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Sábado 8 de febrero de 2014

ECONOMÍA

La crisis económica y los ajustes que se avecinan: Sólo los trabajadores pueden dar una salida de fondo

Por Milton D’León


La mayoría de los indicadores de la economía nacional reflejan un panorama sombrío y ponen sobre el tapete una crisis estructural más de fondo frente a la cual el gobierno nacional no se expresa más que a través de la improvisación sometido a las presiones de los distintos factores políticos e intereses de las grupos económicos de poder y del empresariado. Niveles de inflación galopante –para enero un 56,5% anualizada- que muestran que las distintas leyes de control de precios han fracasado, la escasez muestra unos índices en escalada llegando para enero a un 28% -el más elevado en los últimos seis años, el salario real cae al mismo ritmo de la constante devaluación que el gobierno se empecina en negar, el sobreendeudamiento (externo e interno) continúa con una dinámica ascendente, las reservas internacionales han caído un 50% en los últimos 5 años, una lentificación contractiva del producto interno bruto que no puede avizorar más que una dinámica recesiva, mientras la sangría continúa vía los pagos de la deuda externa y la estrepitosa fuga de capitales.

Lo que al momento hace zafar al gobierno es que no asistimos a una caída abrupta de los precios del petróleo sometido a una dependencia extrema de los humores de la economía mundial en función de un rentismo por el que ingresa el 97% de las divisas totales. En fin, asistimos a un nacionalismo burgués cada vez más senil y en crisis que ha hecho agua y que se ha ido agotando al no resolver los problemas estructurales de la economía venezolana que ha venido arrastrando durante décadas, pero no precisamente por alguna “maldición del petróleo” sino por un capitalismo semicolonial con todo su parasitismo y un imperialismo que somete a nuestra endeble economía al cual el chavismo nunca supo superar ni romper. En el país casi todos hablan de los males que causa una economía rentística, que capta parte de la renta mundial a través de un solo commoditie, pero de la que se benefician descaradamente y jamás se proponen romper. Como vemos, la situación de la economía, luego de un periodo de lo que algunas economistas llaman una “estabilidad asediada”, sufren los embates de los problemas estructurales no resueltos e implican un ajuste sobre el nivel de vida de las masas. Estamos en el principio de una serie de ajustes que en el marco de buscar la “estabilidad económica” se apretará al pueblo en la medida en que se orienta cada vez más a las “necesidades” empresariales. Veamos.

Una devaluación no tan encubierta

Asistimos a un nuevo sistema cambiario donde lo determinante será un cambio fluctuante de acuerdo a los vaivenes del mercado –más allá de que esté regido por Estado por el control de las subastas. En fin, el gobierno no soportó la presión de los devaluadores que proviene tanto de su propio entramado como de los grupos económicos que dicen oponerse a sus políticas económicas. El empresariado critica –le incomoda los controles de precios (aunque el gobierno busca calmarlos al declarar que está dispuesto a realizar cambios en la Ley sobre los precios a depender del diálogo con los empresarios [1] ) pero está contenta con las nuevas devaluaciones, e incluso con los ajustes, pues sigue empujando al gobierno a que haga el trabajo impopular, ellos buscan el campo abierto. Es por eso que ejercen una gran campaña contra el control cambiario, buscan la liberación completa del mercado de divisas, una devaluación más grande incluso de la que quiere el gobierno. El sistema de subasta no implica más que una devaluación constante que vaya marcando un ritmo del que no se sabe dónde puede terminar. Si partimos de que a pesar de estar controlado el tipo de cambio en nuestro país, las mercancías importadas experimentan las subidas más espectaculares de precio, no es difícil pensar en el galope que tomarán.

¿Qué no se devalúa? El vicepresidente para la Economía, Rafael Ramírez afirmó que se mantendrá la tasa preferencial de Bs. 6,30 por dólar para estudiantes, pensionados, jubilados, consulares y diplomáticos y casos especiales (salud), mientras que “el resto” de requerimientos se atenderán con la tasa del Sicad (Sistema Complementario de Administración de Divisas), que se maneja por subastas. ¿De qué resto hablan? Nada más y nada menos que del que conforman los llamados 11 motores fundamentales de la economía venezolana: petróleo, petroquímica, construcción, industria, actividades agropecuarias, agroindustria, turismo, industria textil, minería, comunicaciones y alta tecnología, para solo mencionar los centrales. Sometiéndose todos ellos y otros más a la implementación del nuevo plan general de divisas e importaciones, y si tomamos en cuenta la tasa de la última subasta (11.36 bolívares por dólar) estamos frente una devaluación del 97% en una serie de bienes importantes.

