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Otros Artículos / Comunicados, volantes y declaraciones

Jueves 17 de noviembre de 2011

10 AÑOS DE LUCHA Y ORGANIZACION EN LA FÁBRICA ZANON (ARGENTINA)

Raúl Godoy: "Si hay una lucha que merece ser dada, es la lucha por la revolución" / Christian Castillo: "La importancia de la tradición revolucionaria"

Raúl Godoy / Cristhian Castillo


Hoy es una jornada triste para todos los clasistas y los revolucionarios. Queremos homenajear a un obrero clasista de los ’70, Gregorio Flores. El mejor homenaje que le podemos rendir es construir el partido revolucionario para terminar con la explotación capitalista.

Siempre digo que no tiene sentido que los revolucionarios pasemos por los sindicatos y después sigan siendo la misma estructura burocrática. Por eso en el SOECN tomamos los aportes de Mariátegui en la fundación de la CGT peruana y de los sindicatos anarquistas españoles para cambiar el estatuto ceramista; hoy tenemos un estatuto clasista, que defiende la lucha internacional de los trabajadores y la rotación de los dirigentes. Tenemos tres generaciones de compañeros y compañeras ceramistas que han ido rotando en la conducción del sindicato y tenemos el gran orgullo de haber formado cuadros obreros. Hoy conquistamos una bancada obrera y socialista, la primera en Neuquén, donde vamos a asumir Alejandro López y yo como diputados obreros y socialistas, con el mismo método con el cual hemos intervenido desde el inicio de forma permanente en Zanon.

Internacionalismo y causa revolucionaria

Quiero invitarlos al recital del domingo 20 en Zanon, va a ser una jornada por el desprocesamiento de todos los compañeros y compañeras. Además queremos hacer una campaña nacional e internacional de solidaridad con los estudiantes chilenos que luchan por la educación pública y en repudio del asesinato de un estudiante en México. Como siempre hacemos, tomando no sólo las demandas de los obreros de Zanon sino también las banderas de lucha de los compañeros y compañeras que pelean en todo el mundo.

En estos días nos hemos puesto en contacto con el compañero Manu Georget, integrante de nuestra corriente internacional que ha dado una pelea enorme en Francia. Es un compañero despedido de la Philips, donde hicieron una experiencia de control obrero durante diez días. Y más allá de los diez días donde se tomó el cielo por asalto o los diez años que llevamos en Zanon, lo que nos une y lo que es más importante tanto en Francia como acá es que ambos abrazamos la causa de la revolución, que peleamos por la causa revolucionaria. Eso es lo que tiene futuro.

Zanon no cayó del cielo. Cuando empezaba este proceso me acuerdo que leía, un libro que se llama “Historia del trotskismo norteamericano” de James Cannon, donde cuenta la historia del SWP, un pequeño partido de los años ‘30 fundado por un grupo de trotskistas. Cannon era un obrero trotskista en EE.UU. que en Minneapolis había hecho una primera experiencia. Eran un núcleo pequeño de revolucionarios, y me acuerdo que yo estaba empezando a pensar los problemas de Zanon y veía como ellos se habían organizando en el movimiento obrero. Cómo en las huelgas formaban comisiones de mujeres, de prensa, y fue lo primero que empezamos a hacer en Zanon: comisión de mujeres, comisión de prensa, comisión de seguridad, lo que va a dar después las bases de los comités de autodefensa que hicimos para defender la fábrica. Todo esto no lo inventamos en Zanon. Fue parte de ir tomando elementos de la tradición obrera por la que muchos dieron la vida. Me acordaba de toda esta experiencia de los trotskistas norteamericanos en los ’30; estaban en medio de esas huelgas fundando esa corriente y cada vez que querían hacer un acto venían los stalinistas y les rompían la cabeza. Los trotskistas no sólo estaban perseguidos por los fascistas y los gobiernos imperialistas, sino también por los stalinistas que defendían esa degeneración que hicieron del Estado obrero soviético.

Nuestras fuerzas y convicciones no devienen de ser parte del sindicalismo de base. Nuestra fuerza y moral deviene de los trotskistas que supieron levantarse, de Trotsky, quien junto a Lenin dirige la revolución más grande de la historia, que se alza contra la burocracia del mismo Estado, que es perseguido, asesinado, que le matan a los hijos, encarcelan a miles de trotskistas. En un curso un compañero preguntó por qué fracasó la URSS.

