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Miércoles 21 de octubre de 2015

INTERNACIONAL

Argentina / El Frente de Izquierda a una semana de la historia

Por Fernando Rosso


El estancamiento político de Scioli, Massa y Macri a pocos días de las elecciones generales. Pasado y presente de los resultados de la izquierda en elecciones presidenciales. A las puertas de un gran desafío.

En la mesa de saldos del mercado de las redes sociales se intercambian algunos chistes que grafican el particular escenario político a una semana de las elecciones.

“¿Sabían que a Mauricio Macri le dicen dos docenas?, porque no llega a 25”, bromean algunas voces kirchneristas. Mientras otros amargan el festejo y contestan: “y a Daniel Scioli le dicen febrícula: llega fácil a 39 pero no pasa los 40”. Luego ambos se conjuran para sacudir a las huestes de Sergio Massa a quien presuntamente le dicen “volver a los 17”, ya que, pese a la estridencia de la última etapa de su campaña, casas más casas menos, volvería a repetir el porcentaje de votos que obtuvo en las PASO.

En el último tramo hacia al 25 de octubre, el oficialismo tiene más éxito en dividir el respaldo de la oposición tradicional entre Macri y Massa, que en sumar los tantos que le permitan alcanzar los 40 puntos porcentuales que con una diferencia de diez sobre el segundo, le garantice el triunfo evitando el balotaje.

Si al inicio de la disputa electoral, el Frente para la Victoria acicateó a Macri para forzar la “polarización” que habilitara la justificación de Scioli como candidato del “proyecto”, en esta última fase apuntala a Sergio Massa.

Resignado el sueño de alcanzar el 45% que evita el balotaje sin importar el score del segundo, busca repartir los votos opositores para mantener los 10 puntos de distancia, levantar algo la fiebre electoral y superar los 40. La prueba del empuje oficial al Frente Renovador la otorga cotidianamente el periodista Gustavo Sylvestre, un indisimulado “operador” mediático del oficialismo (C5N) que todos los días tiene un massista sentado a la mesa de alguno de sus programas (desde Sergio Bendixen hasta Alberto Fernández, además de Juan José Amondarain que forma parte de la planta permanente de Minuto Uno).

El impasse en el que se encuentran las tres fuerzas tradicionales que disputan la presidencia, evidencia una imposibilidad de “enamorar” o entusiasmar a las mayorías populares. Esto es una demostración de que frente al deterioro económico, la división entre ajustadores graduales o apurados, no puede generar pasión de multitudes.

Todos los candidatos (incluida Margarita Stolbizer), con la excepción de Nicolás del Caño del Frente de Izquierda, fueron a rendir examen al coloquio empresario de IDEA.

Allí, el hombre desautorizado por el kirchnerismo por sus declaraciones a favor de arreglar con los fondos buitre, fue reivindicado por Scioli frente a la corporación del poder real. Juan Manuel Urtubey llegó junto al candidato del FpV y fue destacado en su discurso frente al plenario patronal.

La situación de evidente agotamiento de los pilares del “modelo”, pero sin características catastróficas, configura un escenario particular; no exento de contradicciones, pero que abre posibilidades para el desarrollo de la izquierda clasista expresada en el FIT.

La especial evolución del escenario tiñe la situación de marcados contornos conservadores, sin radicalización y sólo con puntuales episodios de la lucha de clases.

En este panorama, vale recordar el apotegma de Lenin: no puede existir partido revolucionario sin movimiento obrero revolucionario real.

Sin embargo, a la vez, la inexistencia de un estallido caótico y explosivo de la economía, evita la emergencia como contraparte de las ilusiones y la demanda pragmática de alguna “salvación nacional”.

En ese marco, la dinámica del proceso social y político habilita el fortalecimiento y consolidación, de manera evolutiva pero persistente, de un inédito polo político y social de la izquierda clasista que tiene la posibilidad de alcanzar una votación histórica para un proceso electoral de carácter ejecutivo-presidencial.

A este escenario contribuyen dos elementos más: la crisis de todas las tonalidades de la centroizquierda histórica (progresismo); y un contexto donde el conjunto de las coaliciones pasaron a ubicarse bajo el liderazgo de sus referentes más de derecha: el kirchnerismo rendido ante Scioli y el PJ, el radicalismo ante Macri. Esto último llevó a la lúcida chicana de Beatriz Sarlo que afirmó que el radicalismo se dispone a festejar su centenario el año que viene, con la consumación del suicidio político.

Margarita Stolbizer no es la excepción: es una de las referentes más conservadoras de todas las que postuló la centroizquierda históricamente.

Este “consenso hacia derecha” de todas las fuerzas políticas, actúa ideológicamente en la agenda (con la “seguridad”, el represtigio de la Iglesia vía Francisco o el Ejército y el retorno de referentes del “tren fantasma” de las fuerzas políticas), pero sin embargo encuentra un límite en la relación de fuerzas.

La izquierda en las últimas décadas

Un sucinto repaso de los resultados electorales de la izquierda en elecciones presidenciales en las últimas décadas permitirá calibrar la importancia de la elección en puerta.

