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Viernes 17 de abril de 2009

Declaración Política de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS)

EL GOBIERNO OCULTA LA REALIDAD: LA CRISIS YA ESTÁ GOLPEANDO Y SIENDO DESCARGADA SOBRE LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO

LTS


Declaración Política de la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS)

EL GOBIERNO OCULTA LA REALIDAD: LA CRISIS YA ESTÁ GOLPEANDO Y SIENDO DESCARGADA SOBRE LOS TRABAJADORES Y EL PUEBLO

¡Unirse desde las bases en lucha y atacar las ganancias capitalistas para defender el trabajo, las conquistas obreras y mejorar las condiciones de vida del pueblo pobre!

Una enorme crisis mundial... y un país capitalista dependiente

La crisis en desarrollo en todo el mundo no es poca cosa, se trata de la más grave desde la gran depresión de los años 30’s y ya se ha cobrado quiebras de grandes bancos y empresas, así como millones de despedidos en los países imperialistas. En nuestro país, como en toda América Latina, el impacto -que ya empieza a sentirse- será de gran envergadura, pues el crecimiento económico de los últimos años en la región venía sustentándose en el importante aumento de la demanda y los precios de las materias primas -o los productos agrícolas- para la producción industrial de los países centrales y China, pero este ciclo es el que se viene abajo, pues EEUU y los principales países de Europa han caído en recesión (disminución y estancamiento prolongado de la actividad industrial y económica en general) y la economía China se contrae rápidamente.

El gobierno nacional apuesta a sus grandes acuerdos con China, pero este país, uno de los principales compradores de materia prima del mundo en los últimos años, no puede cumplir ningún papel independiente como contratendencia a la crisis recesiva mundial, pues quienes se encandilaron con sus enormes tasas de crecimiento económico no veían que el “dinamismo” de su producción era posible porque sus exportaciones conseguían mercado en los países centrales (no en su mercado interno, incapaz completamente de absorber esa producción), fundamentalmente en los EEUU, que venía actuando como “consumidor en última instancia” a costas de un enorme endeudamiento tanto de los particulares como del Estado; y hemos visto cómo este consumo por encima de las posibilidades reales ha estallado en los EEUU, entrando en gran crisis todo el sistema de créditos y arrastrando también a la “economía real”. El resultado es que la economía china se ha contraído fuertemente, disminuyendo sus exportaciones, pasando de un crecimiento de 13% de su PIB (Producto Interno Bruto) en 2007 a 6,5% en 2008, y continuará bajando. De conjunto, las previsiones son que para este año el PIB mundial no solo no crezca sino que se reduzca entre 0,5 y 1%, el peor retroceso desde la Segunda Guerra Mundial.

La conclusión es clara, la demanda de materias primas para la producción industrial viene disminuyendo y seguirá cayendo en grandes proporciones, y con ello las cantidades y los precios de las exportaciones latinoamericanas. No es casualidad la drástica reducción del precio del petróleo, que de haber promediado por sobre los US $100 el barril el año pasado, en lo que va de año no sobrepasa el promedio de los US $ 40. Pero aún, reconociendo esto, Chávez pretende ocultar una cuestión de primer orden, más importante aún que el precio del petróleo, como la realidad de que Venezuela entra en esta crisis como un país capitalista y dependiente. Es decir, frente a una crisis mundial de grandes proporciones, con Venezuela como un país capitalista y además dependiente, la estrategia de Chávez para afrontarla es administrando esta condición, es decir, sin alterar ni el carácter capitalista de la economía, ni con la condición semicolonial del país.

La crisis ya está siendo descargada sobre los trabajadores y el pueblo

Chávez anunció hace semanas sus medidas en medio de un discurso tranquilizador, presentándolas como una “defensa de los más desfavorecidos” y buscando insuflar calma a los trabajadores y el pueblo, es decir, apaciguar los ánimos de protesta y de lucha que ya se comienzan a asomar. La operación discursiva para eso es decir que a Venezuela la crisis aún “no le ha tocado un solo pelo”, que “nadie ha sentido ni la brisa”, y pretender que sus medidas son “necesarias” y que “no afectan al pueblo”. Esto no es cierto.

Chávez, para ejemplificar lo bien que se supone que estamos y las bondades de su política económica para el pueblo dice que en nuestro país “sigue bajando el desempleo”, apoyado en el hecho que en enero la tasa de desocupación fue de 9,5 y en febrero de 7,4, pero la verdad es que estas cifras no pueden dar cuenta del panorama de conjunto de la situación. En primer lugar, no es una novedad que en los meses de febrero suba el empleo con relación a enero, pues por lo general el primer mes del año es de los más “malos” en empleos, por el fin de la actividad económica y comercial de fin de año, un fenómeno que se repite todos los años incluso luego del paro-sabotaje patronal de 2002/03; es así que en febrero del año pasado el desempleo fue de 7,6, es decir, prácticamente igual a este año. El desempleo entonces, no es que baja, sino que se mantiene, en una situación en la que aún la crisis no ha golpeado de lleno pero no por alguna fortaleza especial de la economía o por las medidas del gobierno. Pero a medida que la crisis avance estas cifras comenzarán a cambiar, para peor.

Conviene también señalar que Chávez no dice que las cifras de desempleo promedio ocultan cómo éste sigue golpeando con mucha fuerza a los sectores más pobres, así por ejemplo en el 2007 mientras el promedio de desempleo era de 7,5, en los sectores pobres llegaba a 17,8: muy distante del promedio. No dice tampoco que la mayoría del empleo que se ha generado en estos últimos años, tanto en el sector privado como en el estatal, ha sido trabajo precario (contratados, sin estabilidad laboral, sin previsión social, tercerizados), contando con que para inicios de este año, el 65% de la población trabajadora no tenía acceso a las prestaciones de la previsión social (vacaciones, paro forzoso, prestaciones por maternidad, por accidentes laborales, enfermedades ocupacionales, incapacidad temporal o permanente, HCM, etc.), y que casi un 50% de la población económicamente activa se encuentra en el sector informal.

