a los intereses políticos y económicos de EE. UU. y los imperialismos europeos, y que se prepara para capitalizar la crisis del propio chavismo. El decreto de Obama contra Venezuela, es parte de la escalada imperialista que busca debilitar el gobierno, porque no es su aliado y es parte de los gobiernos que ganaron autonomía política frente a Washington.

Aunque recientemente hemos visto un nuevo acercamiento en las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela, y Maduro declarara que “Pudiera abrirse en los próximos días, la posibilidad de ir a un proceso de conversaciones con el Gobierno de Estados Unidos”. Algunos analistas explican que esta necesidad por el lado de Venezuela obedece a la crisis económica que atraviesa el país, que aunque el gobierno supo explotar el decreto de Obama para hacer política a su favor y desviar la atención de los fuertes problemas económicos entre el pueblo, sabe que estaría necesitando más respiro económico para afrontar la crisis.

En el fin de la etapa de la “revolución bolivariana”

También se cumplen dos años de la muerte de Chávez, y el país sigue estando cruzado por una situación de gran tensión, por la combinación de la crisis política por la desaparición de Chávez y la crisis económica. Sumado a esto, cuando aún no terminan de definirse los contornos de la “transición no gradual” del poschavismo ni cuáles serán los cauces que terminará atravesando, el gobierno es asediado nuevamente por la derecha y el imperialismo. Pero es de destacar que el chavismo, ya en vida de Chávez, había entrado en un proceso de debilidad estratégica, incapaz de regenerar las condiciones políticas, económicas y sociales que le permitían impactar entre las masas. En las condiciones actuales podemos sostener claramente que se ha llegado al fin de la etapa que fue conocida como “revolución bolivariana”. El chavismo podrá seguir en el gobierno pero ya administrando un proyecto político en fase terminal. El fin de la “revolución bolivariana” no significa el fin del chavismo como corriente en la vida política nacional, todo lo contrario: continuará siendo un actor fundamental, ya sea como sobrevida del gobierno o en la oposición en un eventual gobierno de la derecha; además de ser un factor muy clave al interior de las FF.AA.

Es que siempre se nos habló que estábamos en “revolución”, como lo afirmaba Hugo Chávez y el chavismo en su conjunto, pero en verdad lo que tuvimos fue la búsqueda de cambios de amplios sectores de masas, una “revolución” en las aspiraciones de los postergados y oprimidos, pero en modo alguno una transformación radical de las estructuras económicas del país. Mediante concesiones en los momentos de auge económico, y la ascendencia de Chávez entre las masas, se fueron desarrollando políticas de pasivización y de contención cuando el pueblo quiso ir más allá. Antes de la llegada a la presidencia de Chávez había un importante proceso de luchas, así como también después hubo grandes movilizaciones de masas en los momentos más difíciles para el chavismo, cuando su continuidad en el gobierno estuvo en vilo, como se expresó en la resistencia durante el golpe de Estado de abril del 2002. Con pasivización entonces nos referimos a que las masas terminaron confiando en que la resolución de las demandas se lograrían no luchando con los métodos y organismos propios en combate directo contra los capitalistas y su Estado, sino movilizándose en apoyo a ese Estado y al gobierno “revolucionario” que lo administra.

Perspectivas

Hacia finales de año hay elecciones parlamentarias. Por fuera del Gobierno, pocos vaticinan que el chavismo pueda ganar, aunque aún faltan muchos meses para las mismas, y es muy prematuro hacer afirmaciones tajantes, pues la situación pueda dar giros políticos que puedan terminar favoreciendo al Gobierno. Si ganara la derecha por un fuerte margen en abril del próximo año, cuando se cumple la mitad del período presidencial, podría estar cruzado por un referéndum nacional. Incluso el resultado electoral puede impactar en la cohesión interna del chavismo, pudiendo quizá hacer más agria la disputa interna. Por el lado de la derecha, en el marco de su gran división, al ver la factibilidad de su ansiado deseo de sacar al chavismo del gobierno, pueden verse aceleradas sus disputas, que ya se observan para la ubicación de los cargos a las parlamentarias. Por eso entramos en un período más decisorio en toda la transición del poschavismo.

Lo que es claro al momento es la continuación de la descarga de la crisis sobre el pueblo, vía la inflación galopante, devaluación la moneda y por tanto del salario, el aumento indirecto de impuestos con el ISLR que este año incidió fuertemente en sectores asalariados aumentando la carga impositiva, suspensiones laborales y despidos en la industria tanto estatal como privada, etc. Y será más aún pues el desarrollo de la crisis tiende a empeorar paulatinamente las condiciones de vida de las masas trabajadoras y sectores populares, acumulándose un malestar social in crescendo. En este marco la situación puede presentarse más dinámica, dadas las contradicciones que se vienen acumulando, tanto en el terreno político como en el económico, donde no pueden descartarse explosiones sociales, huelgas y descontento en las calles, si el gobierno no encuentra alguna salida que le permita disminuir al menos las tensiones.

Pero la clase obrera tiene una gran debilidad para enfrentar la actual situación con una perspectiva propia: sufre una gran fragmentación sindical, más grande que cuando llegó Chávez al gobierno, aunque existe una infinidad de sindicatos por empresas. Esta gran dispersión debilita sus fuerzas, en un marco en que no se desarrollaron alas combativas, a no ser pequeños intentos regionales de reorganización sindical como el del Encuentro de Valencia que pueden abrir nuevas perspectivas.


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