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Otros Artículos / Comunicados, volantes y declaraciones

Jueves 3 de febrero de 2011

ABAJO MUBARAK

Viva la lucha de los trabajadores y el pueblo de Egipto

Por: Claudia Cinatti


Al cierre de este artículo (03/02), el proceso revolucionario abierto en Egipto parecía entrar en una etapa decisiva. Aquí se juega la partida más importante de un conjunto de movilizaciones que abarca a numerosos países del mundo árabe, como Túnez, Jordania, Yemen, Marruecos y Argelia, donde la oposición ha anunciado la convocatoria a huelgas y movilizaciones para los próximos días.

En Egipto, el proceso de rebelión obrera y popular tuvo un nuevo hito el 1 de febrero, cuando se movilizaron entre 2 y 4 millones de personas exigiendo la renuncia del dictador Hosni Mubarak, quien dobló la apuesta anunciando que piensa permanecer en el poder hasta las elecciones presidenciales de septiembre, con la única concesión de no presentarse a otra reelección.

Esta maniobra tardía de Mubarak para mantenerse en el poder, como su anterior política de nombrar al jefe de la inteligencia militar, Omar Suleimán, como vicepresidente, parece completamente ineficaz para desmontar el proceso en curso.

El ejército, que se había presentado como “amigo” de las movilizaciones antigubernamentales, está comenzando a mostrar más claramente su juego: después del discurso de Mubarak llamó a las masas a que se “vayan a sus casas” y retomen su vida normal, ya que el gobierno había escuchado su mensaje. Más allá de que Obama salió a exigirle a Mubarak que comience inmediatamente una transición democrática, es posible que esta respuesta del dictador fue discutida no sólo con el ejército sino con el enviado especial de Washington para esta crisis, Frank Wisner, que viene interviniendo activamente para salvar al régimen egipcio.

Como era de esperar, esto fue ampliamente rechazado por quienes desde hace varios días han tomado las calles para poner fin a este régimen dictatorial.

El régimen acudió entonces a sus bandas armadas -formadas por policías y funcionarios- que montados en caballos y camellos se lanzaron este miércoles 2 con palos, cuchillos y golpes de puño contra los manifestantes para retomar la emblemática Plaza de la Liberación en el Cairo, transformada en el epicentro del proceso revolucionario que estremece al país.

Las escenas de los enfrentamientos con piedras y bombas molotov se repitieron durante toda la jornada, contrastando con el clima festivo de los días anteriores. Esta resistencia, que hasta el momento dejó un saldo de al menos cinco muertos y más de 1.500 heridos,, hizo fracasar el ataque de las bandas gubernamentales en su objetivo de poner fin a la movilización y cuando cerramos este artículo la crisis se ha profundizado.

Evidentemente, la insistencia de Mubarak de mantenerse en el poder radicalizó la situación que está llegando a un punto de inflexión, lo que está preocupando seriamente tanto a las potencias imperialistas, empezando por Estados Unidos, como a los gobiernos dictatoriales del mundo árabe, sacudidos por movilizaciones similares.

El statu quo se está volviendo insostenible: o el proceso revolucionario da un salto en su organización y sus objetivos, logra dividir al ejército, principal institución del régimen y del estado capitalista, y derriba a Mubarak, o el régimen intentará ganar tiempo, con la ayuda del ejército y el imperialismo, apostando al desgaste y a la división del movimiento (y eventualmente a la represión), para tratar de poner en marcha una transición ordenada que aleje el fantasma de la revolución.

Las variantes contrarrevolucionarias

Ante el imponente movimiento de masas, el régimen apoyado en el ejército, el imperialismo - en particular el gobierno de Obama-, y la oposición burguesa al régimen de Mubarak están buscando salidas viables para desviar el proceso y evitar que se radicalice.

Sin embargo, la resistencia de Mubarak a dejar el poder polariza la situación e incluso no puede descartarse que este busque mantenerse recurriendo a un baño de sangre, aunque esta posibilidad parece muy riesgosa y podría llevar a la división del ejército.

El ejército, que goza de cierto prestigio popular por estar relacionado con el fin de la monarquía y el ascenso del nacionalismo de Nasser a principios de la década de 1950, tomó de hecho el control de la situación y viene actuando como árbitro y principal sostén del régimen y de Mubarak, a la vez que al negarse a reprimir alimenta en las masas la ilusión de que se puede confiar en las fuerzas armadas. Esta confianza en el ejército fue un elemento clave, hasta el momento, para retrasar la radicalización del proceso.