Pero tampoco da cuenta Chávez de una realidad que ya se vive y que quiere obviar: en lo poco que va de año, en razón de la caída en los precios de las materias primas, ya son unos cuantos miles los despedidos en la industria petrolera y gasífera, no solo en el sector privado sino también estatal, debido a la reducción o paralización directa de diversos proyectos (solo en el Proyecto Gas Anaco, la más ambiciosa inversión en el área, van unos 2.500 despedidos entre rescisión y no renovación de contratos), así como en Guayana han cerrado decenas de empresas que trabajan alrededor de las empresas básicas, despidiendo a varios miles, y anuncian más cierres para los próximos meses. En el sector automotor, uno de los más “golpeados” por la crisis a nivel mundial, vimos cómo se despidieron de un solo golpe 135 trabajadores de la Mitsubishi en Barcelona, y cómo los trabajadores han debido pagar con la muerte de dos compañeros, a manos de la represión de la policía de Tarek William, su lucha por impedir los despidos. También en los propios organismos estatales se adelantan despidos, como la liquidación del SASA (de Agricultura y Tierras) donde quedaron en el aire, sin contrato seguro casi 3 mil trabajadores/as -que se suma a la liquidación del CONAC el año pasado-, la reciente anulación de contrato a más de 100 trabajadores de Cadafe en oriente o los despidos a cuenta gotas de decenas de contratados en el Ministerio del Trabajo y PDVAL. No es pues que “nadie ha sentido ni la brisa” de la crisis: ya la clase trabajadora ha comenzado ha pagar sus consecuencias con los primeros despidos y dos muertos por resistirse al desempleo. Y es apenas el comienzo del impacto en nuestro país de una crisis profunda a la que los propios analistas y gobiernos imperialistas no le ven “solución” cerca.

Ya desde al año pasado, antes del estallido de la crisis mundial, viene configurándose en el país un escenario tendiente a la “estanflación” (estancamiento de la economía combinado con alta inflación). Mientras el crecimiento del PIB viene disminuyendo su ritmo de crecimiento (2006:10,3; 2007: 8,4; 2008: 4,8; para este año estiman solo 1% o 2%) la inflación no ha hecho sino crecer (2006: 17%; 2007: 22,5%; 2008: 31,7%). En razón de esto, varios sectores, como la construcción por ejemplo, anuncian más reducción de su actividad; igualmente en Sidor y otras empresas básicas se habla de reducir turnos o líneas de producción; el mismo gobierno anuncia el establecimiento de “prioridades” para la inversión, es decir, una serie de proyectos serán dejados de lado; y ya en el sector público adelantaron fusiones de instituciones y prometen más en el futuro inmediato. ¿Qué significa esto sino que habrá más nuevos desempleados/as en los próximos meses? Pero el cuadro es mucho más complejo aun.

Chávez anunció la reducción del precio base del barril de petróleo con el que se calcula el presupuesto, de 60$ a 40$, un 33,3%, y la reducción del presupuesto anual de 167,4 millardos de Bs.F. a 156,3 millardos de Bs.F., un disminución del 6,7%. ¿Cómo plantea el gobierno equilibrar esa reducción de 6,7% mientras baja tanto el precio del petróleo? Fundamentalmente, dejando de lado algunos proyectos, aumentando los impuestos al pueblo y endeudándose más con la banca privada. La reducción de gastos suntuarios apenas si significará un aporte importante -y eso si llega a concretarse. Así, aún cuando el gobierno tiene un margen de maniobra considerable, por las cantidades de dinero colocadas en distintos fondos y por estar cobrando aún facturas petroleras a precios de hace meses, lo central de las medidas hasta ahora ha sido el aumento del endeudamiento interno -de 12 a 37 millardos de Bs.F. (un 7% del PIB)- y el aumento de 33,3% del impuesto al consumo común -IVA de 9% a 12%.

¿Qué quiere decir todo este cuadro? Que se profundizará la inflación de los precios para el pueblo trabajador, al tiempo que las posibilidades de empleo serán menores y los aumentos de salarios también. El aumento del 20% del salario mínimo cumple casi una función propagandística. Se trata de un aumento completamente insuficiente para los enormes niveles de inflación, que específicamente en los alimentos alcanza 40% en el último año. Mientras el actual salario mínimo está por debajo del costo oficial de la canasta alimentaria -solo alimentos, sin incluir servicios y demás gastos familiares- calculada por el gobierno, este pírrico 10% apenas regirá en mayo, llevándolo a 879 Bs., cuando ya en febrero la canasta alimentaria estaba costando 918 Bs., sin contar con que el 12% de IVA está en vigencia ya en abril; el otro 10% que recién será para septiembre, que llevará el mínimo a 967 Bs., llegará también muy por detrás del aumento del costo de la vida más elemental. Por otro lado, este insignificante aumento solo alcanzará a poco más de 1 millón de trabajadores activos, mientras el total de asalariados/as alcanza los 7 millones, ese resto deberá pelearse sus aumentos en lucha directa con la patronal, un terreno donde el propio gobierno ha declarado la guerra a los aumentos exigidos por los trabajadores. Sin contar con que por fuera de estas cifras, hay más de 3 millones de trabajadores por cuenta propia, no profesionales, a los que no llegará ningún aumento, además de no contar con ningún beneficio contractual ni previsión social.

Mención aparte merece el endeudamiento, el cual, según Chávez, “no afectará a nadie”. ¿Cómo que no si son los recursos públicos los que se endeudan? Significa más deuda que deberá pagar el pueblo trabajador en un futuro, mientras los ricos banqueros siguen disfrutando de un negocio redondo. Paralelo a esto, el gobierno se ufana de que la deuda externa (con los bancos y organismos financieros imperialistas) ha disminuido a solo 9,3% del PIB, pero no dice que esa disminución porcentual es precisamente porque ha seguido la sangría de recursos públicos para pagarla religiosamente todos estos años, así como el propio crecimiento del monto del PIB (es así como hemos llegado a “deber menos”). De conjunto, el endeudamiento (tanto interno como externo) pasará a significar una 17% del PIB, cifra que contrasta con el presupuesto para Salud, Vivienda y Hábitat, Educación y Educación Superior, que juntos suman apenas poco más del 9% del PIB. Así mismo, mientras el presupuesto para estas áreas vitales ocupa un 30,7% del Presupuesto Nacional, la deuda total (unos 83 millardos aproximadamente) es una cantidad equivalente al 53% del Presupuesto Nacional.