Uno tiene que explicar entonces que somos parte de la corriente que resistió a la burocratización, de la corriente de Trotsky -que creó un ejército de cinco millones de obreros y campesinos que enfrentó a 14 ejércitos imperialistas-, y que no triunfó por miles de condiciones, sobre todo porque no se siguió desarrollando la revolución a nivel internacional; pero Trotsky jamás bajó una sola de sus banderas, y peleó hasta el último de sus días por construir una organización revolucionaria. Esas son las bases que nos alimentan ante las adversidades. Saber que somos parte de una corriente que tiene esa tradición.

“No queremos ser un partido de izquierda más”

No queremos ser un partido de izquierda más, sino una corriente que intenta construirse tomando lo mejor de la experiencia, y poder trabajar en forma abierta con compañeros independientes que durante años decían “bueno hasta acá está bien”, y ahora hemos dado pasos importantes adelante y tenemos planteado la discusión de la necesidad de construir un partido revolucionario. El hilo de continuidad que hemos tenido en Zanon durante estos años ha sido el hilo de la conciencia de clase expresada hasta el final. El kirchnerismo quebró en forma transversal a la mayoría de las organizaciones, hubo crisis en los organismos de derechos humanos, partidos políticos, sindicatos y cuerpos de delegados como el Subte, que con tanta lucha fueron fraccionados por el kirchnerismo a la mitad, gremios como ATEN partidos por la mitad. En Zanon no pudieron quebrarnos porque hay democracia directa, porque hay libertad de tendencias, y porque hay años de educarnos en la independencia de clase.

La defensa de la fábrica no fue un tema menor. No tener ilusiones en que el Estado no nos va a reprimir; yo tengo otras causas judiciales, dos causas provinciales y una federal, y tenemos 47 compañeros -el 10% del sindicato ceramista- procesados por luchar. Siempre planteamos el legítimo derecho que tenemos los trabajadores a la autodefensa y a la defensa de nuestra fábrica. Desde ese punto de vista, no fue solamente el planteo de atalayarnos dentro de la fábrica, sino que tenía mucho que ver con la política a llevar adelante, los lazos con la comunidad, el trabajo en las escuelas. En un momento de amenaza de Zanon, estando en la conducción de ATEN Capital la lista Rosa -con la que tenemos diferencias- los compañeros discutieron en asamblea, y todos los maestros en los cuadernos de los chicos mandaron una nota diciendo por qué el 8 de abril iban a defender Zanon, y por qué todos debían defender Zanon. Imagínense miles de chicos llegando a la casa con una nota en el cuaderno donde el maestro se pronunciaba por la defenza de Zanon. Habíamos fundado la Coordinadora del Alto Valle, y la agrupación Rosa estaba en esa coordinadora en la que nos habíamos juntado el sindicato ceramista, las comisiones internas del sindicato, junto con el MTD, el Teresa Vive; los compañeros del Polo Obrero no quisieron ingresar, pero fueron otras organizaciones, comisiones internas y cuerpos de delegados. Los trabajadores y la junta interna del Castro Rendón; sacaron una declaración que decía que si había desalojo y represión en Zanón, la junta interna llamaba a los hospitales a no atender a ningún policía herido. No fue que nos subimos a una mesa y dijimos “hay que hacer comités de autodefensa”. Inclusive en las primeras marchas algunos llevábamos gomeras y muchos compañeros se negaban, pero la misma experiencia les enseñó. Esto tiene que ver con la convicción de que la conciencia de los trabajadores, como decía Trotsky, no está hecha con el mismo material que las vías del ferrocarril, no es una cosa dura e inquebrantable. Compañeros que eran terribles alcahuetes se transformaron en activistas que llevaban la gestión obrera adelante. Fue impresionante ese vuelco. Eso tiene que ver con la convicción, con que el programa no es simplemente para recitar, hay que pelearlo, hay que hacerlo carne. Esta es la clave de los que militamos.

