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Periódico / EDITORIAL

Viernes 28 de junio de 2013

EDITORIAL

La etapa abierta del post-chavismo bajo el Gobierno de Maduro y los desafíos de la clase obrera

Por Milton D’ León


En la transición abierta tras la muerte de Chávez, la debilidad política del Gobierno de Maduro se ha venido manifestando desde el momento mismo de asumir la presidencia, lo que, aunado al agotamiento económico del proyecto político de gobierno, es la base de una crisis más de conjunto de las formas gubernamentales y de régimen político que se han venido manteniendo hasta ahora, es decir, una crisis del régimen de dominio que se dio el Estado capitalista semicolonial venezolano en la última década y media. La combinación de crisis política y crisis económica en curso abre todo un escenario de inestabilidad política, y que de surgir un proceso más amplio de luchas de los trabajadores y las trabajadoras puede acelerar aún más la situación política que puede abrir espacios a nuevos fenómenos de la lucha de clases que le plantea nuevos desafíos a la clase obrera.

El agotamiento económico de un proyecto que no cambió el modelo rentístico petrolero

1. En cinco meses se ha alcanzado una inflación acumulada de casi un 20%, cuando la proyección para finales de año era de un 16%, es decir, se está en las puertas de un proceso inflacionario sobre el que se pierda todo control, cuando se mantiene un sobreendeudamiento externo e interno que ha crecido de forma abrupta en los últimos años. Así, por ejemplo, la deuda pública externa dio un salto de los 26.598 millones de dólares de 2006 a los 102.357 millones de dólares de fines de 2012, mientras que la deuda pública interna dio un salto más que vertiginoso, pasando de 30.528 millones de bolívares en el 2008 a 246.780 millones de bolívares en la actualidad. En este marco, el índice de escasez, que refleja el estado de carencia en relación a los productos básicos, se ubicó al cierre de mayo en 20,5%, mientras desde el Gobierno se sostiene que “la escasez de productos que vive el país es un problema circunstancial que se puede resolver en uno o dos meses cuando se controle la inflación”. La realidad es otra: mientras la escalada de los precios sigue al alza, la especulación continúa su marcha y el desabastecimiento en productos básicos se hace sentir en la población.

2. El aumento generalizado de las importaciones en los últimos años, el vertiginoso sobreendeudamiento estatal y las altas tasas de inflación siguen corroyendo una economía cuyo patrón de acumulación rentístico en nada ha cambiado en la casi década y media del chavismo en el Gobierno. La dependencia de la monoexportación petrolera sigue imperando, dado que el ingreso de divisas en dólares continúa proviniendo exclusivamente de la venta del petróleo. Si tomamos en cuenta el ingreso total de dólares por exportaciones, observamos que, para el cierre del 2012, de cada cien dólares que ingresaron al país solo cuatro no provenían del petróleo. Es decir, una dependencia que no solo se ha mantenido, sino que se ha acentuado y que lejos pone al país de cualquier “soberanía”. Esta dependencia tiene repercusiones inmediatas, como se observó entre el 2009 y el 2010 cuando el país entró en un período recesivo con la caída de los precios del petróleo. El promedio de las importaciones durante el primer mandato fue de 19.700 millones de dólares anuales, más allá de altos y bajos como los del 2002; pero entre el 2005 y el 2012 el promedio ha sido de 51.600 millones de dólares, es decir, prácticamente en el segundo mandato presidencial las importaciones se triplicaron en términos promedio con respecto al primer mandato. Se recurrió a las importaciones para dar cuenta del consumo nacional en un claro panorama depresivo y de incapacidad de la producción local para dar cuenta de dichas necesidades. Con un sobreendeudamiento vertiginoso al que tendrá que hacer frente, que si caen los altos ingresos petroleros, como ocurrió entre los años 2009 y 2010, estará armando nada menos que una bomba explosiva de incapacidad de pago, y por tanto, acercándose a una crisis mayor.