¿Qué es entonces lo que se nos quiere hacer ver como “normal” y como “defensa de lo más desposeídos” en medio de la crisis? Que se siga quitando un porcentaje importante del PIB que, en lugar de emplearse para cubrir las necesidades populares, se le da a los bancos imperialistas como pago de deuda externa; que nos endeudemos con los parásitos banqueros nacionales que viven del dinero ajeno y de la usura, mientras el pueblo padece necesidades; que el pueblo trabajador deba pagar cada vez más impuestos por su consumo mientras los salarios siguen por debajo del costo de la canasta básica. Todo esto mientras la patronal, tanto pública como privada, niega aumentos importantes de salarios y beneficios, al tiempo que la inflación aumenta sin cesar, y los despidos comienzan a arreciar. Y hasta han sido asesinados dos obreros por la policía por luchar por su puesto de trabajo. ¡Golpes al empleo, al salario, a las luchas y al bolsillo del pueblo pobre!

Chávez: tímido con los empresarios y duro contra los trabajadores

Cada vez se le hace más difícil a Chávez hacer pasar y disfrazar como “revolucionarias” y “socialistas” sus medidas que, como vimos, no dejan de ser medidas completamente en los marcos del capitalismo semicolonial de nuestro país. Pues Chávez “presiona” a algunos capitalistas para que cumplan la ley (ley que no deja de ser burguesa) al tiempo que también fustiga y amenaza a los trabajadores que exigen sus justas reivindicaciones. Así, mientras interviene temporalmente algunas pocas plantas procesadoras de alimentos y compra (“nacionaliza”) una de las trece que tiene la transnacional Cargill en el país, por otro lado ataca a los trabajadores que exigen el cumplimiento o discusión de los contratos colectivos y que luchan por mantener sus conquistas salariales y sociales; al tiempo que manda a los militares a las plantas de arroz, amenaza también con mandarlos a las empresas estatales donde los trabajadores en lucha se vayan huelga, además de mandar a los organismos de inteligencia (la DIM y Disip, los mismos asesinos del “caracazo” y de siempre) a actuar contra los dirigentes obreros.

Chávez cuestiona a los trabajadores por querer mejores salarios y conquistas para sus familias, mientras sostiene la existencia de la explotación capitalista, que es la fuente de las ganancias de empresarios y banqueros, así como el fundamento de la propia existencia de los capitalistas como clase social, que viven de lo mejor en esta “revolución”. Pero no solo esto, sino que en el marco de su proyecto de “desarrollo nacional”, al no existir históricamente en el país ninguna burguesía “nacionalista” que se hubiese tomado ese trabajo, el Estado asume directamente parte de ese papel en variadas áreas (petróleo, gas, acero, telecomunicaciones, cemento, electricidad, hidrológicas, aluminio, lácteos, etc.), actuando así como un sector burgués más que, como tal, saca también sus cuentas de “rentabilidad” y se enfrenta a los trabajadores como patrón, defendiendo la ganancia capitalista contra el salario y las conquistas obreras. El Estado venezolano, al tener un interés patronal directo en buena parte de la economía nacional, termina defendiendo doblemente el interés capitalista: como Estado que garantiza la legalidad y defensa de la propiedad privada burguesa, y como patrón directo que, al defender su propio “negocio”, defiende también al conjunto de los negocios capitalistas. Así, la política de contención salarial no es solo para los sectores dependientes del Estado, es también de favorecer a los capitalistas privados para que no se vean amenazados por huelgas obreras (basta ver la Mitsubishi, como explicaremos más adelante).

En ese sentido el gobierno maniobra hoy para no discutir las contrataciones colectivas vencidas, retrasar el cumplimiento de las ya aprobadas o ningunear las exigencias de los trabajadores, disminuyendo su alcance (petroleros, maestros/as, enfermeras, médicos y demás trabajadores de la salud, Mercal, eléctricos, administración pública, empresas básicas, obreros universitarios), combinando diferentes “tácticas”, desde la discusión solamente con la burocracia sindical subordinada al gobierno, hasta las amenazas de Chávez sobre la intervención del ejército y los organismos de inteligencia, pasando por la persecución laboral y judicial contra quienes salen a la lucha. En el magisterio, el propio ministro Navarro amenazó públicamente a los maestros/as no titulares con negarles la titularidad si acataban el llamado paro, valiéndose de las Zonas Educativas y algunos Consejos Comunales para hacer de esquiroles de la paralización, al tiempo que, a través de grupos estudiantiles chavistas, acusa judicialmente a las organizaciones sindicales que están al frente de la lucha. En el Metro el gobierno logró desconocer el contrato firmado a finales de 2008, gracias a las amenazas de militarización de Chávez, el amedrentamiento directo con los cuerpos de inteligencia y la complicidad de la burocracia sindical, imponiendo así un nuevo contrato con 40% menos de beneficios.

En la Mitsubishi se envió directamente a las fuerzas de represión para reventar la lucha obrera, todo para salvar a la multinacional japonesa. La muerte de los dos compañeros de la transnacional japonesa, a manos de la policía, por luchar contra los despidos, es un caso claro de este frente tácito patronal que se establece entre el gobierno y los empresarios (nacionales y extranjeros) contra las luchas de los trabajadores/as. El presidente Chávez apenas si cuestionó la labor policial, sin mencionar ni la más mínima crítica a su gobernador Tarek William, lo que se traduce directamente en apoyo político a este y a su actuación, mientras directamente se lanzó contra los trabajadores diciendo que tenían que “ser responsables”, dejando entrever que estos pudiesen haber “provocado” la represión, sin decir una sola palabra sobre los explotadores imperialistas japoneses que de un solo golpe habían mandado a la calle a 132 trabajadores. Es por esto que la represión contra los trabajadores que luchan es un instrumento al servicio de la patronal en su conjunto, es la misma que se desató contra los trabajadores de Sanitarios Maracay, de PDVSA y de Sidor, y es la que se empleará más aún en los tiempos por venir, por eso el gobierno no la pone en cuestión.

Los salarios no compiten con las misiones, sino con la ganancia capitalista

Desde esa perspectiva patronal y burguesa, Chávez se ha propuesto incluso contraponer el salario y las conquistas de la clase trabajadora a los recursos para los sectores más pobres de la población (Misiones): “no voy a quitarle dinero a las misiones para dárselo a los sindicatos”, dijo Chávez en su amenaza de hace semanas en Guayana.

