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Miércoles 9 de diciembre de 2015

Elementos para un primer balance del 6-D

Sobre el fracaso del chavismo, retorna la derecha

Por Liga de Trabajadores por el Socialismo


La oposición de derecha ha ganado de manera contundente las elecciones parlamentarias. Hace exactamente 17 años, el 6 de diciembre 1998, Chávez ganaba las presidenciales y se iniciaba el ciclo de la llamada “revolución bolivariana”. Hoy, en medio de una crisis económica donde la desbocada inflación y la escasez golpean con fuerza el bolsillo y las condiciones de vida del pueblo trabajador, el chavismo queda reducido a menos de un tercio de la Asamblea Nacional, y la oposición de derecha conquista la mayoría más calificada que establece la ley, dos tercios del parlamento, lo que le otorga la potestad para, entre otras cosas, derogar, modificar o aprobar las leyes orgánicas, nombrar –o autorizar al Presidente el nombramiento– de los miembros de los demás poderes públicos cuando se les venza el período, reformar la Constitución, e incluso convocar una Asamblea Nacional Constituyente.

Esto sin duda abrirá un período de tensiones y enfrentamientos entre el poder Legislativo y el Ejecutivo, de posibles crisis políticas de envergadura, a la vez que abre crisis al interior del chavismo. Es un resultado de trascendencia, que profundiza la decadencia y crisis del chavismo como régimen político. Desarrollamos un primer balance.

Una victoria contundente

La única derrota electoral que en casi una veintena de elecciones había sufrido el chavismo, fue en el referéndum sobre la Reforma Constitucional propuesta por Chávez, en diciembre de 2007, cuando por escaso margen ganó el “No” de la oposición, por lo cual la llamó Chávez una “victoria pírrica”. Entonces, unos 3 millones de votos del chavismo se abstuvieron de votar, la oposición ganó, no tanto por haber logrado aumentar cualitativamente su apoyo, sino por la considerable abstención del pueblo chavista.

Esta vez es muy diferente, la MUD obtuvo 56,5% de los votos, superando al gobierno por más de 2 millones de votos, arrancándole una franja considerable del voto de los trabajadores y sectores populares. Entre las últimas elecciones legislativas (2010) y esta, la derecha avanza 2,2, millones votos, mientras el chavismo no llega al medio millón. La diferencia de diputados es más impactante que la de los votos reales, gracias al mecanismo antidemocrático y excluyente de las minorías que el propio gobierno instituyó, donde suprimió casi por completo la representación proporcional: así, la derecha obtiene 112 diputados y diputadas, mientras el gobierno obtiene solo 55 [1] .

En los principales estados la ventaja de la derecha sobre el gobierno es considerable. Es sintomático cómo en Caracas el gobierno estuvo cerca de quedarse incluso sin diputados, obteniendo apenas uno de los nueve en disputa, ganando solo en cuatro de las veintidós parroquias, y perdiendo en zonas tan populares como El Valle, 23 de Enero, Caricuao, Catia (parroquia Sucre, 8% por debajo de la MUD), La Vega (10% por debajo), El Cementerio (parroquia Santa Rosalía, 17% de diferencia). Lo de Petare es contundente: en “el barrio más grande de Latinoamérica”, la derecha saca 64,6% de los votos y el gobierno 32,4%, de cada 3 votantes de esta zona popular por excelencia, 2 votaron por la oposición.

Si vamos hacia las principales ciudades del interior, el panorama es similar, incluyendo aquellas donde aumenta la densidad de habitantes que son asalariados de las más importantes industrias y fábricas (en Bolívar, Carabobo, Zulia, Miranda, Aragua, Lara, Anzoátegui). Por ejemplo, en Bolívar, en el municipio Caroní, sede de las grandes empresas básicas, la mayor concentración obrera del país, que ha soportado una caída considerable de sus condiciones de trabajo y de vida, así como los ataques más duros del gobierno cuando se han puesto en pie de lucha (tanto en tiempos de Chávez como ahora con Maduro), la derecha saca el 60% de los votos. Del total de trabajadores criminalizados en el país por luchar, el estado Bolívar se lleva, de lejos, y no por casualidad, la mayoría de los enjuiciados. En el conjunto del estado, el gobierno saca en votos lista un 37%, contra un 60% de la oposición.

