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Periódico / NACIONAL

Martes 28 de abril de 2015

ANTIIMPERIALISMO

La injerencia imperialista y la lucha por las demandas obreras y populares

Por Milton D’León


El decreto de Barack Obama no se limitó a validar las sanciones que ya había aprobado el Congreso yanki en diciembre pasado, sino que las “implementa y amplía”, sentenciando que “la situación en Venezuela (…) constituye una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política externa de Estados Unidos”, cuestión que, junto a la declaratoria de “emergencia nacional”, le permitirían ir más allá de lo aprobado por el Congreso en materia de medidas contra el Estado y el gobierno de nuestro país.

Es una intromisión en el más clásico descaro imperialista. Se hace en nombre de los “derechos humanos”, cuando el imperialismo yanqui es el campeón mundial en violentar los más elementales derechos de millones en todo el mundo, incluso asesinando masivamente cada vez que ha querido. Es más, abroga la potestad de interferir en el curso de la situación nacional, aplicando sanciones y presionando. No se trata de defender la actuación represiva de los funcionarios del gobierno ni sus posibles riquezas malhabidas, el asunto es que ajustar cuentas con quienes reprimen o los corruptos del país (sean del gobierno o la oposición) es un derecho que compete solo a nuestro pueblo, no al gobierno yanqui, que apoya descaradamente a cualquier cantidad de gobiernos antidemocráticos.

La ubicación de la derecha es totalmente vergonzosa, yendo desde los que abiertamente avalan el decreto de Obama, hasta los que, sin siquiera denunciar la intromisión, recomiendan “mejorar las relaciones” con EE.UU., pasando por los que pretenden minimizar la agresión. Esta ubicación vergonzosamente sumisa, lacaya, obedece al carácter proimperialista de esta oposición, que hace demagogia con los padecimientos del pueblo, pero cuyo programa no solo es abiertamente proempresarial, sino también de subordinar al país a los intereses políticos y económicos de los EE.UU.

Discursos agresivos pero tendiendo la mano y “conversaciones cordiales”

El gobierno, después que reaccionó al decreto con verbo encendido, viró hacia una política de buscar el diálogo -declaró Maduro: “Obama se metió en un enredo, yo no voy a contribuir a enredarlo más (…) yo tiendo la mano al gobierno de Estados Unidos para que avancemos juntos en diálogo franco (…) para que se subsane este grave problema que se ha creado”. No fue casual entonces que cuando se aproximaba la Cumbre en Panamá, se apresuraron acercamientos concretos entre Venezuela y Estados Unidos, que empezó por Obama buscando aclarar que “No creemos que Venezuela sea una amenaza a los Estados Unidos”, para luego tener en Venezuela, a pedido del gobierno de Maduro, la presencia del consejero del Departamento de Estado, Thomas Shannon, para discutir las relaciones diplomáticas entre ambos países. En Panamá al final Maduro y Obama se reunieron, afirmando Maduro que “Nos dimos la mano… Con afecto. Conversamos, pero ha sido un encuentro serio, franco, nos dijimos las verdades, y yo diría que inclusive cordial”, para luego sostener que “Pudiera abrirse en los próximos días la posibilidad de ir a un proceso de conversaciones, y explorar el camino de relaciones de respeto”.

El discurso del gobierno hacia el pueblo era que al decreto de Obama le seguiría un bloqueo e incluso una intervención militar, convocando a estar “movilizados para la defensa”. Es claro que ante una amenaza real de intervención militar imperialista hay que prepararse, y no hay dudas de que hay que estar en la primera línea de batalla, bregando por el armamento de la clase trabajadora y el pueblo, impulsando organismos propios, que le permitan tener iniciativas y política propia como clase, para no quedar atados a la dirección del Estado burgués. Sin embargo, hay que ser serios: la posibilidad de intervención militar no estuvo ni está planteada en las actuales circunstancias. En lo concreto, del discurso agresivo todo el tiempo en Caracas, llegaron los apretones de mano y las “conversaciones cordiales”, pero Obama no ha derogado el decreto.