Comencemos por despejar que, si bien es cierto que la gran mayoría de los sindicatos del país son dirigidos por una gran burocracia, esa no es la preocupación de Chávez, porque, en primer lugar, los sindicatos que este impulsa son igual de burocráticos y, en segundo lugar, las conquistas obreras no son exclusividad “para los sindicalistas” sino para el conjunto de los trabajadores a los que el sindicato represente. Es una obviedad. Pero Chávez aprovecha la existencia de la corrupción en el movimiento sindical -no muy distintos a los ha sostenido él mismo durante todos estos años en su propio gobierno y sus propios aparatos sindicales- para arremeter contra todo intento serio de la clase trabajadora por mantener o aumentar sus salarios y condiciones de vida, mientras sostiene las grandes ganancias patronales y de los banqueros.

Baste con señalar que en el año 2002, de las Cuentas Nacionales, la parte del producto nacional que correspondía a “Sueldos y Salarios” era apenas de 33%, mientras la parte correspondiente a “Ganancias, alquileres y otras rentas”, ocupaba un 38%, pero en 2005 la primera parte había bajado a 25% mientras la otra llegaba a 49%: es decir, que la principal clase productora de la sociedad, los y las millones de asalariados/as que producen la mayoría de las riquezas nacionales y constituyen el 60% de la población trabajadora, se llevaba apenas 25% del producto, mientras una minoría se llevaba la mitad. Y esta brecha se ha ampliado en los últimos años. De la parte de esas ganancias que corresponde al Estado, en su condición de empresario y patrón, se podría argumentar que se destina dinero a los sectores más pobres, pero no sólo para ayuda social (poca para las grandes necesidades) se destinan las ganancias de las empresas estatales, también para pago de la deuda a los banqueros (externa e interna), créditos a empresas, cubrir la exoneración de impuestos a determinados sectores capitalistas “productivos”, pagar jugosos servicios a contratistas y tercerizadoras y, en fin, para lo “normal” de una empresa con sentido capitalista: después de esas deducciones es que “queda” el dinero para el gasto y la inversión social. Más claro aún es el hecho de que la mejor tajada de esa gran cantidad de recursos en forma de ganancias va a parar a manos de los capitalistas privados, pues es en este sector donde trabaja el 80% de la población.

¡Y Chávez pretende crear un enfrentamiento entre los trabajadores y trabajadoras explotadas y el pueblo empobrecido, ocultando la gran masa de recursos que implican las ganancias capitalistas, haciendo como si eso no existiese! Con el agravante de que esas ganancias capitalistas que pretende dejar fuera de la diatriba son producto del robo del trabajo de los asalariados/as: y esa la verdadera razón de la pobreza y las necesidades del pueblo trabajador en su conjunto! El carácter burgués del gobierno salta a la vista nítidamente, pues naturaliza tanto las relaciones de explotación y robo capitalistas, las considera tanto como parte del funcionamiento “normal” de la sociedad, que ni las pone en cuestión a la hora de pensar enfrentar la crisis.

Y es que el gobierno, como hemos visto en los datos, ha podido desarrollar los planes sociales en todos estos años gracias al aumento considerable de la renta petrolera -tanto por el amento de los precios del petróleo como por el regateo con las compañías imperialistas, quitándoles una parte de la renta que estas se quedaban-, pero no ha sido de ninguna manera afectando las grandes ganancias de los capitalistas, que han visto sus negocios en aumento. Digamos que no había tenido que “meterle la mano en el bolsillo” a nadie en el país, pero ahora, como vemos, es al pueblo trabajador, y no a los capitalistas, a quien Chávez pretende “meterle mano en el bolsillo” (impuestos, endeudamiento, baja real del poder adquisitivo por la inflación y el estancamiento de los salarios, desempleo) “para mantener las conquistas sociales”.

Lo correcto del voto nulo o la abstención frente a la Enmienda

Esta situación ratifica una vez más lo correcto de la postura de independencia de clase que desde la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) sostuvimos en la pasada elección, llamando a votar nulo o a abstenerse, sin brindar ningún apoyo político a Chávez -ni por supuesto a la oposición burguesa proyanqui-; pues en realidad Chávez solo buscaba recomponer su liderazgo golpeado y garantizar la posibilidad de continuar en el poder tras el 2012, para seguir con el proyecto de reformas en los marcos del capitalismo y, además, posicionarse mejor para “enfrentar la crisis” que se avecinaba.

En el país, tras el referéndum del 15-F, no viene ninguna “profundización” de “revolución” alguna ni construcción del “socialismo”, sencillamente porque nada de eso existe más que en los discursos de Chávez y su gobierno. Lo que se viene encima es una enorme crisis que será descargada con fuerza sobre las espaldas del pueblo, pues ni el gobierno ni la oposición de derecha pondrán en cuestión las ganancias empresariales y la propiedad privada capitalista, pero sí el salario y las conquistas obreras, así como el nivel de vida del pueblo pobre, y para imponerle eso al pueblo necesitarán enfrentar su resistencia y sus luchas. Para eso se preparan Chávez, los empresarios y los partidos de la derecha, y solo la más completa independencia política de los trabajadores y trabajadoras puede permitir una lucha seria y decidida contra estos planes: votar por Chávez o por la oposición burguesa era una posición completamente opuesta a la independencia política de la clase trabajadora.

Los agentes del gobierno en el movimiento obrero

Sin embargo, en el movimiento obrero hay quienes insisten en ocultar toda esta situación y se empeñan en seguir embaucando a los trabajadores para que confíen en Chávez y su gobierno, y no asuman una perspectiva de independencia política de clase, tal como ya comienzan a hacerlo franjas de trabajadores. Uno de estos grupos más activos y que más habla de “socialismo” es la autodenominada “Corriente Marxista Revolucionaria (CMR)” del PSUV, que viene de cumplir un papel vergonzoso en el conflicto de la Mitsubishi. Este grupo pretende hablar en nombre del marxismo mientras se empeña en ocultar ante los ojos de los trabajadores el verdadero carácter del gobierno.