La participación ha sido récord, un 74%, la más alta en la historia de las elecciones legislativas en el país, donde el régimen presidencialista –tanto en el puntofijismo, como más aún con Chávez– decantaba poco interés y participación en este tipo de elecciones. Si en aquella victoria pírrica la alta abstención (sobre todo del voto chavista) y el poco margen de ventaja lograda deslucían el triunfo de la derecha, el nivel de participación de este 6-D completa el cuadro para otorgarle clara legitimidad a la victoria opositora.

El resultado ha sorprendido incluso a los propios dirigentes opositores, por su magnitud. La oposición ha logrado conquistar –luego de casi veinte años– una mayoría electoral sólida. No es poco decir. Sin embargo, ¿quiere decir esto que vamos directo a un ciclo donde las políticas neoliberales vuelvan a dominar la escena nacional?, ¿o esta mayoría electoral expresa más el “voto castigo” al gobierno que un respaldo político a una derecha neoliberal?

A finales del año pasado decíamos que aún no se configuraba una nueva correlación de fuerzas que le otorgara hegemonía a la derecha, aunque trabajan para eso, aprovechando la crisis [2]. ¿Quiere decir este resultado que llegó la hora de esa nueva hegemonía? Sin lugar a dudas, es una base importante para esta perspectiva, sin embargo, es necesario diferenciar entre lo que es hoy claramente una mayoría electoral y lo que sería una hegemonía ideológica y política para un giro neoliberal.

El “voto castigo”, las aspiraciones populares, y los avances y límites para una nueva hegemonía neoliberal

La insoportable crisis y el “voto castigo”

La clave de esta victoria de la oposición es el hastío por los padecimientos sociales, relacionados sobre todo con la escasez y carestía de productos básicos para el día a día, una crisis que se prolonga ya bastante en el tiempo sin vérsele mejora alguna, con un gobierno que no hace nada efectivo para darle solución. La derecha se montó cómodamente, sin mayor esfuerzo, en la ola de este descontento realmente masivo y popular.

Este rechazo a una crisis que se torna insoportable, que decanta un humor político de rechazo sin precedentes al gobierno, es la clave para la mayoría electoral que ha conquistado la oposición, por lo que no puede decirse que estamos en presencia de un “voto ideológico” hacia la derecha. Más aún cuando, precisamente en esta elección, la derecha hizo una de sus campañas menos ideológicas, manteniendo el perfil más “progresista” que dieron a las campañas presidenciales de Capriles –negando que fuera a acabar con las misiones, planteando que mantendría lo que esté bien para fortalecerlo, etc.–, pero por sobre todo machacando fuerte sobre los problemas cotidianos: “las colas (para comprar comida) son nuestra mejor campaña”, llegó a decir uno de los principales voceros de la derecha.

Los problemas del capitalismo dependiente como si fueran los del “socialismo”

Ahora bien, la derecha cuenta a favor con que ciertamente se ha instalado como sentido común en gran parte de la población que los fuertes problemas económicos tienen su origen en “el estatismo”, en la intervención estatal que “ahoga a los empresarios y la iniciativa privada” y, en fin, en “el socialismo”. Al despojar al socialismo de su contenido revolucionario de liberación de los trabajadores de la explotación y conquista de su propio gobierno, el chavismo difundió que socialismo es sinónimo apenas de intervenciones del Estado capitalista en la economía capitalista, que es lo que en realidad hemos tenido en estos años, y por tanto, permite que los problema actuales de ese modelo, que no son sino los problemas de una economía capitalista que nunca superó el rentismo y la dependencia, aparezcan como los problemas del “socialismo”.