Organización y conspiración

Para hacer las primeras asambleas en Zanon tuvimos que buscarle la vuelta, y eso también es parte de ser un revolucionario, no detenerse ante los obstáculos. Si las cosas no salen es por responsabilidad nuestra; en la primera asamblea la gente no iba porque tenía miedo. Entonces aprovechamos el horario de refrigerio; la patronal puso televisor con cable, entonces la cosa ya se ponía un poquito más violenta porque íbamos y apagábamos la tele. Teníamos que esperar los días que había programas más de porquería, y así, de a poquito, empezamos a utilizar esa media hora, que después se transformó porque no alcanzaba el tiempo. No podías ir a discutir porque se armaban terribles discusiones y estaban los jefes, los encargados, entonces quemabas al compañero o a aquel que se te acercaba. Entonces empezamos a hacer campeonatos de fútbol. Los referís eran los delegados de la comisión interna y desde afuera gritaban “partilo a ese carnero que no va a las asambleas”. Eran ámbitos donde podíamos charlar, y en el tercer tiempo, donde uno para y puede conversar, se daban estos intercambios. Era difícil hacer un cuerpo de delegados. Era el campeonato, un equipo por sector, y cada equipo nombraba un delegado. De ese cuerpo de delegados te servía la mitad, pero ya tenías con quien dialogar, y al que no se avispaba decían “che elijan otro delegado porque este no está bueno”, así se iban eligiendo compañeros mejores, eso fue dando una organización que fue buena. Los primeros paros que empezamos a hacer como comisión interna eran paros que llamaban Moyano y el MTA, entonces venía alguno que decía “van a hacer el paro que llama Moyano y la CGT”, y nosotros decíamos que íbamos a levantar las reivindicaciones propias. Entonces empezábamos una gimnasia, la de votar los paros, y entonces votaban los paros, y no íbamos a trabajar cien, y entraban todos. Entonces dimos una vuelta de tuerca: votemos que el paro se garantiza, y ya empezamos a hacer los primeros paros con piquetes. En el horizonte teníamos que había que empezar a forjar una camada que se bancara luchas mucho más duras. Así, cuando empezaron a venir las partes más duras de Zanon estaban estas experiencias, donde muchos compañeros abrazaron la militancia obrera.

Había un compañero que íbamos a ver siempre para sumarlo, Juan Orellana. El decía que no quería saber nada con el sindicato y la interna, le dijimos que queríamos organizar los campeonatos de fútbol y poner en pie un club obrero ceramista que tenga biblioteca, organizar cosas de fútbol, dar clases de apoyo para los pibes. Y nos respondió que en esa sí se prendía, aunque terminó siendo parte de la comisión interna y uno de los activistas más reconocidos de la fábrica. Su ingreso no tuvo que ver tanto con lo sindical sino con lo ideológico, con lo político, con lo social. Desde ese punto de vista, abrir las redes en este camino de ir peleando por la organización en cada uno de los lugares, pero sabiendo que tenemos una pertenencia común, un horizonte común que es por la liberación de los trabajadores y todos los oprimidos, en última instancia contra el origen de todos nuestros males, el sistema capitalista.

La historia no comienza a escribirse cuando uno se mete en ella

Ahora no es necesario hacer un partido de fútbol para poder hablar. Hoy la izquierda trotskista se ha ganado un lugar. Zanon si no sirve como trinchera, si no sirve para hacer algo más profundo no tiene sentido. Lo más profundo de Zanon no es lo que se ha logrado: ni la ley de expropiación, ni la cooperativa, ni la gestión. Lo más destacado es una serie de cuadros obreros y revolucionarios con los cuales hemos avanzado en poner en pie un proyecto y aportar en un sindicalismo de base que hace el periódico Nuestra Lucha, donde tendemos a crear una corriente política nacional, esa es la discusión que tenemos hoy para crear un partido revolucionario de nuestra clase junto a obreros y estudiantes. Lo que quiero valorar y dejar como mensaje es eso. No hay lugar que nos esté negado en términos absolutos. En Zanon después de tres o cuatro años donde no se podía ni siquiera hablar, lo que me mantuvo en la fábrica fue la profunda confianza en nuestra clase.

Empezábamos a construir y nos echaban a la mitad. No fue un camino de rosas, nos fue curtiendo. Por eso es importante compararse con fenómenos históricos más grandes que uno. La historia no empieza cuando uno prende el televisor, ni comienza a escribirse cuando uno se mete en ella. Uno tiene que aprender de la tradición. Y si para algo queremos sentar una tradición no es para hacer sindicalismo y ganar en paritarias, o tener mejores fotocopiadoras, o ahora tener un legislador, sino para desarrollar una corriente a la altura de las circunstancias en la crisis por venir. Cristina dijo que era muy fácil ser revolucionario en Argentina. Que lo cuenten a Mariano Ferreyra, Kosteki y Santillán, a los más de 5000 compañeros procesados por luchar, a Oñate que está preso en Santa Cruz, a Olivera preso en provincia de Buenos Aires. No sé qué va a pasar mañana con Zanon, puede estar o no. Pero lo que sí sé es que hay compañeros y compañeras que abrazaron la causa de la revolución y que van a pelear por ella.