Su papel vergonzoso y rastrero ante el gobierno y el propio Chávez tiene sus fuertes antecedentes. Mientras el gobierno cercó y llevó a la derrota la ejemplar lucha de Sanitarios Maracay (intento de sindicato paralelo, represión policial y judicial, boicot comercial y financiero, negociaciones con el patrón a espaldas de los trabajadores), donde los obreros se negaron a vivir súperexplotados y desafiaron la propiedad capitalista demostrando cómo se puede iniciar la construcción de una nueva sociedad sin explotadores, esta gente culpa a los trabajadores por “haberse enfrentado al gobierno”, una conclusión canallesca que le lava la cara al gobierno mientras arroja basura y calumnias sobre esta gran lucha. Así mismo, son incapaces de explicar cómo es entonces que muchas otras fábricas tomadas que siempre se mantuvieron esperando que el gobierno “resolviera” (Textiles Fénix, Christine Carol, Selfex, etc.), incluso algunas donde ellos tuvieron influencia, terminaron en la más completa derrota y desmoralización, con la diferencia de que no dejaron para el conjunto de la clase obrera el ejemplo de lucha que implica Sanitarios Maracay: mostrar que frente a las “quiebras” o amenazas de cierre hay una salida que no es irse a la casa o esperar una respuesta del gobierno que no llegará, sino la puesta en funcionamiento de las empresas bajo la propia gestión de los trabajadores para garantizar el empleo y el salario.

Con esa visión tan servil al gobierno, ¿cómo explican entonces que los trabajadores de Sidor lograran la importante conquista del nuevo contrato y la salida de la transnacional Techint, si fue precisamente enfrentando no solo a esta sino al propio gobierno como lo lograron? Según esa lógica absurda, los trabajadores de Sidor debían haberse sometido a las maniobras del gobierno que buscaba quebrar la lucha… si la CMR tuviese algún rol importante en Sidor, la lucha no tendría otro destino que la derrota o la aceptación de un contrato colectivo miserable.

Un punto especial merece su actuación en el reciente conflicto de la Mitsubishi. Luego de la violenta represión, y el saldo de dos compañeros asesinados, se negaron y se niegan tozudamente a reconocer ante los trabajadores que el gobernador Tarek William tiene responsabilidad política directa en la masacre, y también en reconocer la responsabilidad de Chávez como jefe de gobierno defendiendo a su gobernador. Peor aún, luego de los asesinatos, y nuevos hostigamientos patronales, la CMR llegó al descaro de felicitar al secretario general de la gobernación de Anzoátegui por unas vagas declaraciones, afirmando que “Hay que felicitarse del cambio de actitud de Rafael Vega” (13/2/2009), mientras los propios trabajadores venían exigiendo su destitución tras la brutal represión. Así mismo, mientras el gobierno ha impedido una investigación seria de los asesinatos de los compañeros de la UNT-Aragua, tomando a un trabajador como chivo expiatorio y condenando las acciones de lucha de los trabajadores aragüeños, esta gente se calla la boca. Y para colmo de males, ante las graves amenazas de Chávez de combatir derechos tan elementales como la huelga y del contrato colectivo mediante las FFAA, a estos “marxistas” se les acabó la tinta, pues no se atrevieron siquiera a denunciarlo… cualquier cosa para no enfrentarse al gobierno, así sea vendar los ojos a los trabajadores para que no vean cuando éste los ataca.

Pero su papel en la Mitsubishi no se queda allí. En la firma del acuerdo por el cual los trabajadores vuelven al trabajo negociaron que se estudiaría caso por caso los trabajadores que serían incorporados, el pago de salarios caídos dependiendo de la superproducción, quedando toda la impunidad reinante hacia los empresarios y jefes políticos de la policía, verdaderos responsables de la muerte de dos obreros. Cuando hablan del acuerdo, se refieren al “acuerdo de los trabajadores", siempre en tercera persona como si no hubieran tenido parte, pero cuando hablan de las “posibilidades” que daría el acuerdo, hablan de que "nos permite reorganizarnos" (¡??!). Completamente vergonzante, pues no se atreven a reconocer que son responsables del acuerdo, al tiempo que justifican al gobernador y al propio Chávez, quienes impusieron dicha negociación, acuerdo que un sector de los trabajadores resiente. Un acuerdo que el gobierno forzó frente a la intervención del gobierno de Japón que puso como condición para la firma de su inversión en la Faja del Orinoco, la solución favorable a la Mitsubishi del conflicto. La propia ministra del Trabajo amenazó directamente a los compañeros del sindicato con declarar ilegal la toma si no aceptaban el acuerdo con la empresa, pero esta gente se niega a denunciarlo públicamente, para que los trabajadores sepan la clase de "ministra obrerista" que ha puesto Chávez. Así mismo, se empeñan en esconder la responsabilidad política de Tarek en la represión, contribuyendo a la impunidad de quienes quieren "resolver" los reclamos obreros con mano dura para escarmentar a los trabajadores; se empeñan en esconder también la responsabilidad de Chávez en el retroseso en la Mitsubishi: ¡porque no es solo la ministra del Trabajo, es el propio Presidente quien es responsable directo de que los trabajadores hayan tenido que ceder en la negociación! Quien se niegue a ver la realidad y a sacar las conclusiones pertinentes, solo prepara futuras derrotas.

Es muy importante en estos momentos que la vanguardia de la clase que hoy sale a la lucha sepa distinguir con claridad a personajes y grupos de este tipo, pues, en la situación que se avecina las luchas difíciles contra la patronal y el gobierno que se hace cómplice, o directamente contra el propio gobierno, se verán multiplicadas, y con esa política solo puede desarmarse la resistencia y la lucha obrera. Reconocer a estos representantes del gobierno en las luchas es vital porque su papel es desarmar a los trabajadores ante los ataques del gobierno y sus complicidades con los empresarios privados, con lo que lejos de preparar para la victoria, preparan el camino a duras derrotas y a la sumisión de la iniciativa y las fuerzas de los trabajadores a los dictámenes gobierneros, lo que solo puede conducir el destino de la clase obrera a un callejón sin salida. Y en los tiempos por venir, cada lucha importante que se pierda, será un golpe fuerte a la capacidad de resistencia obrera.

¿Cómo hacer frente a la situación?: la traición de la burocracia gobiernera y el camino errático del compañero Chirino

Los burócratas sindicales del gobierno, tan incapaces orgánicamente de dar ninguna lucha seria y clasista por los intereses de los trabajadores –al igual que los burócratas propatronales y proimperialistas que dirigen la CTV– no han esperado tiempo para alabar las medidas de Chávez, como Osvaldo Vera de la “cental” CST, que además declaró vergonzosamente no haber escuchado las amenazas de Chávez en Guayana contra los trabajadores. Esta gente está completamente del lado patronal, y en cada lucha importante en que los trabajadores han debido enfrentarse con el gobierno en los últimos años, han estado del otro lado de la barricada, y lo seguirán estando de hoy en más, representando la clásica posición del burócrata gobiernero traidor de las luchas.