Más allá aún de esto, que le permite a la derecha difundir una ofensiva ideológica anti-socialista, el hecho clave es que se ha logrado convencer a la mayoría de la población que “el modelo actual” no sirve para generar producción, que está en el centro de las causas de la escasez y las colas, y que eso debe “cambiar”. Se ha conquistado un clima ideológico de defensa de “la iniciativa privada”, y esto habilita hasta cierto punto un “giro neoliberal”.

La corrupción, los usos y abusos del poder político

Pero el voto a la oposición se nutrió también de un sano rechazo a la descarada corrupción estatal y al autoritarismo con que se ejerce el poder, sentimientos políticos que no guardan relación directa con respaldar un programa neoliberal.

La buena vida de los altos jerarcas del gobierno y sus familiares, mientras “el pueblo a pie” debe sortear las mil y una para procurarse lo básico (incluyendo el disfrute de la burocracia del dólar preferencial que se restringe al ciudadano común); la proscripción y autoritarismo del gobierno hacia dirigentes y corrientes políticas opositoras (en su mayoría de derecha, aunque también disidencias del propio chavismo), inhabilitando a placer candidatos opositores acusándolos de corrupción mientras campea la corrupción oficial; las presiones hacia los empleados y empleadas públicas para apoyar al gobierno; la ineficiencia y corruptela que hace que toneladas de comida se pudran mientras el pueblo sufre la escasez y las obstinantes colas cotidianas; ver a “los militares” gozando de los más variados privilegios y enchufados “donde hay”, saber que los guardias nacionales, sin pudor alguno, se procuran grandes cantidades de los productos que escasean para el pueblo; son todos elementos que nutren el “voto castigo” al gobierno, que llevan votos populares a la oposición de derecha, siendo la única voz con proyección política nacional que denuncia.

Es decir, la descomposición moral y el burdo autoritarismo de un régimen en franca decadencia, están entre los elementos que le han hecho posible a la oposición obtener tal mayoría de votos, pero el rechazo a estos aspectos se nutre de aspiraciones democráticas y anticorrupción, que no implican necesariamente el apoyo a medidas de ajuste económico.

Las aspiraciones obreras y populares

La derecha escogió el lema “Venezuela quiere cambio”, lo que sin duda empalma con el sentir de la mayoría. Pero el “cambio” a que aspira el pueblo trabajador es a la superación de la crisis económica, los padecimientos actuales, y el programa de la oposición solo puede ofrecer una profundización de esa crisis y padecimientos, aunque con la promesa der ser temporales y necesarios, para la superación de la misma.

Si bien esta no fue una elección ejecutiva, y el chavismo sigue estando en la Presidencia, el poder de veto y de condicionamiento que tendrá la derecha a partir del 05 de enero próximo, implicarán que se vayan concretando las “propuestas” y medidas con que la oposición plantea dar salida a la crisis. Y estas expectativas de mejoría del pueblo trabajador son un aspecto de primer orden que puede condicionar el avance de un “giro neoliberal”, bien sea con el propio chavismo en el gobierno, o con un eventual gobierno próximo de la oposición.

De manera que, si bien es cierto que la derecha ha logrado ya un importante avance ideológico “anti-estatista”, la hegemonía en votos que ha alzando no se identifica en su totalidad con este posicionamiento político, más aún cuando las mejoras en las condiciones de vida que lograron con Chávez amplias franjas del pueblo trabajador, y sobre todo los sectores más pobres, tuvieron su fundamento en un mayor control estatal de la renta petrolera y en los elementos de regulación estatal de la economía. Por eso, echar abajo estos elementos de “estatismo” y “distribucionismo”, con la promesa de que “el libre juego de la economía” ajuste los desequilibrios de la economía, puede generar resistencia y complicar la base de apoyo de una orientación neoliberal, haciendo que la derecha no cuente con la fuerza política efectiva para este giro.