Otro escenario es que caiga Mubarak pero se mantenga la continuidad del régimen con el vicepresidente Omar Suleimán, un estrecho aliado de Mubarak que goza de la confianza de Estados Unidos por los servicios prestados contra el pueblo palestino, junto al comandante de las fuerzas armadas, Sami Anan. Otra es que a estos personajes se sumen figuras de la oposición burguesa como el ex Director de la Agencia Internacional de Energía Atómica de la ONU, Mohamed ElBaradei, un personaje que contaría, además, con el apoyo de los Hermanos Musulmanes, una organización islamista tradicional y conservadora que es la principal fuerza de oposición a Mubarak. Este gobierno endeble sería el encargado de preparar las elecciones presidenciales.

Aunque Estados Unidos hasta ahora ha sostenido a Mubarak porque teme las consecuencias de su caída revolucionaria y no tiene una alternativa sólida y confiable, su política principal parece ser derrotar al movimiento por la vía de alguna variante de “reacción democrática”, consciente de que una respuesta represiva violenta pueda profundizar el proceso revolucionario y tener repercusiones en toda la región del Magreb que está en virtual estado de rebelión. Esta política de reacción democrática es compartida por las potencias imperialistas de la Unión Europea que ven con temor la posibilidad de que los procesos del Magreb y el Medio Oriente terminen repercutiendo en sus propios países.

Una crisis para el dominio imperialista

Por la importancia geopolítica de Egipto, su peso demográfico y su rol en el mundo árabe, la posibilidad de que una revolución obrera y popular termine con el régimen de Mubarak tendría enormes consecuencias regionales e incluso mundiales.

Egipto es uno de los principales países árabes, con una población de más de 80 millones de habitantes, un fuerte proletariado concentrado, clases medias y pobres urbanos, además de un peso político decisivo.

Desde el punto de vista económico, Egipto es clave para el transporte del petróleo. A través del Canal de Suez y del oleoducto Suez-Mediterráneo, circulan por día unos 3.000 millones de barriles de petróleo desde los países productores del Golfo hasta el Mar Mediterráneo. El temor por un eventual cierre del Canal de Suez podría hacer subir a niveles exorbitantes el precio del petróleo, que ya está registrando un aumento, con consecuencias imprevisibles para la economía mundial, no sólo poniendo en cuestión la débil recuperación de algunos países avanzados, sino el crecimiento de países emergentes como China, lo que repercutiría en el conjunto de la economía capitalista mundial.

Desde el punto de vista de los intereses geopolíticos del imperialismo norteamericano, sería un golpe que profundizaría la decadencia hegemónica de Estados Unidos, que no ha logrado poner fin a las guerras de Irak y Afganistán y tampoco obligar al régimen iraní, que se ha fortalecido como potencia regional, a abandonar su programa nuclear.

Como ocurrió en 1979 con la caída del Sha en Irán, Estados Unidos perdería a un aliado fundamental en la región, considerando que Egipto junto con Jordania son los únicos países árabes que firmaron la paz con el estado sionista de Israel. Mubarak ha sido un baluarte de los intereses norteamericanos, colaborando con la política de opresión sobre el pueblo palestino y justificando su brutal dictadura con el combate contra los grupos islamistas radicales y los Hermanos Musulmanes. Por estos servicios, el régimen de Mubarak recibe de Estados Unidos 1.500 millones de dólares anuales en concepto de ayuda financiera militar, la segunda más importante después de Israel. Por ello, todos los regímenes proimperialistas desde los reaccionarios gobiernos árabes, hasta la corrupta Autoridad Nacional Palestina y el gobierno de ultraderecha israelí de Netanyahu siguen apoyando a Mubarak, ya que su caída abriría una situación de gran inestabilidad que podría cambiar de manera decisiva el equilibrio de fuerzas regional.

Pero sobre todo, una revolución en Egipto sería un ejemplo para los pueblos árabes y musulmanes que se están levantando contra sus propios gobiernos proimperialistas y dictatoriales y tendría enormes consecuencias para la lucha de clases internacional, ya que sería una respuesta revolucionaria de los explotados y oprimidos a la crisis capitalista y el dominio imperialista.