Pero si esto no bastara se encaminan a una nueva devaluación con el llamado Sicad II, con el que el gobierno abrirá un tercer “mercado” donde el dólar tendrá un precio incluso superior a la actual permuta, o Sicad, que hasta el momento ha fluctuado entre 11 y 12 bolívares. Se trata de una liberación mayor en la medid en que, como explicara el propio Maduro la estrategia es "que haya ofertas de divisas más allá del Estado, también regidas por el Estado. Combinando mecanismos de mercado con la dirección del Estado". Y a buen entendedor, pocas palabras bastan, en un sistema en el que incluso se podrá operar desde el exterior.

Pero es una verdad a medias la de que solo el empresariado puja por la devaluación constante, pues desde el propio gobierno para resolver problemas de caja, de déficit fiscal y hacerle frente al endeudamiento interno también se empuja en este sentido. Esto es lo que explica que ya desde diciembre del año pasado (30/12/2013) el Banco Central de Venezuela (BCV) publicó el Convenio Cambiario Nº 24, que establece que el tipo de cambio de compra aplicable a PDVSA y sus empresas filiales, así como a las empresas mixtas, será igual al tipo de cambio resultante de la última asignación de divisas realizada a través del Sicad. Además se estipula que igual tipo de cambio será aplicable a las operaciones de venta de divisas generadas por las empresas de servicios que formen parte del Conglomerado Nacional Industrial Petrolero [2]. Si es el Estado quien controla el ingreso por exportaciones por concepto de petróleo y esta constituye el 97% del total, es el propio gobierno a través de PDVSA el gran beneficiado de su propia medida, pues podrá obtener una mayor cantidad de bolívares cada vez que le venda al BCV los dólares de la venta de crudo. Pero no está de más decir que las grandes transnacionales petroleras que operan en el país ya sea como empresas mixtas en petróleo o no como en el gas, serán también grandes beneficiadas, desde ya para empezar, en una abrupta reducción de costos en su mano de obra que se verá reflejada en sus ganancias desde ya extraordinarias, además de otros grandes beneficios. Con PDVSA bailan también a buen Calipso los grandes conglomerados petroleros que operan en el país. Y Ramírez aún sostiene que no estamos frente a una devaluación “porque la tasa de cambio no ha variado”.

La sangría nacional donde el empresariado se ha hecho la fiesta

Si es como suelen afirmar muchos economistas que es la falta de divisas lo que restringe el acceso de los dólares, ¿cómo se explica que, con un barril promediando los 100 dólares y una producción que según el gobierno se acerca a los 3 millones de barriles diarios, e incluso en los niveles de 2.6 millones de barriles que registra la OPEP, y las reservas internacionales hayan caído a más de la mitad con respecto al 2008? Pero por otra parte, si se han otorgado tantos miles de millones de dólares a sectores empresariales y privados en los últimos años, ¿por qué esto no se expresa en una reactivación económica, y más aún éstos exigen una liberación cada vez mayor? De lo que no se habla, ni los altos grupos económicos ni el propio Estado es de la gran sangría nacional que, por medios legales o fraudulentos, implica un desangramiento de la nación, a través de la desorbitada fuga capitales. Y esto es imposible que el gobierno no lo detectara, peor aún, durante toda la última década el chavismo convivió alegremente con todas estas gangrenas permitiendo que se continuaran desarrollando.

Si bien un monto aproximado de esta fuga de capitales es de difícil cálculo, sí se puede tener conocimiento al menos de “la punta del iceberg” y darse una idea general de su verdadera magnitud. Muchos hablan solamente de mecanismos “fraudulentos”, pero muchas son las vías “legales” de tales operaciones que van desde las emisiones de bonos realizados por el Estado y PDVSA, las transacciones en el mercado de valores (eliminado en 2010), la sobrefacturación de empresas importadoras (también abrumadoramente fraudulentas) a través de CADIVI y el antiguo SITME, y ahora seguido por el SICAD, hasta la lisa y llana maniobra de las llamadas “empresas de maletín” (empresas inexistentes). Y constátese aquí que aún no estamos hablando de una de las defraudaciones mayores, la gran cantidad de capitales que salen por el pago de la deuda externa además del derroche en los subsidios a los grupos económicos.