Desde ya que vamos a seguir peleando para que Zanon siga, recreándose y recreando tendencias. Pero han venido en nuestro auxilio los compañeros de Kraft que también están escribiendo historia, en PepsiCo, en el Astillero, pero también dentro de esta juventud revolucionaria que comienza a ponerse de pie. Un semillero fundamental. No hay partido revolucionario sin una juventud que se precie de ser revolucionaria. Estamos dando un paso pequeño pero muy importante. Pequeño en función del desafío histórico que tenemos por delante, pero estamos fundando esta corriente que tiene una tradición, que tiene historia, y que tiene pequeñas trincheras de lucha como Zanón que están a disposición para poder ir por más.

El 19 de noviembre vamos a abrir las puertas de la fábrica y recibir a las delegaciones, reservamos un camping, va a haber un proyector y un equipo de sonido, queremos hacer charlas, recorrer la fábrica. Queremos compartir con ustedes esta lucha contra el sistema capitalista, porque si hay una lucha que merece ser dada es la lucha por la revolución, por la liberación definitiva de este sistema de esclavitud. Para finalizar: Eduardo Galeano ha donado parte de sus textos con un encabezado de él, para que hagamos un libro de cerámicos, un libro que se llama “Ventanas”, que son textos de Galeano hechos en cerámicos para Zanon bajo gestión obrera, y yo quiero entregarlo al compañero Santiago, presidente del Centro de Filosofía y Letras.

Raul Godoy, Obrero de Zanon y dirigente nacional del PTS, recientemente electo diputado provincial por el Frente de Izquierda


Christian Castillo: "La importancia de la tradición revolucionaria"

Con Raúl somos parte de una generación común. Él tenía 22 años y yo 21 cuando fuimos parte de la tendencia y luego de la fracción que fue expulsada del MAS. Entonces era el partido más grande de la izquierda junto al Partido Comunista. Con centro en la juventud de la UBA, La Plata, donde vino con nosotros la mayoría del equipo del Astillero, y con algunos compañeros dirigentes y de más tradición como Emilio Albamonte, Titín Moreira y otros más; dimos una pelea en ese partido que estaba teniendo un curso cada vez más oportunista.

En un momento muy difícil retomamos la tarea de reorientar nuestra militancia, retomar el punto de vista del trotskismo que estaba abandonando la dirección del MAS. Después, llegamos a la conclusión de que no era simplemente la dirección en ese momento del MAS sino que la corriente de la cual proveníamos, el morenismo (la corriente fundada por Nahuel Moreno), estaba basada en una teoría incorrecta, una revisión oportunista de los planteos de Trotsky en lo que hace a la teoría de la revolución permanente. Entonces hicimos una crítica de nuestra propia experiencia histórica, en un momento difícil, porque lo tuvimos que hacer no cuando el movimiento obrero estaba en ascenso sino en uno de los momentos más difíciles de la historia del movimiento revolucionario. Porque los levantamientos de 1989 no concluyeron en una revolución política que barriera a la burocracia, que regenerara a los Estados obreros y abriera un curso hacia la revolución mundial. Fue al revés, un nuevo salto en la tuerca neoliberal. La situación era de retroceso brutal del movimiento obrero y de las ideas socialistas. El libro de Francis Fukuyama, El fin de la historia y el último hombre era un best seller mundial a comienzos de los ‘90. Ese era el espíritu de la época, donde se decía que las ideas por las que peleábamos se habían vuelto anacrónicas. Millones en el mundo se desencantaban de toda idea de lucha por el socialismo y la revolución. Miles y miles con los que habíamos compartido la militancia en el MAS abandonaban la política. Y la mayoría de los que quedaban militando renegaban de la tradición del trotskismo.

Nosotros fuimos, sin embargo, a reestudiar, a reelaborar, basándonos en gran parte en toda una generación que había sabido combatir contra el stalinismo. Tratamos de retomar el hilo de continuidad con la lucha del marxismo revolucionario, la de aquellos que habían vivido una época de reacción peor que la nuestra. La época que vive Trotsky en la década del ’30 es la de la contrarrevolución stalinista y la del ascenso del fascismo, donde los revolucionarios van a parar a las cárceles, se enfrentan al fascismo y a la policía secreta de Stalin. Donde se da la operación de un Estado y una burocracia para quebrar la voluntad de los revolucionarios, y sin embargo, un sector se mantiene y persiste, y trata de intervenir en los choques entre revolución y contrarrevolución que se dieron en esos años, como la guerra civil española.