Son estos los que han salido a atacar y calumniar al compañero Orlando Chirino -coordinador nacional de la UNT y principal dirigente de la Corriente Clasista, Unitaria, Revolucionaria y Autónoma (C-CURA)- por proponer un agrupamiento sindical con independencia del gobierno, sin dividir aguas entre sindicatos afiliados a la CTV o a la UNT. Rechazamos categóricamente las infames calumnias (“adeco”, “escuálido”) vertidas contra Orlando Chirino, sin ningún asidero en la historia política del compañero, que no son más que la obra de farsantes cuya única preocupación real es acabar con cualquier intento serio de organización clasista de los trabajadores por fuera de la tutela del gobierno.

Sin embargo, la iniciativa del compañero Chrino y su agrupación, la Unidad Socialista de Izquierda (USI), de conformar el llamado movimiento de “Solidaridad Laboral”, no está a la altura ni en la orientación correcta que lo exigen las circunstancias, pues confunde la organización clasista de los trabajadores desde la base con los agrupamientos a nivel de cúpulas sindicales, y también sin distinción sobre la posición política de los dirigentes sindicales frente a los hechos de la lucha de clase de los últimos años, como también sin discriminación sobre a quiénes responden los mismos a nivel de centrales.

Por eso, el primer error de esta política es que se trata de un agrupamiento burocrático, entre las cúpulas de varias federaciones o sindicatos nacionales, que sólo expresa muy distorsionadamente las tendencias a la unidad en la lucha que han mostrado los trabajadores; pero también es burocrática la iniciativa de Chirino y la USI en otro aspecto, y es que se hace en nombre de la C-CURA sin que haya sido objeto de discusión ni de decisión en ninguna instancia representativa de la misma, como un encuentro de todos los sectores obreros y obreras que la componen, es decir, sin atender a la democracia obrera directa.

En segundo lugar, se trata de una instancia donde no solo hay burócratas sindicales de la UNT sino también algunos de la alta dirigencia de la CTV que, bien por acción u omisión, han estado políticamente del lado de la oposición burguesa y proimperialista en estos años, y por eso se perfila fácilmente como un movimiento “antigobierno”, más no como anticapitalista y clasista, es decir, contra toda la patronal, no solo contra el gobierno sino contra la clase capitalista en su conjunto. Aprovechando la oportunidad de que es el gobierno quien viene atacando más duramente de manera pública los derechos de los trabajadores, los arribistas sindicales con que se alía el compañero Chirino, no pretenden otra cosa que encaramarse tras la justa rabia obrera para hacer su política escuálida, travestida de defensa de los derechos laborales.

En tercer lugar, este engendro no está en capacidad alguna de dar una pelea consecuente contra el capitalismo como la que se viene ahora, porque se perfila solo como oposición al gobierno-patrón, sin proponerse atacar duramente a los capitalistas privados, que son quienes explotan a la gran mayoría de los trabajadores/as, y porque se plantea una lucha completamente sindicalista y casi corporativa. Siendo que la mayoría de los trabajadores hoy se encuentra fuera de los sindicatos, esta “unidad” con burócratas sindicales se limitará a una defensa de solo un sector de la clase, sin dar batalla común que incluya a los millones de contratados y tercerizados, que son el sector más vulnerable de la clase; el caso del Metro es claro, allí la burocracia sindical deja a su suerte a los súperexplotados por las contratistas.

Llamamos al compañero Chirino a revertir este camino errático, y a luchar desde la organización de las bases por una política consecuente, que no le lave la cara a tanto arribista que surge y surgirá a medida que los trabajadores salgan más a luchar. Llamamos a la más firme organización independiente de los trabajadores, tanto del gobierno como de la oposición burguesa, pero también de sus agentes en el movimiento obrero. Mientras Chávez habla de un modelo de gestión de la crisis donde pretende contraponer los salarios y derechos obreros a la continuidad de los planes sociales, la única manera de responder de cara a los intereses de las mayorías del país es proponiendo una sólida alianza obrera y popular, cuya base sea atacar las ganancias capitalistas en su conjunto como base para defender el salario, las conquistas de las familias obreras y las condiciones de vida los más pobres, y una perspectiva así es imposible de plantear con estos sectores y desde ese espacio, tanto por su carácter burocrático y corporativista como por la propias orientaciones burguesas-escuálidas de una parte de sus integrantes. Mención aparte merecen los acercamientos de Chirino y la USI con los diputados del “Frente Humanista” (ligados a Douglas Bravo), que se mantuvieron durante años en la Asamblea Nacional apoyando a Chávez y las actuaciones del gobierno, y recién hace poco más de un año se han convertido en “disidentes”: ¿qué tienen que ver estos burócratas con la lucha anticapitalista y antigubernamental de los trabajadores?

Por eso, a pesar de que el compañero Chirino diga que persigue la unidad de los trabajadores en lucha y por la base, y con razón afirme que es el propio gobierno con sus políticas antiobreras y antisindicales el que le da vida a estos sindicaleros de la “cuarta república”, termina impulsando este espacio que les permite lavarle la cara a sectores del sindicalismo escuálido, comprometiéndose con sectores que son incapaces de dar una salida de alianza obrera y popular anticapitalista a la crisis, y que facilitan la demagogia del gobierno de acusar a los trabajadores de corporativismo. Pero más aún, esta política que compromete a todos quienes reivindican, y nos reivindicamos de C-CURA, se hace sin ningún tipo de discusión democrática entre los trabajadores, continuando de manera lamentable con el funcionamiento que le han impuesto a la corriente sin la democracia obrera directa, con encuentros esporádicos, una o dos veces al año, en horarios en los que los trabajadores comunes no pueden asistir, limitados a dirigentes sindicales, sin que medien previamente asambleas por fábrica y lugar de trabajo que elijan sus delegados/as y sin que los sindicalistas reciban un mandato de estas asambleas.

El compañero Chirino y la USI deben abandonar esta orientación de conjunto e impulsar el fortalecimiento y ampliación de la C-CURA desde la base, con un funcionamiento basado en la democracia obrera para que esta pueda convertirse en un verdadero referente para los miles y las miles que hoy salen a la lucha, solo así podrá también la C-CURA disputarle las bases a esos sindicalistas de la CTV que quieren reciclarse en “Solidaridad Laboral” como también a las burocracias de las otras corrientes de la UNT.

