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Periódico / EDITORIAL

Jueves 20 de marzo de 2014

EL FONDO DE LA SITUACIÓN NACIONAL

Las tensiones en un año de transición del post-chavismo

Comité Editorial


1. Desde comienzo de febrero el país vive momentos de tensión política donde la polarización que se ha vivido por más de década y media nuevamente se volvió más confrontativa al tomar las calles por iniciativa de las políticas del sector más “radical” de la derecha del país. Lo que parecía un respiro político para el gobierno de Maduro tras el triunfo en las municipales de diciembre no fue más que un momento ocasional de una crisis que se viene arrastrando tras el fallecimiento de Chávez. El cambio político dado a principios de febrero sacaba al gobierno de la tranquilidad momentánea del triunfo obtenido demostrando que muy lejos –y por un triunfo electoral- aún se estaba de salir del período de crisis que vive el país, volviéndose forzosamente más agudo, donde un sector de la derecha llama a tomar las calles impulsando movilizaciones en clave “destituyente” en vistas ya no solo de debilitar al gobierno de Maduro sino buscar directamente “La salida”, como lo sostienen sus propios impulsores, Leopoldo López y María Corina Machado –sus caras más visibles.

2. De esta manera, la violencia e intensidad que tomaron los últimos acontecimientos no se correspondían con el más reciente período del resultado electoral de diciembre, a no ser con los eventos tensos de abril de 2013, solo que ahora, la tensión política está aunada a un agravamiento mayor de la tensión económica que se hace sentir con fuerza. Es claro que el motor acelerador es la crisis económica, y lo que envalentonó al sector más “radical” de la derecha, encontrando un eco en sectores de las clases medias y altas –asentándose en el estudiantado acomodado- que no están dispuestos a seguir más bajo el gobierno de Maduro, un apoyo que capaz sus propios impulsores no se lo esperaban. No es casual bajo este aspecto la división entre el sector más “radical” de Leopoldo López, y el de Capriles Radonski, con sus idas y venidas, se haya vuelto tirante.

3. Se configura ahora la apertura de una situación más convulsiva de lo que podría esperarse, y no solamente de tensiones generadas por un reacomodamiento de fuerzas que aunque bajo crisis y pactos entre los distintos factores se irían conformando, sino que un sector presiona con fuerza –y mostrando su músculo en las calles- buscando acelerar los tiempos políticos para salirse del chavismo en el gobierno. El proceso abiertamente “destituyente” de este sector de la derecha, alentada por un sector del imperialismo que ya mostrado sus garras de injerencia imperialista como se ha visto tras las declaraciones del Secretario de Estado de Estados Unidos, John Kerry, y del Jefe del Comando Sur, general John Kelly, y de la derecha continental con las iniciativas del gobierno de Martinelli de Panamá, ha abierto una situación de real incertidumbre, donde el país ocupó la atención de los principales países y hasta obligó al propio gobierno a salir a explicar al exterior la situación del país buscando apoyo en los países de UNASUR.

4. Como hemos explicado en diversos artículos, los remesones que sacuden en el país están en el marco de “la transición abierta tras la muerte de Chávez, [donde] la debilidad política del Gobierno de Maduro se ha venido manifestando desde el momento mismo de asumir la presidencia, lo que, aunado al agotamiento económico del proyecto político de gobierno, es la base de una crisis más de conjunto de las formas gubernamentales y de régimen político que se han venido manteniendo hasta ahora, es decir, una crisis del régimen de dominio que se dio el Estado capitalista semicolonial venezolano en la última década y media”. Es que el paso del declive del chavismo ya en el período de Chávez vivo, como la entrada abierta en el período de la decadencia chavista con el advenimiento de Maduro (ver ECO 32) - en el sentido que ya se ha transformado en un fenómeno incapaz de recrear las condiciones económicas, sociales y políticas del viejo período de Chávez- ha estado marcado por la profunda crisis económica en que se ve asolado el país, que ha acelerado las contradicciones abiertas, y seguramente acelerado los tiempos de proceso del post-chavismo.