En todo caso, conviene tener en cuenta que aunque la actual victoria electoral de la oposición implica un desplazamiento hacia la derecha de la opinión política de las masas, eso no implica que automáticamente vaya a traducirse esa mayoría de votos en hegemonía ideológica y fuerza política efectiva para echar abajo todos los mecanismos de regulación de la economía y de subsidios estatales a los sectores más pobres, es decir, la política “distribucionista” y de “justicia social”.

La transición hacia un régimen postchavista sigue abierta e incierta

Todo esto está cruzado por la transición abierta hacia un nuevo régimen político, transición que, como hemos señalado en varias ocasiones, no es ni será pacífica y gradual, sino con ribetes traumáticos, tanto por estas necesidades y aspiraciones de las masas, como también, y no es un dato menor, por los intereses en juego: de la casta gobernante y de la que aspira gobernar, de los empresarios beneficiados ahora con el chavismo y los que aspiran beneficiarse con un gobierno de la derecha.

Así que, tener esta contundente mayoría en el parlamento, si bien es un extraordinario punto de apoyo político para la oposición –que además cuenta el respaldo del imperialismo yanqui y europeo–, no resuelve aún la correlación de fuerzas para un nuevo régimen político que deje atrás al chavismo. El chavismo sigue controlando el resto de los poderes públicos, 20 de las 24 gobernaciones, 240 alcaldías de 335, pero por sobre todo, está el elemento central de la alta politización y “partidización” de las Fuerzas Armadas durante estos largos años de chavismo en el gobierno. Unas FFAA que, de la mano del chavismo, avanzaron en un gran posicionamiento en la vida económica y política del país, ubicación desde la cual se han desarrollado toda una serie de intereses materiales y políticos que cuentan mucho a la hora de cualquier transición.

Es por estos elementos, incluyendo la continuidad de la crisis económica –y su posible deterioro el año entrante–, que el escenario no es de tránsito gradual y pacífico hacia una “nueva Venezuela”, sino de mayores convulsiones sociales y políticas.

La derecha miente: lo que viene no será mejor

Con la demagogia desatada al máximo, el comunicado de la MUD que leía “Chúo” Torrealba pasada la media noche, tras los resultados, prometía un futuro de prosperidad para todos. Pero la verdad es que la agenda parlamentaria concreta de la derecha está centrada, en boca de sus propios dirigentes, en lograr la liberación y amnistía de sus presos, en buscar la manera de acelerar la salida de Maduro del gobierno, y en “revisar” las leyes económicas que “traban” la economía, por ejemplo, eliminar o modificar para dejar más aún sin efecto la “ley de precios justos”, la ley que “limita” las ganancias empresariales al 30%, modificar la Ley Orgánica del Trabajo –con la vista puesta en sacarse de encima la inamovilidad laboral, entre otros aspectos.

Una megadevaluación del bolívar –unificación cambiaria y “liberación” del dólar–, aumento de la gasolina y otros servicios, re-privatización de algunas empresas estatizadas, son otras de las medidas que se propone la derecha, aunque, a decir, verdad, en algunas de estas coincide también con el gobierno.

La agenda económica de esta próxima Asamblea Nacional la resume la declaración de Fedecámaras del día después: “El país decidió por más Empresa, más Trabajo, más Productividad. Venezuela votó y decidió por un país con fuentes de empleo y salarios decentes, tierras productivas, anaqueles llenos (…) la fortaleza de su aparato productivo, el emprendimiento y la innovación; por el respeto a la propiedad privada y a las leyes que generan confianza para la inversión” [3] .

Como señalamos en nuestra posición ante las elecciones: “representan la revancha, por así decirlo, de quienes en todo el período del chavismo, como subproducto del período abierto con la rebelión popular del Caracazo, la crisis del régimen adeco-copeyano, y la correlación de fuerzas impuesta por la movilización obrera y popular –aunque controlada en límites estrechos por Chávez–, debieron aceptar ciertas dosis de regulación estatal y un manejo de la renta que debió tomar en cuenta concesiones sociales y económicas a un pueblo con altos niveles de pobreza y en estado de movilización [4].