Un programa revolucionario

Las movilizaciones en Túnez que culminaron con la caída del dictador Ben Alí, fueron un catalizador del proceso revolucionario que estalló en Egipto y que puso en escena las aspiraciones profundas de las masas: terminar con la pobreza, con el desempleo, con las obscenas desigualdades sociales y con el régimen dictatorial y proimperialista de Mubarak, que durante 30 años viene garantizando con puño de hierro la estabilidad necesaria para los negocios capitalistas, las privatizaciones y las políticas neoliberales, con la colaboración de una burocracia sindical adicta y un poderoso aparato represivo.

Como resultado de décadas de opresión y explotación, el salario promedio de un trabajador egipcio es de aproximadamente 75 dólares mensuales y la tasa de desocupación asciende a casi el 24%, aunque las estadísticas oficiales la ubiquen en un 12%. Estas condiciones de miseria que sufre al menos un 40% de la población de más de 80 millones de personas, que viven con apenas dos dólares diarios, hacinados en los suburbios de El Cairo y las grandes ciudades del país, se agravaron bajo los efectos de la crisis económica internacional, que llevó el precio de los alimentos básicos por las nubes en un país que es esencialmente importador de trigo y otros alimentos.

El proceso revolucionario abierto hoy en Egipto no surgió de la nada, sino que fue precedido por años de resistencia obrera y popular, en particular de los trabajadores textiles que entre 2006 y 2008 protagonizaron importantes huelgas con ocupación de empresas en la ciudad industrial de Mahalla al norte del país.

Esto explica que hoy los trabajadores egipcios sean una fuerza fundamental en el movimiento de lucha contra el régimen de Mubarak, junto con los jóvenes desocupados y de clase media educada que no consiguen empleo, y los pobres de las ciudades. A pesar de su dirección aliada al régimen, varios sindicatos y organizaciones agrupadas en la coalición 6 de abril (surgida en el proceso de lucha de 2008) han lanzado un llamado a la huelga general que coincidió el 1 de febrero con la llamada marcha del millón y algunos sectores han comenzado un proceso de organización por fuera de la central oficial.

Pero a pesar de la intensidad y masividad de las movilizaciones, el proceso revolucionario aún está en sus etapas iniciales: Mubarak permanece en el poder y el ejército, principal pilar del régimen y el estado capitalista todavía se mantiene intacto. Es necesario que la lucha avance a una huelga general política hasta que caiga Mubarak. Frente a los ataques de bandas armadas irregulares, de la policía y eventualmente del ejército, ya se han constituido algunos comités para defender las movilizaciones; es necesario generalizar la autodefensa obrera y popular para dividir al ejército y a las fuerzas de represión.

Ninguna de las demandas estructurales del movimiento de masas podrá encontrar una respuesta de cualquier gobierno de la burguesía egipcia que reemplace al de Mubarak. ElBaradei que se presenta como alternativa es una de las variantes que maneja el imperialismo como salida transitoria y los Hermanos Musulmanes son una organización que defiende el orden social establecido y cuenta en sus filas a miembros de la acaudalada burguesía local.

Para avanzar de manera decisiva es necesario que la clase obrera en alianza con los jóvenes desocupados y los pobres urbanos y del campo, se dote de sus propios organismos de autoorganización y de un programa y una estrategia revolucionaria independiente del régimen y de las variantes opositoras, que lejos de representar los intereses de los explotados son las válvulas de escape para una transición democrática” que salve a los capitalistas y preserve los intereses del imperialismo. Contra la trampa de las transiciones ordenadas, las elecciones, o la continuidad del régimen con o sin Mubarak- la única salida democrática es la realización de una Asamblea Constituyente Revolucionaria, que aceleraría la experiencia de masas con sus aspiraciones democráticas y sería un impulso para luchar por un gobierno obrero y popular basado en órganos de democracia obrera que expropie a los capitalistas y al imperialismo y sea el primer paso de la revolución socialista en el Magreb y en el conjunto de los países del mundo árabe.