5. Si el “asentamiento” del chavismo “a su manera” no fue “pacífico”, por la fuerte resistencia que le opuso el grueso de la burguesía del país y el imperialismo, mucho menos va a ser sencilla la gestión de su propia decadencia en el marco de toda la crisis económica tras la desaparición física de Chávez, con los acuerdos o pactos que se configuran con el grueso del sector empresarial (con las lógicas medidas antiobreras y antipopulares).Más aún bajo una transición pactada con los sectores de la derecha con las políticas “necesarias”, situaciones bruscas que impliquen cambios acelerados, o frente a eventuales gobiernos de una envalentonada derecha política que propone una agenda abiertamente neoliberal y proimperialista. Es que la llegada de Chávez implicó cambios en el manejo directo de la renta petrolera, imponer términos de una relativa independencia del país aunque sin llegar a romper el carácter semicolonial del país, una reconfiguración de las Fuerzas Armadas que se fueron politizando, una relación de gobernar con la burguesía pero en un papel de subordinada, y una relación directa con el movimiento de masas a través de concesiones y profundos programas sociales. Esto no implica que grupos económicos, sobre todo de la banca y el sector importador, entre otros, junto a empresas transnacionales, no se hayan beneficiado en todo el período, y hasta el surgimiento de nuevos grupos privados aupados por el Estado. Pero esto se hizo bajo una nueva reconfiguración política del país, donde a pesar de que incluso el propio Chávez jugaba un rol de contenedor del movimiento obrero y popular buscando reducir las tensiones y estabilizar las relaciones de clase, convirtiéndose en la principal y mayor garantía del orden burgués en Venezuela, aún así el imperialismo yanqui nunca dejó de tensionarlo permanentemente, y la burguesía nacional de vieja data tampoco lo reconoció jamás como “su” gobierno.

6. Es por esto que la tensión permanente subyace entre las disputas de los intereses propios generados por una alta burocracia estatal que actúa y usufructúa como una casta económica –centralmente la ligada a las grandes empresas estatales– entrelazadas con intereses privados de los nuevos grupos económicos surgidos al calor del Estado, y que se niegan perderlas pasiblemente, como así también los intereses propios de sectores de las Fuerzas Armadas que ha logrado gruesos espacios de poder, y la búsqueda de recuperación de importantes sectores de la alta burguesía de vieja data hacia el poder de la renta petrolera y la administración directa del Estado, y un imperialismo queriendo imponer un proceso abierto de mayor sujeción y tutelaje.

7. Los actuales acontecimientos, aun año de la desaparición de Chávez y de “la transición post-chavista”, se enmarcan entonces bajo “su curso traumático, de conflictos y tensiones” como lo definimos desde su inicio, y este es el fondo de las tensiones políticas en que se ve sacudido el país, y que se han acelerado en los últimos tiempos. En este marco es de considerar también que, si por ahora las acciones actuales del sector más “radical” de la oposición derechista se muevan en clave “destituyente”, no se pueden descartar movidas golpistas a futuro por parte de estos sectores si la correlación de fuerzas se lo permite y tienen el aval del imperialismo, hasta incluyendo procesos de “golpes de palacio (autogolpes)” en los entramados del propio gobierno si alas más “duras” lo ven necesario al ver el control político en peligro. Aunque también, por los signos de los acuerdos del gobierno con gruesos sectores empresariales, la actuación de los gobiernos de la región tipo UNASUR, y la ubicación de los sectores ahora llamados derecha “moderada” no se puede descartar que exista la apuesta a una transición tácitamente pactada, con un chavismo aplicador de los ajustes económicos necesarios.

8. Pero el gran ausente en medio de las grandes tensiones políticas nacionales es la clase obrera junto, actuando de forma independiente y con sus propias demandas que, como explicamos en este periódico, la cuestión clave radica hoy en la necesidad de poner en movimiento esa poderosa fuerza social considerable luchando por una salida propia con sus propias organizaciones, y de independencia de clase frente a los dos grandes proyectos dominantes: los de la oposición derechista de la MUD y la del chavismo encabezada hoy por el gobierno de Maduro. Esta es la única manera no se descargue sobre sus espaldas la crisis, como así también evitando que la crisis actual del chavismo la capitalice el imperialismo y la derecha, como desarrollamos a fondo en este periódico.





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