En 1983 las tres fórmulas obtenían sumadas el 0.46 % de los votos, en 1989 dos listas alcanzaban el 2.72 % de los sufragios (2.45 % pertenecían a IU que consagraba un diputado nacional). En 1995, tres fórmulas lograban el 0.61 % de los votos. En 1999, otra vez tres fórmulas conseguían el 1.63 %. En 2003, dos listas obtenían el 2.44 %. En el año 2007, tres listas (una de ellas anticipaba el Frente de Izquierda actual) alcanzaban el 1.80 %.

Hay que tener en cuenta que la selección es relativamente arbitraria (en algunas elecciones se podría incluir otras fuerzas como parte del espectro de la izquierda), pero estamos siendo relativamente generosos en circunscribir a determinadas corrientes como el Partido Comunista que terminó aliado y prácticamente fusionado en el kirchnerismo (ahora se propone hacer lo propio como sciolistas, ejem… “de izquierda”) o el MST que concluyó diluido en alianzas diversas de centroizquierda.

Se debe destacar que en 2003 una experiencia de izquierda “autonomista” (liderada por Luis Zamora) logró altas votaciones en la Ciudad de Buenos Aires, pero se diluyó en los años de “restauración” kirchnerista, quedando solo reminiscencias. Y previamente, como síntoma de la crisis que se avecinaba, en las legislativas del 2001 el voto a la izquierda y en blanco, alcanzó abultados resultados en varios distritos (especialmente en Ciudad y provincia de Buenos Aires).

En las generales del 2011, la fórmula de Jorge Altamira – Christian Castillo del Frente de Izquierda y de los Trabajadores alcanza los 503.370 votos que representan un 2,30 %.

En las legislativas del 2013, el FIT logró un millón doscientos mil votos tomando el conjunto del país (alrededor de un 5 %) y consagró tres diputados nacionales, además de legisladores y concejales en varias provincias.

En diversos distritos obtuvo resultados locales históricos, como en su momento en Salta y luego Mendoza, donde Del Caño llegó a obtener 17 % de los votos en Mendoza capital. En otras capitales provinciales (Córdoba, Jujuy, Neuquén), el FIT obtiene resultados que oscilan entre el 9 y el 12 % en distintos procesos electorales.

En las PASO para las presidenciales este año, el Frente de conjunto alcanza 732.852 votos, un 3,25 %, con el triunfo de la fórmula Nicolás del Caño-Myriam Bregman sobre la de Jorge Altamira-Juan Carlos Giordano.

Todo este largo itinerario merecería una explicación relacionada con la evolución del conflicto de clases (la salida de la derrota de la dictadura, el menemismo, el 2001 etc.) e incluso el marco internacional, así como los aciertos y errores de la propia izquierda. Acá solo queremos registrar los resultados electorales para marcar la importancia de las posibilidades actuales con relación al último periodo.

El desafío y la historia

Hacia el 25 de octubre, la fórmula del FIT que encabeza Nicolás del Caño se encuentra entre las seis que compiten. Concentra todo el voto de la izquierda en un polo unificado, con fuerzas que se reivindican de la extrema izquierda, es decir, del trotskismo.

La posibilidad de alcanzar una votación que se acerque a lo obtenido en 2013 colocaría al FIT ante la elección presidencial más alta de la izquierda en los últimos cuarenta años.

Pero además, hay que considerar otros factores que van más allá de la aritmética electoral nacional. El FIT tiene la posibilidad de ampliar la inédita representación parlamentaria de tres disputados con los que cuenta hoy en el Congreso nacional. Está cerca de lograr por lo menos dos más, que pueden llegar a extenderse al máximo de cinco y alcanzar un interbloque de siete u ocho diputados. También tiene grandes posibilidades de ampliar la representación en nuevas legislaturas locales (como en Jujuy) o sumar en las que está presente (que son Buenos Aires, CABA, Córdoba, Mendoza, Neuquén, Salta).

Desde antes de su emergencia político-electoral, las fuerzas del FIT conquistaron posiciones y fuerza militante en organizaciones del movimiento obrero (con el PTS a la vanguardia en el sector industrial), de los estudiantes o del movimiento de mujeres.

Para el nuevo gobierno, el gradualismo para el ajuste se convierte cada vez en una opción más difícil. La devaluación no es negada por ninguno de los asesores económicos de Macri, Massa o Scioli; algunos buscan diferenciarse decretando de antemano un presunto “cepo” a la misma, como si fuera tan simple, y todos van en busca de nuevo endeudamiento. La estructura de la economía acumula tensas contradicciones que llevan al ajuste (que todos reconocen que aplicarán y que en cierta medida ya comenzó) y al mayor enfrentamiento de clases.

El 25 de octubre no se juega solo la eventualidad de realizar la elección presidencial más importante de la izquierda de los últimos tiempos en un proceso electoral ejecutivo; sino la posibilidad (y necesidad) de fortalecer y consolidar ese polo político y social que permita contar con el poder para enfrenar el ajuste e imponer una salida desde los trabajadores. Un desafío histórico por partida doble.


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