Desde las alturas se habló de que perforaron el sistema, como si la tal perforación no se tratase de un mecanismo de financiamiento y acceso a grandes montos de divisas para sectores empresariales. Si empezamos a hablar de números, la ex presidenta del Banco Central, Edmée Bentancourt, en pleno 2012, sólo por vía de empresas de maletín salieron más de 20 mil millones de dólares [3], que no se pueden explicar más que por los clásicos mecanismos de corrupción que permitieron el libre tránsito de estas empresas sobre las cuales hasta desde las alturas se niegan a dar los nombres de los responsables, semejante al caso que se hiciera público en el sector del deporte, mecanismo de robo y fuga de dólares que tienen responsables directos pero se tapan pues como bien se sabe “en todos lados se cuecen habas”. Los “especuladores” denunciados en los discursos, como los bancos y otros gruesos sectores empresariales, obtuvieron una formidable ganancia, en base a un negocio en bandeja que se les regaló desde el gobierno.

Pero avancemos a una aproximación a este monto. El Banco Central lleva las cuentas de lo que se llama “Posición de Inversión Internacional” de Venezuela, es decir, la dinámica de los activos de venezolanos (incluyendo los del Estado) en otros países en los que se destaca el sector privado muy por encima del sector público (son conocidas las empresas de petróleo de Venezuela en el exterior), siendo que el sector privado entre los años que van del 2003 a 2013, una década de “control de cambio”, pasó de una posición de 49.329 a 166.858 millones de dólares (III trimestre del 2013), es decir, prácticamente 112 mil millones de dólares que en diez años acumuló en activos el sector privado en el exterior y que salieron directamente del país, siendo que, según la propia información del BCV 119.615 millones de dólares es en concepto de monedas y depósitos [4]. ¿Cómo es que se ha realizado semejante sangría si ha existido un estricto control de las divisas? Si a esto le sumamos los conceptos por los pagos de la deuda externa (sólo en 2013 se pagaron religiosamente 7.097 millones de dólares), los enormes gastos del Estado en el exterior, las fraudulentas importaciones y otros mecanismos del robo abierto al erario público podríamos hacernos una idea de las estratosféricas cantidades de dólares que han salido por diversos medios del país.

Pero si nos detenemos aún en el concepto de liquidación de divisas al sector privado en los últimos diez años (2013-2003) según los propios registros del Banco Central, en concepto de “operaciones cambiarias e importaciones Aladi, se llega a la cantidad sideral de 297.044 millones de dólares [5] (por más que los usuarios de compras electrónicas hayan hecho uso en casi la totalidad de su cupo, no se trataría de una cifra mínima, comparada con lo que se le ha otorgado a los sectores empresariales). Y los desajustes llegan, pues basta mencionar que las reservas internacionales de la nación eran para 2008 de 43.127 millones de dólares, manteniéndose en niveles promedios de 31.400 en los años subsiguientes por cuenta de repasos al FONDEN, ahora para 2013 se ha llegado a 21.481 millones de dólares [6] .

Inflación, el “(des) control de precios” y los que pagan los platos rotos

No es un secreto para nadie que la inflación en Venezuela es una de las más altas de América Latina, y de muchos países del mundo. Para el cierre de 2013 llegamos a un acumulado de un 56,2%, según cifras oficiales, y para el mes de enero del presente año la misma mostró su ritmo acelerador cerrando en un 3,3%. Y el dato más relevante es que el nivel de escasez para el mismo mes llegó nada menos que a un 28%, uno de los más altos en los últimos cinco años. Y todo esto pese a la existencia de políticas de control de precios, que a todas luces se ha mostrado un fracaso, ni siquiera para evitar al menos niveles superiores del ritmo galopante que ya tiene. Los niveles inflacionarios reducirán en forma automática el poder adquisitivo de manera significativa de gruesos sectores de la población asalariada y pobre, pues sabemos que una devaluación de este alcance implica una fuerte transferencia de ingresos de los sectores populares al capital concentrado.

Mientras tanto el gobierno nos habla de “especuladores” (lo que es cierto, más allá que de por sí todo capitalista es un especulador), se va permitiendo el accionar de empresarios que remarcan precios en una política económica cuyos “controles” de precios no han contribuido en nada a limitar la inflación. Pero al gobierno, mientras se le abren luces para eliminar los impuestos sobre la renta y del IVA a los sectores importadores (presuntamente a los productivos), no se le pasa por la cabeza eliminar el impuesto directo al ingreso del pueblo trabajador como es el IVA, una tasación directa a los ya bajos salarios nacionales, donde un salario mínimo apenas alcanza, según las cifras oficiales, a la mitad del valor de la cesta básica (la canasta alimentaria normativa multiplicada por 2) de una familia. El “control de precios” para sectores que explotan fuerza de trabajo, capitalistas de las más variadas ramas, no es más que un chiste, pues sólo tendrán que trasladar al precio final el incremento en los costos, así podrán mantener intacto, sus grandes márgenes de ganancias.