Llamamos a la mayor coordinación y unificación desde las bases de los trabajadores y trabajadoras en lucha

Sólo la más amplia unidad de los trabajadores y trabajadoras puede evitar que continúen y se profundicen estos planes antiobreros y antipopulares, pero esta unidad no será por el camino de este tipo de acuerdos cupulares, sino desde las bases, desde cada lugar de trabajo y desde cada lucha, hasta unirse con el resto. Hoy, si bien es cierto que los principales bastiones de la clase obrera se encuentran sindicalizados, no es menos cierto que la mayoría de los trabajadores no están sindicalizados, incluso allí donde hay grandes concentraciones obreras, como en Sidor, por ejemplo. Por eso no se puede pretender que con acuerdos de dirigentes sindicales o con “encuentros” organizados solo para que asistan estos es como se logrará esta unidad.

Uno de los logros de la ofensiva neoliberal contra los trabajadores fue fragmentar hasta más no poder las fuerzas de la clase -entre sindicalizados y no sindicalziados, fijos y contratados, con contrato y sin contrato- y a eso hay que responder, porque limitarse a la lucha en los sindicatos (es decir solo a los que están sindicalizados), es sencillamente darle la espalda a la mayoría de la clase, sobre todo a las grandes franjas de tercerizados y contratados que están por fuera de estas instancias. En estos tiempos donde los patrones intentarán convencer a los fijos de que acepten los despidos o las rebajas salariales para los contratados, con la promesa de que así conservarán sus trabajos, donde intentarán convencer a los trabajadores de planta que es necesario despedir a los de las empresas contratistas o las cooperativas, aceptar eso, negarse a soldar la más fuerte unidad con todos los compañeros y compañeras de clase, es también una manera de cederle al interés patronal y de darle la espalda a los intereses de la clase trabajadora en su conjunto.

Por eso, el primer deber en el camino de la unidad es partir de espacios y organismos que agrupen al conjunto de los trabajadores en cada lugar de trabajo o empresa, independientemente de su condición laboral, organizar asambleas y comités de lucha con la participación de todos y todas, que deberán ser impulsados por el sindicato allí donde este sea dirigido por sectores verdaderamente clasistas, o deberán ser impuestos al sindicato si éste es dirigido burocrática y corporativamente. Organizar encuentros comunes entre los trabajadores de una misma rama, de una misma zona y nacionalmente, encuentros de delegados y delegadas de base, escogidos en asamblea en su lugar de trabajo, independientemente que sea o no dirigente sindical, con mandatos de la asamblea y revocables en cualquier momento por la misma. Solo encuentros de estas características pueden ir forjando una nueva camada de obreros y obreras combativos, como así también votar verdaderos planes de lucha comunes y una fuerte unidad de la clase, y solo en encuentros así se puede desenmascarar a esos burócratas sindicales que hasta ayer estaban con la derecha proimperialista y hoy quieren presentarse como defensores de los derechos de los trabajadores.

Es posible una salida obrera y popular a la crisis: ¡hay que imponerla!

Esta fuerte crisis no tiene que por qué aumentar los mayores padecimientos para los trabajadores y el pueblo, la única opción no es calarse las salidas patronales y burguesas que tanto la oposición de derecha como el propio gobierno proponen: más impuestos para el pueblo, despidos, aumento del costo de la vida, estancamiento de los salarios y beneficios, cierres de empresas o supresión de proyectos, represión a los que luchan, más endeudamiento público. Con mayores o menores diferencias, tanto los gobernadores y alcaldes escuálidos como chavistas, tanto la oposición burguesa como el gobierno de Chávez, se proponen avanzar en este sentido, y eso solo quiere decir que la crisis la pagaremos los sectores explotados y empobrecidos.

Pero es posible voltear la tortilla, sosteniendo una política completamente independiente de todas esas variantes políticas y sellando una verdadera alianza obrera y popular. En las ganancias empresariales y de la banca, tanto nacionales como imperialistas, tanto privadas como estatales, fruto de nuestro trabajo, están los recursos para defender el trabajo, los salarios y el nivel de vida del pueblo pobre. Así como las empresas y el gobierno tienen sus planes y medidas “anticrisis”, nosotros debemos levantar nuestro propio plan de lucha contra la crisis, cuyo lema debe ser: ¡no dejaremos que descarguen la crisis sobre las masas explotadas y empobrecidas, que los capitalistas paguen su crisis! Proponemos al conjunto de los trabajadores y trabajadoras levantar las siguientes medidas de emergencia tendientes a hacer realidad esta consigna.

¡CONTRA LA SANGRÍA DE NUESTROS RECURSOS Y POR EL MEJORAMIENTO DE LAS CONDICIONES DE VIDA DEL PUEBLO POBRE!

¡No más pago de la deuda externa a los bancos imperialistas! ¡Que ese dinero sea dedicado a satisfacer las necesidades de vivienda, educación, salud y servicios públicos del pueblo!

¡CONTRA EL NEGOCIO REDONDO PARA LA BANCA A COSTAS DE LAS NECESIDADES POPULARES!

¡Alto al endeudamiento con la banca privada nacional! ¡Exijamos la nacionalización de toda la banca y su administración directa por los propios trabajadores y comités de usurarios de escasos recursos, para que ese dinero vuelva a sus verdaderos dueños en forma de viviendas, créditos baratos y servicios públicos!

¡CONTRA EL ALTO COSTO DE LA VIDA Y LA DEPAUPERACIÓN DE LOS SALARIOS!

¡Eliminación del IVA! ¡Basta de impuestos al salario y al bolsillo del pueblo pobre! ¡Exigimos fuertes y progresivos impuestos a las ganancias capitalistas! ¡Que nadie gane menos de la canasta básica familiar y aumentos mensualmente al mismo ritmo que aumente la inflación! ¡Por la conformación de comités obreros y populares que fijen los precios y fiscalicen la distribución de alimentos!

¡CONTRA EL DESEMPLEO!

¡Ni un solo despedido más! ¡Nos negamos a aceptar como “normal” que se condene a los/as trabajadores/as y sus familias al desespero y la miseria mediante el desempleo! ¡Exijamos la prohibición de los despidos y el reparto de las horas de trabajo, sin rebaja salarial, entre todos los trabajadores de una empresa o lugar de trabajo, para que no haya nadie sin trabajo! ¡Ante las amenazas de cierre de empresas los trabajadores exigimos acceso a toda su información contable y financiera, y el control obrero de la producción! ¡Ante los cierres ocupemos las empresas y pongámoslas a producir bajo gestión obrera!