El bolchevismo en la resistencia

Trotsky no era una personalidad aislada, sino la referencia mayor de todo un conjunto de luchadores comunistas que enfrentó la burocratización y al stalinismo. Uno de ellos fue el dirigente georgiano Kote Tsintsadze. En 1928 Tsintsadze le escribe a Trotsky, desde la cárcel de Stalin: “Muchos de nuestros camaradas y amigos se han visto obligados a terminar su existencia en la cárcel o en el exilio. Sin embargo, en última instancia, esto servirá para enriquecer la historia revolucionaria. Nuevas generaciones aprenderán la lección. La juventud bolchevique, aprendiendo las enseñanzas de la lucha de la oposición bolchevique contra el ala oportunista del partido, comprenderá dónde está la verdad”. Y Trotsky dice “Los partidos comunistas de Occidente todavía no han forjado combatientes de la talla de Tsintsadze. Esta es su gran debilidad. Y aunque la determinan razones históricas [porque habían participado de todo el proceso que lleva a la victoria de la revolución de octubre] no obstante es una debilidad. La oposición de izquierda de los países occidentales no es una excepción y debe tener plena conciencia de ello. El ejemplo de Tsintsadze puede y debe servir de enseñanza, y sobre todo para la juventud de la Oposición. Tsintsadze fue la viva negación del arribismo político, es decir de la tendencia a sacrificar los principios, ideas y objetivos de la causa a los fines personales. Eso de ninguna manera se contrapone con la sana ambición revolucionaria. No. La ambición política cumple un gran papel en la lucha. Pero revolucionario es aquel que subordina totalmente su ambición personal al gran ideal, aquel que se somete y forma parte de él. Durante toda su vida y en el momento de su muerte Tsintsad­ze repudió sin misericordia el coqueteo con las ideas y la actitud diletante hacia éstas por ventajas personales. Su ambición fue la inconmovible lealtad revolucionaria. Que sirva de lección para la juventud proletaria”. A nosotros, leer estas cuestiones nos inspiró para pelear en los ’90. Nuestro partido tuvo el mérito, frente al giro a la derecha, a la desmoralización y al oportunismo de la mayoría de la izquierda, de marcar un rumbo a seguir: retomar el programa del trotskismo y plantear una estrategia desde la cual luchar. En ese sentido, Zanon es en 2001 un punto de llegada. Me acuerdo de haber viajado a Neuquén en el ’95, en medio de la campaña por la libertad de Horacio Panario, y que Raúl me decía que en la fábrica “está difícil, la burocracia te controla, la patronal, los ritmos de trabajo son terribles”. En ese momento, a la vez que tratábamos de meternos en el movimiento obrero, dábamos una enorme pelea contra el sentido común, que era contra cualquier tipo de militancia política, contra cualquier futuro del marxismo. Florecían las teorías sobre el adiós al proletariado. Emprendimos una batalla teórica, política y práctica contra la corriente dominante.