¡Pero el imperialismo no es solo bombas y bloqueo!

Sin embargo, aún sin que “lleguen los marines”, el país no está realmente liberado de la opresión imperialista, porque esta no consiste solo en imposiciones de la política internacional a otros países, o invasiones militares, ni solo por parte de EE.UU., como superficialmente lo muestra el gobierno: el imperialismo implica una dominación económica ejercida por las burguesías de las principales potencias capitalistas, que impone a los países subordinados transferir sistemáticamente una gran cantidad de recursos a estas potencias, y que impide a estos países desarrollar plenamente su capacidades nacionales, condenando a sus pueblos a cualquier cantidad de padecimientos.

Así, aun cuando el país, con todo el proceso vivido bajo el chavismo –incluyendo contundentes movilizaciones de masas, derrota de un golpe de Estado, etc.- ganó importantes márgenes de soberanía política, saliendo de la órbita de alineamiento con Washington, nuestra economía y nuestra sociedad no dejan de padecer los mecanismos de expoliación imperialista. Esa dominación sobre el cuerpo económico y social de nuestra nación se expresa en que no puede disponer realmente de todos sus recursos, porque una parte considerable va a mano de los capitales imperialistas, lo que contribuye a condenarlo –en esas circunstancias– a ser un país capitalista dependiente.

La deuda externa es uno de esos mecanismos: una vía por la cual durante muchas décadas han ido a alimentar la usura del capital internacional cualquier cantidad de recursos que hacen falta en el país. Otro tanto pasa con las transnacionales, cuyo capital viene al país, entra en relación con la fuerza de trabajo nacional y nuestros recursos naturales, obteniendo enormes ganancias que van a parar a las potencias imperialistas. Durante el proceso de estatizaciones de algunas empresas, se pagaron millones de dólares, pues el gobierno reconoció todos los derechos al capital imperialista pues en verdad fueron compras a precio de mercado, y cuando no hubo acuerdo en el monto, estos pulpos fueron a los organismos comerciales imperialistas que vienen fallando en contra del país haciéndole pagar millonarias sumas.
Según el gobierno, si Obama echara para atrás su nefasto decreto y no hay sanciones a funcionarios del gobierno, sería la base para una relación libre de dominación imperialista, ¡sin echar abajo estas pesadas cadenas sobre nuestra economía y las necesidades de nuestro pueblo! Es un “antiimperialismo” superficial, totalmente inconsecuente, que repite “¡Yanqui, go home!”, pero que en 15 años nunca se propuso romper con estas cadenas ni movilizó combativamente al pueblo tras ese objetivo.

¡La lucha contra el imperialismo no está desligada de la lucha por las demandas obreras y populares!

Pero no solo es la pelea contra los capitales imperialistas, el gobierno aprovechó y sigue aprovechando la intromisión estadounidense para reforzar su discurso contra las luchas obreras planteando que mientras exista la agresión no se puede pelear por las demandas de los trabajadores (Ver recuadro). Pero no solo eso, sino que es una maniobra antiobrera, en nombre del “nacionalismo”-, pretender contraponer las demandas obreras y populares a la lucha contra el imperialismo, porque las necesidades de vivienda, salud, educación, servicios públicos y salarios, están asociados en muchos casos a esa expoliación de recursos que padece el país por el capital imperialista.

Y más aún, expulsar realmente al capital imperialista del país, implica poner en pie de batalla a las mayorías explotadas y pobres, desarrollar un poderoso movimiento nacional, obrero y popular, con nuestras propias organizaciones y métodos, desplegando todas sus iniciativas de luchas, para resistir las represalias y los ataques de estos explotadores y sus gobiernos, y tal fuerza social no se puede poner en pie limitándose en sus demandas y luchas. Es decir, la lucha contra el imperialismo está íntimamente ligada a la lucha por las demandas obreras y populares. Es así como se puede ir forjando una fuerza social capaz de erguirse seriamente para conquistar una verdadera y completa independencia.


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