¡CONTRA LA PRECARIZACIÓN Y FLEXIBILIZACIÓN LABORAL!

¡Pase a fijo de los contratados y tercerizados! ¡A igual trabajo, igual salario y beneficios! ¡Por la inclusión de contratados y tercerizados en los contratos colectivos!

¡CONTRA LA PDVSA CAPITALISTA! ¡POR EL CONTROL OBRERO Y POPULAR DE LA INDUSTRIA PETROLERA!

¡Los recursos petroleros no sólo contribuyen al gasto social sino también a pagar la “deuda” con los banqueros, los créditos y los subsidios a los empresarios “productivos”! ¡Ni un bolívar más de PDVSA para los capitalistas! ¡Por una industria en manos sus trabajadores y las comunidades!

Se trata aquí de las primeras medidas de emergencia serias que pueden evitar que se descargue la crisis sobre el pueblo trabajador y tengamos una mayor degradación social en el período inmediato, pero no las va a tomar el gobierno, ni mucho menos la oposición de derecha, por eso habrá que imponerlas con nuestros propios métodos de lucha y confiando solo en nuestras propias fuerzas: asambleas, comités de lucha o de fábrica, paros y huelgas, control obrero de la producción, marchas, tomas de fábrica, comités de autodefensa contra la represión, etc. Estas medidas emergenciales están a la orden del día, y en los últimos años hemos tenido ejemplos de cómo la clase trabajadora tiene capacidad para llevarlas adelante: el control obrero en las refinerías de Puerto La Cruz y El Palito cuando el paro-sabotaje; las decenas de tomas de fábrica en estos años, ante el cierre o ante la negativa a cumplir con los derechos obreros; el funcionamiento bajo gestión obrera de Sanitarios Maracay, con organismos y métodos de democracia directa como el Comité de Fábrica que agrupaba a todos los trabajadores, revocable y responsable ante la asamblea de trabajadores, que comenzó incluso a sellar una alianza con los sectores más pobres de la población; la importante victoria de los sidoristas que vencieron la resistencia de la transnacional y el propio gobierno, con movilizaciones y paros que a menudo les eran impuestos a la burocracia sindical por la propia base de los trabajadores; y recientemente la ejemplar lucha de la Mitsubishi, donde se ha ocupado la fábrica mediante la unidad entre trabajadores de planta y tercerizados para evitar que 135 de estos compañeros sean despedidos. Todos estos casos demuestran el ejemplo a seguir, porque si se dejan pasar los despidos, los cierres y las primeras derrotas importantes, en este contexto que se nos avecina, eso minará enormemente la moral de lucha de clase obrera y por tanto, sus capacidades de resistir la ofensiva capitalista.

Los patrones y el gobierno dirán que estas medidas son imposibles de cumplir y que son insostenibles, pero les responderemos que si no pueden si quiera garantizar cuestiones mínimas como el derecho al trabajo (que en el capitalismo no es más que el derecho a la explotación) y evitar la depauperación y miseria de cada vez más franjas de la población, entonces están reconociendo que no pueden manejar la economía y el país, y que un poder nuevo, el de los trabajadores y el pueblo pobre, debe hacerse cargo de la economía: un gobierno obrero, campesino y popular.

Por la construcción de un partido obrero revolucionario

La crisis que apenas comienza a sentirse en el país, es de magnitudes históricas, y eso quiere decir que puede producir cambios de esas magnitudes a nivel de cada país o incluso del mundo, es para eso que debemos prepararnos. En nuestro país, desde la rebelión del ’89 para acá, hemos asistido a una nueva correlación de fuerzas histórica, donde el imperialismo y la burguesía nacional no han podido gobernar a su antojo, debiendo lidiar con las exigencias y la resistencia de los trabajadores y el pueblo, el propio gobierno de Chávez es expresión de eso, pero la nueva situación que se abre con esta crisis removerá todo, ya no se podrá sostener esa situación y se polarizará mucho más la lucha de clases nacional, ahora más claramente entre explotadores y explotadores, entre patrones y trabajadores, entre los empresarios, ricos y burócratas y por un lado, y las masas trabajadores y pobres por el otro: o ellos cambian la correlación de fuerzas a su favor, imponiendo una fuerte derrota al conjunto de los trabajadores y el pueblo pobre, o nosotros resistimos y avanzamos en una correlación de fuerzas a nuestro favor, que no puede ser otra que una verdadera revolución social, que ponga el poder de la economía y del país en las manos de un gobierno de los trabajadores, campesinos y el pueblo pobre.

Pero para que la inmensa fuerza obrera y popular puede orientarse en este sentido, no bastan las grandes luchas y las gestas heroicas, sino que hace falta la construcción de una organización revolucionaria de los trabajadores, la principal, la más grande y fuerte clase productora y explotada en esta sociedad, que si orienta su lucha en sentido revolucionario tiene el poder de poner los grandes medios de producción en manos del pueblo. Solo una organización que prepare conscientemente ese camino, donde los y las mejores de entre los trabajadores, la juventud y de la intelectualidad revolucionaria se eduquen en ese perspectiva, puede conducir la lucha hacia ese objetivo. Hemos visto con la rebelión popular del ’89, con las jornadas del 13 de abril y cuando el paro-sabotaje petrolero, que la fuerza obrera y popular puede hacer grandes convulsiones sociales, pero sin una clara orientación revolucionaria no avanzan hasta convertirse en verdaderas revoluciones sociales.

Desde la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) luchamos por forjar esa organización, con la convicción de que si la clase trabajadora no se transforma en sujeto político y se propone reorganizar la sociedad sobre nuevas bases, de una u otra manera, seguirán mandando nuestros enemigos y lo que un día logremos con la lucha, nos será quitando después de otra manera, y así continuaremos en los marcos de la explotación capitalista. Es en esa perspectiva que participamos de las luchas y espacios de trabajo político común con compañeros que simpatizan con estas ideas. Desde estas líneas llamamos a los trabajadores y trabajadoras con quienes compartimos estos espacios, y los que compartan esta perspectiva, a trabajar en común por la construcción de ese fuerte partido revolucionario, necesario para la revolución obrera y socialista en nuestro país, como parte de la lucha por la revolución socialista latinoamericana y mundial.

Abril de 2009

Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS)

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