Regímenes que dilapidan el apoyo de masas y conducen a una encerrona estratégica

Esta situación a la que asistimos hoy, donde a la crisis de un proyecto nacionalista burgués –que se pretendió “revolucionario”– le sucede el fortalecimiento de una oposición de derecha, es parte de los callejones sin salida a que conducen a los trabajadores y el pueblo pobre este tipo de gobiernos.

Este descalabro del chavismo se inscribe en el marco más general del “fin de ciclo” de los gobiernos y regímenes que, en América Latina, ascendieron al poder ante las estrepitosas crisis sociales y políticas en que desembocó la ofensiva neoliberal de los 80’s y 90’s. Fin de ciclo cuyas expresiones más claras son el reciente triunfo del derechista Macri en Argentina y la crisis del gobierno del PT y Dilma Rousseff en Brasil, a lo que se agrega ahora esta victoria electoral de la derecha en nuestro país, que repercute en ese cuadro regional.

En esta hora de balances, conviene recordar lo que sobre el declive del chavismo señalamos en agosto de 2013, ante miles de activistas y militantes en Buenos Aires, en el acto internacionalista al cierre de la VIII Conferencia de nuestra corriente internacional, la Fracción Trotskista – Cuarta Internacional:

"En estos casi 15 años, a pesar de la gran energía de la clase obrera y el conjunto del pueblo pobre, a pesar de la disposición al combate mostrada –como en la derrota del golpe de abril de 2002 y el paro patronal y sabotaje petrolero–, Venezuela no dejó de destinar millones y millones de dólares a los bancos imperialistas por concepto de deuda externa –al contrario esta ha crecido enormemente–, no dejaron de operar cientos de transnacionales que explotan los recursos naturales y a los trabajadores venezolanos, girando riquezas a las principales potencias, no dejaron de existir los banqueros y aumentar sus ganancias, no dejaron de hacer negocios los empresarios nacionales y vivir del trabajo asalariado.

Por eso los grandes problemas nacionales no fueron resueltos, ni tampoco los problemas de los explotados, oprimidos y oprimidas, y la oposición burguesa, aliada y arrastrada al imperialismo gringo, despliega toda su demagogia para postularse como alternativa. ¡Y le rinde frutos, compañeros!

Es una demostración muy clara de cómo este tipo de proyectos políticos dilapidan el apoyo de masas, lo despilfarran, pues al tiempo que regatean con el imperialismo mantienen controlado al movimiento de masas, se empeñan en regimentarlo, disciplinarlo, y como así bloquean la posibilidad de una verdadera lucha antiimperialista y de la revolución social, se mantiene en pie lo fundamental de la sociedad capitalista, sin dar salida a las necesidades nacionales ni de los explotados, preparan la vuelta de la reacción” [5].

La crisis económica pone al desnudo los límites de los regímenes “nacionales y populares”

Cuando ya no están las condiciones económicas excepcionales que le permitieron al chavismo redistribuir parcialmente la renta pública –sobre todo los altos precios del petróleo–, y garantizar al mismo tiempo la marcha de los negocios capitalistas y sus ganancias, se desarrollan los elementos de la crisis que, como en cualquier país capitalista, empresarios y gobiernos se la hacen pagar al pueblo, y se desgasta a ritmos acelerados la popularidad del gobierno.

Ante este escenario, como señalamos en nuestra declaración frente a las elecciones, “El gobierno es incapaz de dar una salida a la crisis acorde con los intereses nacionales, obreros y populares, porque eso implicaría tomar medidas realmente revolucionarias, anticapitalistas (…) No las tomará porque es preso de su carácter de clase, porque estas medidas implicarían tomar un camino de movilización y enfrentamiento revolucionario verdadero con el imperialismo y la burguesía nacional, que para triunfar llevaría a poner en pie de combate verdadero a las masas obreras y populares, incluyendo su armamento, y asestar golpes certeros en las propiedades de los capitalistas, que es su principal poder desde el cual se permitan chantajear a todo un pueblo” [6].