EGIPTO

* Es un país semicolonial de población árabe que ejerce un importante liderazgo regional en el norte de África y Medio Oriente, Su población asciende a 83 millones de habitantes. La principal actividad económica de la población es la agricultura, especialmente el algodón. Son importadores de trigo y de productos alimentarios básicos. Las industrias más productivas son textil, fertilizantes y productos de caucho y cemento, además de cierta industria pesada y ensamblaje de automóviles. Limita al oeste con Libia y al Este con la Franja de Gaza. Su ubicación geográfica es clave, ya que controla el Canal de Suez, por donde transita parte importante de la producción mundial de crudo extraído en la península arábiga hacia el mar mediterráneo, de donde obtiene importantes recursos.

* Es el segundo receptor de ayuda económica y militar (después del Estado de Israel) por parte de EE.UU., debido al rol clave que juega en la estabilización de Medio Oriente. En 1978 Anwar el-Sadat, presidente en ese momento, firmó los Acuerdos de Paz de Camp David con Israel, por los cuales a cambio de la devolución de la Península del Sinaí a Egipto, éste se comprometía a reconocer al Estado de Israel y no reclamar la creación de un Estado Palestino.

* Hosni Mubarak gobierna el país desde 1981 tras el asesinato de el-Sadat, de quien era vicepresidente. Se ha mantenido en el poder formando un régimen fuertemente bonapartista, apoyado en las FF.AA. y contando con el apoyo imperialista, con una dura represión y elecciones proscriptivas hacia los partidos de la oposición y con altísimo grado de abstención.

* El partido de Mubarak, el Partido Nacional Democrático (PND), fue fundado en 1978. Desde su creación, el PDN siempre ha controlado, como mínimo, tres cuartas partes del Parlamento.

* El principal partido de oposición al régimen de Mubarak es la Sociedad de Hermanos Musulmanes, organización islamista, fundada en 1928 por Hassan al-Banna en Egipto. Su estrategia es la instauración de una República islámica. Junto al Hamas en Palestina y Hezbollah, en Líbano, sostiene el no reconocimiento del Estado de Israel. En Egipto, los Hermanos Musulmanes fueron ilegalizados y reprimidos desde 1954 por el presidente Gamal Abdel Nasser y proscriptos bajo el régimen de Mubarak. Esta organización le ha negado el apoyo a importantes huelgas obreras, como la Huelga general contra el alza del pan (abril de 2008), demostrando su profundo desprecio por el movimiento obrero y sus luchas como representante de un sector de la burguesía egipcia desplazada de los negocios del Estado.

* Durante los acontecimientos actuales ha cobrado protagonismo político la figura de Mohamed El Baradei, abogado y diplomático, ex Director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y premio Nobel de la Paz en 2005. Este raro demócrata facilitó al entonces presidente George W. Bush la invasión a Irak al sostener la supuesta existencia de armas de destrucción masivas. En el 2010 creó la Asociación Nacional para el Cambio. Es una de las cartas de recambio que intenta “posicionar” el imperialismo.


ANTECEDENTES DEL ACTUAL MOVIMIENTO

Los planes neoliberales implementados por Mubarak sumieron en la miseria a la mayor parte de la población. El 40 % vive con menos de 2 dólares diarios. Muchas familias apenas subsistirían sin las remesas que envían los emigrantes, unos 9.500 millones de dólares en 2008. Millones de egipcios se alimentan casi exclusivamente de pan y ful, un guiso de legumbres considerado el plato nacional. Uno de cada dos jóvenes menores de 30 años -grupo que supone más de la mitad de la población- no encuentra trabajo. Hacia la mitad de la década pasada los trabajadores comenzaron responder a esta situación, siendo brutalmente reprimidos por las fuerzas policiales. En 2006 los trabajadores textiles de la combativa fábrica Ghazl al-Mahala marcaron un punto de inflexión en la subjetividad de los trabajadores, imponiendo sus demandas tras una larga huelga con ocupación de instalaciones, lo que abrió una oleada huelguística que se extendió durante el 2007 y 2008.

Este proceso culminó con la huelga general del 6 de abril del 2008 contra el alza del pan, del costo de vida y por aumentos de salarios convocada por los trabajadores del sector textil, en especial la combativa fábrica Ghazl al-Mahala, y agrupaciones opositoras, de las cuales participaron sectores medios, profesores y estudiantes universitarios de El Cairo con demandas antigubernamentales como ¡Abajo Mubarak! o ¡Mubarak ladrón! poniendo de manifiesto un extendido sentimiento de lucha por libertades políticas.





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