3. La complicada situación económica es un elemento clave que marca problemáticamente el tránsito del poschavismo, que agrega tensiones y problemas de envergadura a esta nueva etapa abierta. Esta situación es la explicación del problema estructural que socava las bases de ese aspecto de la crisis del régimen de dominio, en medio de una crisis históricamente recurrente del Estado semicolonial en su base económica, de crisis de un modelo de acumulación rentístico capitalista. Es que en estos quince años, el chavismo no cambió sustancialmente las condiciones de atraso y la dependencia del país, y ahora en la decadencia política lo que hace es profundizar esta situación. Como sabemos, las transnacionales imperialistas continúan actuando rampantemente en Venezuela, e incluso le ceden préstamos al Gobierno, tal como lo ha hecho la Chevron, que participa en los negocios petroleros y del gas, de igual manera que la transnacional franco-estadounidense Schlumberger. De tal forma que el presidente de la Chevron afirmó que “la compañía petrolera estadounidense Chevron se enorgullece por las buenas relaciones que mantiene tanto con Petróleos de Venezuela como con el Ejecutivo nacional”.

Se trata de una crisis económica que al propio Chávez le explotaría en sus manos, pues no es que se ha generado en estos meses, sino que ya venía acumulándose en años anteriores, solo que tal vez Chávez, por su prestigio frente al movimiento de masas, podría tener más juego de cintura, mientras que Maduro muestra sus debilidades por todos los costados y comienza a ser cuestionado por sectores de la clase obrera y sectores sindicales que le eran afines como se observó en la marcha de diversos sectores obreros en la marcha del 26 de mayo en Caracas.

Una oposición proimperialista que se juega al desgaste político en la transición post-chavista

6. La oposición de la derecha proimperialista, con el desconocimiento de las pasadas elecciones presidenciales y por tanto de la legitimidad de Maduro como presidente, avalada en esto por el imperialismo norteamericano, ha venido aprovechando la crisis del chavismo, que por ahora ha capitalizado con el ajustado resultado electoral. Capriles Radonski se ha movilizado regionalmente para obtener apoyo político; si bien a nivel de Gobiernos solamente fue recibido por Santos de Colombia, sí tuvo eco en las derechas políticas del continente. Al final Estados Unidos ha terminado reconociendo al Gobierno de Maduro, como se expresó en la reunión entre el secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, y el canciller Elías Jaua en Guatemala, quien ha manifestado que el propósito del Gobierno de Maduro es “tener relaciones normales, amistosas y cordiales” con EE. UU. Lo que expresa que Washington también tiene una ubicación poschavista, que nos es explícitamente no reconocer a Maduro, sino debilitarlo por otros medios.

7. Aunque la derecha continúa animada tras el resultado electoral y Capriles se ha transformado en la figura de la oposición, no todo es “unidad” en este frente, y aquel se monta sobre unas bases y alianza política que no controla a su antojo y con cuyos distintos componentes debe lidiar, más derechizados unos, partidarios de acciones más directas contra el Gobierno, y otros más contemporizadores, que si bien están dispuestos a presionar al Gobierno al máximo tensando la situación, su límite es desatar una gran inestabilidad política con resultado incierto. Sí es claro que la oposición, que venía de sufrir dos derrotas políticas consecutivas en las elecciones para presidente y para las gobernaciones, ha levantado cabeza incluso llegando al nivel de pechar al Gobierno nacional cuestionando la legitimidad de Maduro, y en este marco la oposición tiene una ubicación clara de desgaste del Gobierno.