Como los gobiernos “nacionales y populares” se niegan a afectar los intereses del capital transnacional y de las burguesías locales, la única “salida” que aparece sobre la mesa es la del ajuste –en clave neoliberal– que propone la derecha.

En nuestro caso, el gobierno prometió un “desarrollo nacional” de la mano del Estado, actuando como distribuidor de la renta petrolera pública de la actividad primario-exportadora hacia la industrialización, sin embargo, “no hubo industrialización –seguimos dependiendo en grado sumo de las importaciones–, ni mucho menos se diversificaron las exportaciones del país –de cada 100 dólares que ingresan por exportación, 96 son por petróleo– (…) El rentismo está intacto, el Estado está cada vez más endeudado y faltan dólares para cubrir las necesidades de la economía nacional” [7].

Organizarse más y mejor para la lucha. Sacar lecciones estratégicas. Forjar una alternativa revolucionaria de la clase trabajadora.

Para la situación que se abre en el país, que se anuncia más crítica en el terreno económico, y más convulsiva en el político, la tarea es continuar bregando por poner en pie la gran fuerza potencial de la clase obrera, en alianza con el pueblo pobre, sin ninguna subordinación a los dictámenes del gobierno ni a la estrategia de la oposición patronal, venciendo los obstáculos que el mismo gobierno impone: persecución, amedrentamiento policial y militar, hasta represión y encarcelamiento, a los trabajadores que luchan más allá de lo tolerado por el gobierno o los empresarios aliados del mismo.

Ante semejante crisis que nos golpea, la fuerza de los trabajadores se mantiene sin aparecer con fuerza y personalidad propia en la escena nacional, tanto por los golpes recibidos por el gobierno en aquellas luchas más resaltantes y emblemáticas, como por la política de las burocracias sindicales, que mantienen a los trabajadores divididos y atados al apoyo o espera pasiva de lo que haga el gobierno, o atados a las movidas de la derecha. Hay que superar a esa nefasta burocracia sindical.

A la par que se pelee en esta perspectiva en los lugares de trabajo y sindicatos, es necesario discutir entre la vanguardia en lucha de los trabajadores y la juventud que se reivindica pro obrera y de izquierda, la necesidad de sacar las lecciones estratégicas de la experiencia que ha sido el chavismo, como proyecto político que, tal como todos los nacionalismos burgueses o reformismos del siglo XX en América Latina, condujeron a la clase obrera, campesinos pobres y sectores populares de las ciudades, al callejón sin salida de la vuelta de la derecha al gobierno, vía elecciones, cuando no a dictaduras que exterminaron a generaciones enteras de luchadores obreros y populares.

Discutir de cara a las bases del chavismo, de los trabajadores en lucha y la juventud de izquierda, que la ausencia de organizaciones que lucharan por la independencia de clase de los trabajadores para postular un proyecto político propio, que bregaran por fortalecer en el país una oposición de izquierda y de los trabajadores, es lo que permite que el agotamiento del chavismo y su fracaso como proyecto de “desarrollo nacional”, sea capitalizado casi exclusivamente por la derecha.

La vía para sortear estas encerronas estratégicas a que conducen estos gobiernos, es la lucha por la independencia política de los trabajadores ante todo proyecto que se proponga mantener el orden capitalista, y por la construcción de partidos obreros revolucionarios e internacionalistas, para luchar por un gobierno propio de los trabajadores, que pueda encabezar una verdadera liquidación del poder de los capitales imperialistas sobre nuestros pueblos, la emancipación de la explotación por parte de una minoría de banqueros y capitalistas nacionales, y la verdadera unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños.

Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS)

08 de diciembre de 2015

[1En las elecciones anteriores (2010), cuando se inauguró ese sistema, la derecha alcanzó el 48% de los votos, sin embargo, obtuvo solo un 40% de los diputados, mientras el bloque oficial del gobierno, con 46% de los votos, obtuvo casi el 60% de los diputados. En esa oportunidad el PPT, aliado del gobierno, se presentó separado del Polo Patriótico, obteniendo el 3% de los votos.



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