Los ’90 fueron un salto brutal hacia el individualismo, que planteó que lo que hicieron los Kote Tsintsadze, la resistencia de Trotsky no tuvo sentido y la lucha de generaciones de revolucionarios debía quedar en el olvido. Me acuerdo de escribir una polémica con Tony Negri que decía que ‘150 años del movimiento obrero, hay que tirarlos, hay que dejarlos de lado’. Justamente lo que hay que comprender es que no, que la historia del movimiento obrero y socialista no empieza con nosotros. Haber comprendido eso nos permitió sentir que en esa lucha que dábamos a contracorriente, tratábamos de mantener viva la experiencia de las revoluciones de 1848, de la Comuna de París, de la Revolución Rusa, de la lucha por defender la herencia de la Revolución Rusa, incluso tratando de ver cuáles de todas las corrientes trotskistas con las que no concordábamos, sin embargo, habían hecho un aporte a la lucha revolucionaria. De esa forma fuimos armándonos una estrategia y una convicción profunda: si no lográbamos penetrar en el movimiento obrero, nuestras ideas no iban a poder hacerse fuerza material. Tomamos un planteo de Gramsci, que decía que la historia de un partido se mide por lo que ese partido le pueda aportar a la clase obrera. Sobre esa convicción fue que un compañero como Raúl, entró a Zanon y comenzó un trabajo clandestino y paciente en una época difícil. En ese aspecto el 2001 y Zanon es para nuestro partido una bisagra. Porque se trataba de poner a prueba parte de lo que habíamos elaborado y teorizado. Los compañeros que militaban en Zanon plantaron en la Coordinadora del Alto Valle la idea de que hay que avanzar en la coordinación obrera y preparar algo similar a los consejos obreros cuando había ascenso. Dijimos ‘hay que agrupar a todas las fracciones de la clase obrera y hacer un gran polo combativo de lucha para intervenir y ver si esto se generaliza a nivel nacional’. Raúl lo cuenta, pero le faltó decir que cuando dijimos que todas las tendencias de desocupados entren a Zanon nos miraban y decían ‘estos del PTS son unos ingenuos, meten 80 tipos de movimientos de desocupados que vienen a hablarles mal del PTS’. Y nosotros no lo hacíamos ingenuamente sino que pensábamos en qué podía esto aportar a la lucha de Zanon y de todos los trabajadores. Y era por dos cosas. Primero porque esencialmente los trabajadores en las fábricas están influidos en Neuquén por el MPN, entonces que vengan compañeros de izquierda ayuda a politizar. Y además va a ser una batalla para que se entienda que hay que unir a la clase obrera y se rompan los prejuicios respecto de los desocupados. Cuando en la sociedad ya empezaba la estigmatización de los piqueteros, cuando todo el clima llevaba a la masacre del Puente Pueyrredón alentado por el gobierno de Duhalde, nosotros decíamos ‘el Sindicato Ceramista va a dar la señal opuesta, los piqueteros son nuestros hermanos de clase y los primeros puestos de trabajo son para los compañeros’. Y además tenemos un desafío: si las ideas de ellos son mejores, ganarán la mayoría, si las nuestras son mejores, los convenceremos. Así, de todas las tendencias, prácticamente, se nutren las filas del PTS en Zanon. Creo que fue un método correcto, porque muestra que con nuestras ideas y si hay democracia proletaria, podemos convencer. Nos ayudó muchísimo a que avance la conciencia de los obreros de Zanon, en un momento donde el clima de 2001 era anti partidos políticos, era autonomista. Y el autonomismo fue, en gran medida, una expresión en la izquierda de la contrarrevolución neoliberal, de la exacerbación del individualismo. Nosotros, por el contrario, nos sentimos parte de un equipo de trabajo colectivo en donde nuestras individualidades son pequeños aportes que hacemos a un trabajo revolucionario común. Eso es parte de lo que tenemos que transmitir a muchos compañeros que hoy empiezan su militancia revolucionaria. Como personalidades, como generación, no nos tocó vivir en las circunstancias de un Kote Tsintsadze, que pasó por la cárcel del zarismo, vivió la revolución de 1905, el exilio, organizó luchas clandestinas, después la revolución del ’17, conoció las prisiones de Stalin y se mantuvo inquebrantable. Nos tocó un tiempo antiheroico, donde se quebró a mucha militancia pero no por las cárceles, sino simplemente con el consumo del neoliberalismo o, si se quiere, la perspectiva de que no iba a haber más revoluciones y el capitalismo iba a durar para siempre, mediante la desmoralización.

Si Trotsky decía que los partidos comunistas de Occidente no tenían un Kote Tsintsadze, nosotros tampoco los hemos tenido todavía. Pero las condiciones históricas que empezamos a vivir darán posiblemente Kote Tsintsadze. De algún modo, nosotros nos vemos jugando el rol de transmisión de experiencias revolucionarias, de continuidad del trotskismo, que es lo que nos permitió militar sin ceder a lo que cedió la mayoría de nuestra generación. Y esa resistencia a las ideas dominantes después dio moral a muchos compañeros para penetrar en el movimiento obrero. Si hablamos de 2001 también hablamos de un debate en el que sostuvimos que la falta de entrada del proletariado ocupado en la escena histórica, con la excepción de las fábricas ocupadas y de la fracción desocupada de la clase obrera, era una debilidad de ese proceso. Con todo lo progresivo que fue, el 2001 tenía enormes límites, no era la gran oportunidad de la izquierda como nos decían. No lo decíamos simplemente, tratábamos de cambiar los acontecimientos, de empujar el movimiento de fábricas ocupadas, para desde ahí aglutinar la lucha del conjunto de los explotados. Tuvimos una política para que la clase obrera tenga hegemonía, para que se articule, se organice y dirija esa lucha. No había prácticamente en ninguna fábrica delegados de izquierda y antiburocráticos. El Sindicato Ceramista era una excepción. El ataque capitalista de los ’90 había barrido con todos los izquierdistas en el proletariado industrial. Entonces fue débil lo que pudimos hacer. Porque para las grandes transformaciones históricas se precisan dos cuestiones. Una, la tendencia de las masas a levantarse, a cuestionar la explotación. La historia no la cambiamos solos. Es decir, en 2001 había una tendencia de sectores de la clase obrera a ocupar las fábricas, se ocuparon 200 fábricas. Pero si en esas luchas no hay a la vez una organización revolucionaria para orientarlas, esas luchas son contenidas, derrotadas o degradadas. De las 200 fábricas recuperadas en 2001, Zanon es una excepción. En el resto de las fábricas no había revolucionarios como Raúl y otros que peleaban contra la tendencia espontánea de los obreros a querer preservarse como cooperativa, a no ligarse a los desocupados, a no pelear por organizar al movimiento obrero a nivel nacional. O a pelear por ganar hegemonía en todos los sectores populares. Zanon fue Zanon porque había revolucionarios batallando adentro que entroncaron con la tendencia a la lucha del movimiento obrero y pudieron moldear una vanguardia luchadora. Una generación de obreros luchadores que son reconocidos como obreros clasistas.