La transición post-chavista en curso traumático bajo conflictos y tensiones

8. Como ya estamos observando, la transición a una etapa post-chavista se está transformando en traumática. Es que, como hemos venido sosteniendo, con la desaparición física de Chávez se terminaba ese equilibrio de las fuerzas sobre el que se asentó, y que al estar basado en un bonapartismo personal tenía una base de inestabilidad permanente y se convertiría en generador de caos si desaparecía físicamente, y este es el caso. Como hemos visto con las elecciones del 14 de abril, la situación ha estado marcada por tensiones políticas. Ahora Maduro tendrá que lidiar no solo con una oposición envalentonada y que busca jaquearlo permanentemente, sino también con las peleas dentro del propio chavismo, y una dinámica en desarrollo de luchas de la clase trabajadora. Se está mostrando como un gobierno débil. Es que Maduro no cuenta con el liderazgo y autoridad de Chávez, ni hacia el interior del Gobierno y sus fracciones ni hacia las masas de trabajadores y pobres. La ventaja con la que cuenta el régimen se asienta en el legado burgués de Chávez, que restauró la autoridad del Estado antes las masas trabajadoras y empobrecidas, recomponiendo las instituciones del orden burgués, desprestigiadas y en crisis después del Caracazo, sobre todo de los componentes de las Fuerzas Armadas, el parlamento y la principal institución de la democracia burguesa, el voto. Como sabemos, el chavismo llegó al Gobierno para recomponer el poder de un Estado capitalista que había perdido toda legitimidad tras la crisis del régimen del Punto Fijo, pero también para un determinado proyecto nacionalista burgués que hará concesiones al movimiento de masas manteniendo roces con el imperialismo, factores que lo legitimarán para la recomposición de dichas instituciones en total crisis. Pero también, por la alta politización de las Fuerzas Armadas, si bien por un lado, dada su relegitimación, puede actuar como “garantizador” del proceso de transición pots-chavismo, por otra lado, pueden ser un elemento desestabilizador si frente a una abrupta crisis política entre las fuerzas más importantes en pugna quieran entrar como como terciadoras y querer representar una salida de cualquier crisis más abierta que se desate.

9. La situación que se atraviesa está tensada por traumas políticos difíciles de conjurar, en medio del entramado de las fuerzas internas con pujas e intereses propios dentro de las facciones políticas del partido de gobierno, conocido por sus claras diferenciaciones políticas, pero también de las demás fracciones burguesas e incluso del propio imperialismo. Se está constatando que el papel de árbitro jugado por Chávez no puede ser desempeñado por Maduro ni por la supuesta camarilla que estaría detrás de él, constatándose también la inestabilidad abierta luego de la desaparición física de Chávez. Como hemos visto hasta el momento, el cauce traumático de la situación política del país ha venido tomando un curso sinuoso y con contornos indefinidos. Significa ahora un estado de crisis en la forma de gobernar el país en la que, por más tentativa de normalidad que quiera manifestarse desde las autoridades del Gobierno de Maduro, es claro que todo cruje en el estado real de las cosas. La movida anticorrupción que se está haciendo desde el gobierno es un intento de Maduro de buscar oxigenar su gobierno frente a la crisis que atraviesa, pero también sería parte de un primer intento de él, de su fracción y aliados por tomar vuelo propio, fuerza propia al interior del chavismo y hacer méritos propios ante las masas, pues han caído algunos personajes muy ligados a fracciones de poder como es el caso del ex presidente de la Ferrominera del Orinoco ligado al gobernador del estado Bolívar, Rangel Gómez, o en el propio Seniat donde se especula que es área de influencia de Diosdado Cabello. Tenemos entonces que, de conjunto, se atraviesa un período transitorio traumático donde la clara expresión de los conflictos y tensiones que haga surgir nuevas formas de dominio político no estará exento de peligros que puedan abrir situaciones políticas difíciles de conjurar por los actuales bandos que se disputan el control político del país, y por donde se pueda colar la irrupción del movimiento obrero.

10. Maduro fundamentalmente estará sometido, sin lugar a dudas, a la resistencia de sectores de la clase trabajadora, que saldrá con más fuerza a pelear por sus demandas y por mejores condiciones de vida. Más aún si, como todo indica, se verá su gobierno obligado a aplicar medidas de ajuste por la grave situación económica que atraviesa el país, sin contar ni de lejos con la legitimidad y autoridad de Chávez, que a la vez que concentraba las expectativas de una resolución de las demandas de los explotados a través de la acción del Gobierno, era capaz de derrotar y “disciplinar” a los sectores en lucha que quisieran ir más allá. Es muy probable que vayamos a una liberación de energías e iniciativas para la lucha de clases de parte de los explotados y los pobres. Es por eso que al compás de esta situación ha venido tomando fuerza el proceso de luchas obreras en todo el país por recomposición salarial, que cruza a todas las ramas y sectores laborales, desde lo más concentrado de la industria estatal y las industrias intermedias hasta los trabajadores del sector privado que se concentra en diversos polos importantes del país, todo esto pasando por los trabajadores y profesores universitarios y el descontento entre determinados sectores de los empleados públicos, tal como se expresó en la última marcha de la Unete por las calles de Caracas.