Por su parte, los empresarios le exigen más concesiones al gobierno, mayor liberación de la economía, del dólar, y de las leyes laborales. No es casualidad que también se quejen de la llamada inmovilidad laboral, ¿por qué?, porque no hay nada más práctico para los patronos que dejar la gente en la calle para equilibrar sus ganancias, cuando no bajar los salarios o manteniéndolos retenidos mientras la inflación adquiere ritmos acelerados, pues con toda rapacidad abierta quieren que el salario sea la variable de ajuste y se retraigan. Es que quienes tienen ingresos fijos, trabajadores asalariados, verán mermar su salario real, es decir, su poder adquisitivo.

Solo la clase obrera puede dar una salida de fondo empezando por un efectivo control de precios, y terminar con la sangría y fiesta de los capitalistas imponiendo el monopolio del comercio exterior y la nacionalización de la banca bajo control de los trabajadores

Para enfrentar los aumentos de precios, la única manera de enfrentar seriamente la remarcación es con la fuerza de la clase obrera. Por eso es que somos enfáticos, un verdadero control de los precios sólo podría llevarse a cabo poniendo en movimiento la fuerza social de clase trabajadora, de los cientos de miles de trabajadores de supermercados, de los cientos de miles que trabajan en las empresas productoras de los bienes que integran la canasta familiar. La acción coordinada de éstos, estableciendo comités de trabajadores y consumidores en todo el territorio nacional, que exijan la apertura de los libros de las empresas, para desmontar las maniobras de las firmas que aducen falta de stock y auscultar el verdadero estado económico de las firmas, es la que puede atacar de raíz este fenómeno que está carcomiendo los ingresos de los asalariados.

Es necesario levantar un programa de fondo. Es clave establecer un monopolio del comercio exterior para cortar las maniobras de las grandes empresas y grupos económicos que lucran con los movimientos cambiarios. Esta medida tiene que estar acompañada de la nacionalización de toda la banca, creando una banca estatal única, bajo control directo de los propios trabajadores. Otra medida clave es decretar el no pago de la deuda externa para cortar con esta fuga de recursos que desangra al país, y destinar todos estos recursos a las necesidades más urgentes del pueblo trabajador. Como hemos explicado en este artículo, hay dinero para resolver los problemas de fondo, pero el gobierno se ha mostrado incapaz de dar salidas de fondo, no por incapacidad o ignorancia, sino por sus lazos directos y compromisos en administrar los negocios capitalistas de una nación dependiente, más allá de su discurso diario y desgastado.

Por eso decimos que estas medidas elementales que proponemos no pueden esperarse de este gobierno, no lo ha hecho y no lo hará. Solo los trabajadores junto a todos los explotados, sectores pobres urbanos y campesinos pobres, que son los que tienen todo que perder, los únicos que pueden llevar una lucha hasta el final. Aún la crisis no ha terminado de golpear las fuerzas obreras, son más de 7 millones de asalariados, una fuerza social considerable frente a una minoría de parásitos. Para empezar se hace imprescindible unificar todas las luchas en curso, desde las reivindicativas por salarios, contra los despidos como por las de los convenios colectivos, así como aquellas que avanzan en demandas de mayor aliento.

Pero parte de esta lucha es también luchar contra las burocracias sindicales, tanto las aliadas al gobierno que defienden a rajatabla las medidas gubernamentales, como las aliadas a la oposición empresarial y de derecha que, aprovechándose de la caída del nivel de vida del pueblo, hacen demagogia pero con un claro objetivo de ser correa de transmisión de las empresas privadas. Ninguna de estas burocracias está de acuerdo con estas medidas elementales que proponemos. Se vuelve necesaria la mayor organización, convocando desde ya Encuentros regionales obreros en la dinámica de un gran Encuentro Nacional de lucha, con delegados electos en cada fábrica, mandatados en sus asambleas y revocables, y abierto a todos los trabajadores y trabajadoras.

Frente al partido de gobierno y sus aliados, frente a la oposición de la MUD y demás partidos satélites, los trabajadores debemos luchar por poner en pié un instrumento propio de los trabajadores, un partido de trabajadores independiente sin burócratas ni patrones. Esto en la perspectiva de la lucha por un partido revolucionario de los trabajadores e internacionalista, que luche por un gobierno de los trabajadores y del pueblo pobre.

[1El Mundo, 12/02/2014

[4Balanza de pagos y otros indicadores del sector externo, cuadros 2.4.2 xls http://www.bcv.org.ve/c2/indicadores.asp



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