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Pan y Rosas

Viernes 26 de agosto de 2005

¡Anticonceptivos gratuitos para no abortar, aborto legal para no morir! ¡Legalización del aborto ya!

Fuente: Colaboración del Colectivo Género y Lucha de Clases


¿PARIR, ES EL ROL FUNDAMENTAL DE LA MUJER EN UNA SOCIEDAD DE DOMINACIÓN?

La sociedad de dominación en la que vivimos ha generado una serie roles y comportamientos bajo los cuales las mujeres nos llevamos la peor parte. El sistema de valores que se nos ha impuesto, utiliza nuestros cuerpos y nuestras consciencias en función de mantener la dominación patriarcal y de clase. Uno de los casos más emblemáticos de este sistema de valores es el aborto, donde el Estado, la Iglesia y las clases dominantes pretenden controlar nuestra maternidad para reproducir en masa hijas e hijos, tratando de naturalizar la premisa de que el único aspecto en el que una mujer puede encontrar realización es pariendo. Ahora bien, no conforme con esto las mujeres sufrimos el triple, pues en una sociedad profundamente hipócrita, que condena moral y penalmente el aborto, la mujer o adolescente embarazada es despedida de su trabajo, expulsada de su liceos o botada de su casa por ejercer ese rol social que le han impuesto el Estado, la Iglesia y las clases dominantes, quedando así excluida del sistema económico y social. La mujer es ubicada de este modo, al margen del sistema, es una marginal, sobre todo las mujeres pobres y trabajadoras, que generalmente no cuentan sino con su fuerza de trabajo para subsistir.

¿POR QUÉ ES NECESARIO PARA EL ESTADO PENALIZAR EL ABORTO?

En los distintos estadios de la historia, las castas o clases que llevan la égida socio-económica han tenido la necesidad de controlar, por una parte, toda la superestructura ideológica, las instituciones y la construcción simbólica de la época y, por la otra, a la mujer en la reproducción de la especie. En el sistema de dominación capitalista, la reproducción en masa de la especie humana aumenta la oferta de fuerza de trabajo, pudiendo así, los sectores dominantes, abaratar al extremo los costos por salarios, colocando a mujeres y hombres en condiciones de mendicidad y de explotación inhumana. Hoy, por ejemplo, vemos cómo el desarrollo del capital y su política reproductiva ha logrado una fórmula maravillosa: la “maquila”, en la cual ha podido obtener excelentes ganancias a partir del la hiperexplotación y muerte de cientos de niñas, niños, mujeres y hombres. Por ello pretende apresar a la mujer que proviene de las clases oprimidas y explotadas, y que no tiene dinero para pagar un aborto terapéutico. Por ello también es necesario dar castigos ejemplarizantes a las mujeres que evitan parir esclavos que les sean funcionales.

L@S LLAMAMOS A DISCUTIR EL TEMA

El aborto no es una discusión que sólo les competa a las mujeres (puesto que no es sólo nuestra responsabilidad el embarazarnos), ni tampoco sólo a la Iglesia o al Estado cuyo interés ha sido mantener el sistema de dominio. A nosotras y nosotros, quienes hemos sido víctimas del sistema de explotación y de dominio, nos compete exponer y abrir la discusión sobre las razones por las cuales día a día mueren mujeres producto de prácticas inseguras para abortar por no tener los recursos con los cuales pagar un aborto terapéutico. A nosotras y nosotros corresponde también exigir explicaciones al Estado, la Iglesia y las clases dominantes de por qué existe un subregistro diario de 262 abortos sólo en la Maternidad Concepción Palacios (Caracas-Venezuela). La discusión sobre el aborto debe asumirse como un problema de salud pública.

¿Y EL DERECHO A LA VIDA?

El derecho inalienable a la vida ha sido el único argumento esgrimido por el Estado y la Iglesia para oponerse al aborto. El problema de este argumento radica en que no existe acuerdo alguno ni en la ciencia, ni entre las distintas religiones y creencias, en el “origen” de la vida ¿Desde cuándo podemos decir que comienza una vida humana? Al parecer, se trata de una discusión filosófica, ideológica y de fe, que será asumida de distintos modos dependiendo de cuál haya de ser el punto de vista, la creencia o la religión desde donde se aborde. Y el problema no sólo se queda allí; habrá que incorporar también cuál es el tipo de vida al que nos referimos que, en nuestro caso, tendrá que llevar el adjetivo de digna. ¿Cuál es, entonces, la vida que tanto defienden tanto la Iglesia como el Estado?, ¿cuál es la vida que debe multiplicarse?: ¿la del niño de la calle? ¿la del niño amarrado de una cama porque su madre tiene que salir a trabajar? ¿la de los niños quemados dentro de su casa porque su madre tuvo que dejarlos encerrados para salir a trabajar y lograr el sustento mínimo para sobrevivir? ¿la de los niños que, por falta de una calidad de vida digna para las clases pobres y trabajadoras, están condenados a vivir en condiciones de desnutrición? ¿O nos referimos a la vida de los niños nacidos y abandonados en el INAM para que sean violados una y otra vez? Cuando la religión católica y otras religiones monoteístas dejen de promover un Dios castigador capaz de matar a quienes no le sean fieles; cuando la Iglesia deje de reivindicar la fórmula inquisitoria para condenar seres humanos; cuando la Iglesia deje de dar apoyo a las dictaduras que se han dado en el mundo y se retracte por ello; cuando la Iglesia se pronuncie y luche en contra de la guerra que se desata actualmente en Irak; cuando la Iglesia se pronuncie también en contra de los países y naciones que aplican la pena de muerte como alternativa represiva; cuando todo ello ocurra, podremos sentarnos a discutir con la Iglesia sobre el derecho a la vida. Cuando el Estado garantice en cada rincón del país una educación sexual real para todas las mujeres; cuando todas la mujeres podamos contar con reales y accesibles alternativas para prevenir un embarazo no deseado (hablemos de anticonceptivos gratuitos); cuando no sean sólo las mujeres las que tengan que asumir la maternidad y paternidad de hijas e hijos (recordemos que en nuestro país, así como en tantos otros, la mayoría de las mujeres tienen que asumir solas el sostén familiar); cuando el Estado y el Capital procuren condiciones óptimas de trabajo que permitan a la mujer trabajadora brindar a su descendencia una buena calidad de vida, en la que pueda al menos contar con un postnatal, con servicios de guardería y demás cuidados mínimos que garanticen medianamente el desarrollo emocional, psicológico, intelectual y físico de niñas y niños para asumir con buenas herramientas la vida a la que han sido arrojados sin pedirlo; cuando a las mujeres nos dejen de excluir del mercado laboral, de las instituciones educativas y del hogar por ser madres; cuando Estado y sectores del capital garanticen salud, educación, alimentación, vestido y techo a todas y todos las niñas y los niños abandonad@s; entonces podremos sentarnos a discutir con el Estado sobre el derecho a la vida. Pero como ni la Iglesia, ni el Estado, ni los sectores del capital pueden garantizar nada de esto, exigimos la legalización del aborto y no sólo su despenalización, para darle atención a la mujer que tenga que asumir la nada fácil decisión de abortar.

¡ANTICONCEPTIVOS GARTUITOS PARA NO ABORTAR Y ABORTO LEGAL PARA NO MORIR!

¡LEGALIZACIÓN DEL ABORTO YA!





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