La clase obrera y los nuevos desafíos políticos en la nueva etapa abierta

11. La nueva predisposición de lucha que comienzan a producirse en el movimiento de masas del país, sobre todo en la clase obrera que actualmente atraviesa un proceso de luchas por recomposición salarial, como se ve en empresas clave como las estatales de la industria, sobre todo las de Guayana, cuyas demandas las llevan a enfrentarse directamente al Gobierno y que comienzan a plantear una dinámica de luchas en medio de la tensiones políticas que se abre en las alturas. El bonapartismo de Chávez había tenido su gran peso entre los pobres urbanos de las grandes ciudades y del interior, como así también entre los trabajadores, cuyos sindicatos buscó cooptar. Lo que en otro momento decíamos de que el chaleco de fuerzas sobre el movimiento obrero se aflojaba con la entrada en una etapa de debilidad estratégica del chavismo, ahora luego del fallecimiento de Chávez vemos que dichas fuerzas no solo se aflojan sino que se desatan, lo que en cierta manera permite un resurgir de luchas sin las grandes ataduras del pasado. Las huelgas como la de Ferrominera, los conflictos en Sidor y en otras empresas como Venalum marcan nuevos ánimos, coincidiendo esta vez con los sectores de la industria privada en lugares como Aragua y Carabobo, para solo mencionar algunos estados. Si esto se impone, será justamente la lucha de clases la que pueda ponerle coto o hacerle profundizar la crisis a los intentos de discusiones entre las esferas del Gobierno y de la oposición en su política de transición hacia un post-chavismo.

12. Frente a la decadencia del chavismo, el desafío que tiene por delante la clase obrera, la única fuerza social con potencialidad para dirigir al resto de la mayoría nacional y sacar al país del atraso y la dependencia y poner todos los recursos generados al servicio de paliar las necesidades populares y elevar su nivel de vida, es conseguir su independencia política. Es por eso que en la nueva etapa abierta se le abren a la clase obrera nuevos desafíos, en los que es imprescindible orientarse con total independencia política y de clase por parte de los trabajadores. El resurgir de las luchas obreras es un plafón importante para sentar jalones en este sentido y darles la espalda tanto a los proyectos fracasados del nacionalismo burgués y su alta burocracia, que sigue en el Gobierno mientras este convalece, como a los de la MUD y sus políticos patronales. Es necesario prepararnos para la situación que se abre y no terminar siendo carne de cañón de las disputas de los de arriba. Por eso, mientras el Gobierno se acomoda y prepara para “ajustar” su modelo de administración del capitalismo nacional en función de reducir los pocos elementos de llamada “justicia social” en favor de mayores niveles de explotación y sostenimiento de las ganancias patronales, los trabajadores debemos prepararnos desde ya para luchar organizados y con contundencia por lo que nos corresponde, para arrancarles a los patronos, sean públicos o privados, al Gobierno nacional y los Gobiernos regionales, mejores salarios, el cumplimiento de las contrataciones colectivas, mejores condiciones de trabajo, coordinándonos desde las bases en lucha sin depositar confianza en ninguno de los dos bandos que por ahora se disputan la gestión de la sociedad burguesa.

13. Para dar esta lucha hasta el final es necesario que al calor de la experiencia pasada la clase obrera se alce en una perspectiva superior, en la que sea ella la que forje su propio destino y decida sus propios pasos y métodos de lucha, impulsando la constitución de organismos de autodeterminación y autoorganización de los propios trabajadores, luchando por sindicatos militantes, independientes del Estado y los patronos, que peleen decididamente por la independencia de clase y la democracia obrera, para barrer a esa burocracia sindical que no es otra cosa que correa de transmisión de los intereses patronales o del Gobierno. La independencia política es clave, y para encauzar esta lucha más decididamente es necesaria la construcción de un partido de trabajadores revolucionario e internacionalista que lleve la lucha hasta el final, pues no habrá solución a las demandas fundamentales si no es en el combate decidido en la perspectiva de la lucha por un gobierno de los trabajadores y el pueblo pobre.





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