Esa trinchera es un enorme incentivo para enfrentar la crisis capitalista. Piensen en Grecia, en España, en Francia, ese gran ejemplo de Argentina cómo se puede volver masivo. Hay una respuesta proletaria frente a los cierres capitalistas, que es ocupar y poner a producir. O si empieza a golpear la crisis acá, Zanon es el ejemplo de que si se cierran fábricas, vuelve la toma de fábricas.

Esa misma experiencia ayudó a que después, con convicciones, otros compañeros empiecen a intervenir en el desarrollo de luchas antiburocráticas. Que también es un proceso que en parte se da pero que, si no hay militancia consciente, se agota. Porque la burocracia te persigue, te delata contra las patronales o te compra. Eso nos permitió aumentar nuestra presencia en el movimiento obrero y tener un lugar muy destacado en el fenómeno del sindicalismo de base.

“Nueva izquierda” y revolución

¿Qué hemos visto de la izquierda mundial frente al retroceso? Buscar atajos, formas de querer trascender sin tratar de ganar a la vanguardia obrera. Eso ha sido multitud en la izquierda, o sino sectas estériles que no sirven para la lucha de clases, incapaces de penetrar en el proletariado, de ganar la confianza de los compañeros, y sin eso no hay posibilidad de ser revolucionario. Del otro lado gente que al primer vientito abandona todo principio… las “nuevas izquierdas” que surgieron y que hoy están en decadencia en todo el mundo. Los que se enamoraron del movimiento antiglobalización y del autonomismo y dijeron “no, para qué hay que hacer partido, si basta la espontaneidad de las masas” en 2001, y después muchos de ellos se hicieron kirchneristas en nuestro país: de autonomistas a kirchneristas.

Nosotros batallamos contra el autonomismo porque es un resabio del individualismo que trajo el neoliberalismo, un resultado de la derrota del proletariado, de querer ver que la tarea de cambiar el mundo, como es compleja y a veces hay derrotas, y a veces las revoluciones se burocratizan, entonces se pueden evitar las revoluciones, el abandono de toda reflexión de estrategia revolucionaria. Por eso es intentar un atajo. Es creer que no que es inevitable pelear por el poder del Estado, o que la lucha por el poder del Estado no requiere de un partido revolucionario. Pero ninguna revolución se hizo sin algún tipo de dirección a su frente. Depende de la estrategia, del programa, de la perspectiva de esa dirección, también, hacia dónde va a ir esa revolución; no porque esa dirección no se pueda volver lo contrario: lo vimos en el partido más revolucionario de la historia, el Partido Bolchevique, que se burocratizó. Pero una minoría resistió y nos permite a nosotros hoy ser trotskistas. Sin la lucha de Trotsky, de Kote Tsintsadze ¿qué quedaría de marxismo? ¡Nada! El marxismo hoy existe como alternativa porque hubo trotskismo… sino ¿qué sería? ¿Stalin, el Gulag? Reivindicarnos de la tradición del trotskismo significa mantener viva esa lucha histórica del movimiento obrero por su emancipación.

Un destacamento avanzado de la clase obrera

Zanon fue una prueba importante. Tratamos de que sea una lección para el conjunto del movimiento obrero, no por la gestión de la fábrica sino por ser un sector consciente del movimiento obrero, que no es corporativo, que trata de darle una orientación para darle unidad a la clase obrera, para que logre hegemonía sobre los sectores explotados y porque los obreros se organicen políticamente y avancen hacia construir su propio partido. Nosotros lo leemos desde ahí a Zanon, por la fábrica viva como ejemplo y por la experiencia de lucha que hemos desarrollado los trotskistas junto a otros compañeros y que nos permite llegar hoy a otro escenario.

Acá hay compañeros que entraron a militar al partido, a la juventud, en distintos momentos; algunos entraron en la gran lucha de Kraft, algunos se están acercando hoy a nuestras ideas, pero quizás ahora estamos entrando en un nuevo tiempo bisagra. Hoy tenemos una crisis capitalista internacional de magnitud histórica, donde el capital está mal pero hay una brutal pulseada con el movimiento obrero en todo el mundo, que se juega en las calles de Atenas, de Roma, de Madrid, de Barcelona, de Londres, de Santiago de Chile y también acá, aunque todavía prima la pasividad en las masas de nuestro país.

Tenemos que ser conscientes de que estamos en esta pelea, como un destacamento avanzado de la clase obrera, que tiene una estrategia y que sabe que si no se avanza en cada momento para tratar de construir una organización revolucionaria, en los momentos claves nos van a pasar por arriba. Quizás ustedes estén en un momento más privilegiado que el nuestro, porque veremos luchas de mayor envergadura. Privilegiado desde el punto de vista revolucionario significa un escenario de confrontaciones más agudas, posiblemente ir más en cana, tener compañeros que caigan, bancarse cosas más duras, ¡esa es la militancia revolucionaria! Es enfrentar al enemigo de clase basándonos en quienes nos precedieron; esa es nuestra tradición. Ustedes quizás vayan a protagonizar parte de esa lucha. Y triunfaremos o seremos derrotados, pero nos preparamos para tratar de triunfar, no sólo en una huelga particular, sino para que la nueva embestida de la clase obrera argentina, pueda esta vez expropiar a nuestros expropiadores, consumar la venganza histórica frente a las patronales genocidas del ‘76.

Avanzar en construir una gran fuerza militante

Hay que ser conscientes de que estamos en una pulseada grande. Si ahora no avanzamos en construir una fuerte base militante, partiendo de que tenemos muchas ventajas respecto del momento anterior, estamos desaprovechando una oportunidad importante. Tenemos gente que nos respeta mucho más, dispuesta a escucharnos, logramos una gran legitimidad y una enorme visibilidad política. Pero eso que conseguimos participando en las elecciones no es para esperar dos años, a ver si vamos a tener un diputado, es para ahora utilizar ese capital político para hablar con quienes nos votaron y decirles: “tenés que militar ahora, porque ahora se juega una grande a nivel internacional, se juega una pulseada grande entre la burguesía y el movimiento de masas”.

Como trotskistas, en uno de los países de relevancia del trotskismo, tenemos una responsabilidad y nosotros nos medimos así, como militantes revolucionarios internacionalistas que tenemos que ayudar a forjar una tradición en la lucha de clases, con el combate teórico, ideológico, político, remarcando que nos sentimos parte de una tradición revolucionaria, para tratar modestamente, de darle continuidad a la lucha que dieron los Kote Tsintsadze, los Trotsky, los Rakovski, defendiéndose y combatiendo valientemente en las cárceles del stalinismo, los que cuando los iban a fusilar cantaban la Internacional en los campos de concentración de Vorkuta y Verkhneuralsk.

Nosotros tenemos la obligación de transmitirles esa perspectiva histórica. No podemos terminar más que invitándolos a sumarse a ese equipo revolucionario de lucha. Como decía Marx, el capital todo lo pervierte, aun las cosas más bellas. Entonces la lucha es contra este sistema, por subvertirlo, por tratar de entroncar con las masas cuando se levantan en la lucha.

No es como dice la ideología burguesa, que no se puede cambiar el mundo porque somos todos egoístas. Como decían los esclavistas ¿cómo van a ser todos libres? O en el feudalismo, ¿cómo no va a haber señores y siervos si Dios creó el mundo así? Y en el capitalismo nos dicen lo mismo ¿cómo vas a cambiar la sociedad? “No, pero si cambian va a haber una de problemas”. Yo me imaginaba en la revolución francesa, a los que así pensaban diciendo “terminar con la aristocracia, no, va a traer una de problemas”... Sí, efectivamente, la revolución trae problemas, pero son problemas con los que queremos lidiar, problemas distintos de esta sociedad que busca reproducirse a sí misma y crear la idea de que no podemos jugar un papel para transformar esta sociedad y abrir el camino hacia otra civilización.

Porque la contra ya la sabemos. El capitalismo puede sobrevivir o aun venir una sociedad más esclavista de lo que es el capitalismo actual. De la crisis del ‘30 se salió con la II guerra mundial, el nazismo, el genocidio de seis millones de personas y numerosos crímenes de guerra también cometidos por los Aliados. No sé como el capital va a responder a esto. Todavía no hemos visto grupos fascistas pero la crisis capitalista lleva a que haya fachos y a que del otro lado haya revolución. Y para eso es mejor si estamos preparados, con militancia, con la mayor fuerza militante.

Hay centenares de jóvenes, que de algún modo están inquietos con esta sociedad, que se inclinan hacia la izquierda, que han votado al Frente de Izquierda y eso es un primer paso. Con esos jóvenes tenemos que salir a hablar y sumarlos a esta perspectiva por terminar con la explotación capitalista, construyendo un partido y una juventud revolucionarios.





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